Antes de cumplir años…

23 02 2011

Hay momentos en los que crees que todo se detiene, que el mundo deja de girar y sólo existe eso que estás viviendo, que estás sintiendo. Pero, en realidad, es todo un engaño mental que uno se permite de vez en cuando para fijar en la memoria emocional esos instantes vitales, más o menos maravillosos, más o menos únicos. El tiempo nunca se detiene, siempre acecha detrás, alertándote constantemente de que sigue adelante, de que nunca recuperarás cada segundo que vivas. Así, el propio curso del tiempo podría verse, en sí, como una lección, o la lección fundamental de la vida: vive, ahora, en este instante, mientras lees estas palabras, mientras piensas en esta idea… ¡Vive! El tiempo nunca te va a esperar, así que aprovecha el que tienes, el que define tu existencia en tu mente, en las de los que te rodean…

Pues uno de esos momentos en los que tiendo a creer que el tiempo se para es, valga la redundancia, justo cuando voy a cumplir años… como hoy, que estoy a unas horas de una edad peligrosamente cercana a la treintena… ¡Vaya! “Ahora imagino mejor lo que debió sentir Scottie en las escaleras de aquel campanario…” Lo curioso es que no me siento especialmente viejo, y realmente no lo soy, aunque ciertos barbudos se empeñen en convencerme de ello; pero sí que voy notando, por momentos, el peso de la madurez “in crescendo”. Las cosas que me ocurren, los sentimientos hacia los demás, la añoranza del hogar familiar, las vivo cada vez con mayor intensidad, valorando lo que tengo, lo que podría tener, y lo que echo de menos tener.

Puede que toda esta reflexión suene a una tendencia imparable a la conversión en adulto, pero insisto, el tiempo continúa, y sobre todo moldea mucho y de manera muy definitiva; nos demos cuenta o no. Mis pensamientos, mis ideas sobre la edad que me toca, sobre los pasos hacia delante, tiran ahora por estos lares. Y no hay que sentir tensión ni agobio por admitirlo; la tensión hay que vivirla desde fuera, “como cuando sigues cada fondu, cada jeté, pas, de esa enorme Natalie Portman y su visceral y enfermiza búsqueda de su particular cisne negro…”

En definitiva, en breve alcanzaré los 27, y el mobiliario mental no parece necesitar mucha reforma. Puede que me sienta más adulto, pero la intensidad de lo que estoy viviendo; las ganas con las que realizo cada acción en el otro, y sobre mí los demás; el conocimiento del cariño y del esfuerzo social que percibo y concedo; hacen que cumplir años valga mucho más que la pena.

La vida no es perfecta, pero el mero intento por definirla, por conocerla; es razón suficiente para agarrarse a ella, y vivir cada uno de los segundos concedidos por la existencia. Quiero cumplir mis 27 mañana, y mis 28 en 366 días, y todos los demás que haya de cumplir. Quiero saber qué se esconde detrás de las horas por llegar, de la mano de los que me soportan porque me quieren; que tolero porque adoro.

Una nueva vida verá la luz del día mucho antes de alcanzar mis 28; una pequeña vida que transformará la mía para siempre. Esa nueva personita (o personito) no sabe aún lo que es el tiempo, aunque contemos las semanas que lleva existiendo. Pero habremos de enseñárselo, y qué placer, qué responsabilidad; qué honor poder acercar el valor de las horas a quien, sin aún haber visto el mundo, ya se ha adueñado de mi corazón…

…justo antes de publicar, recibo una felicitación de la luz de la luna… mis ojos se empañan, pero insisto en escribir y agradecer a la vida palabras tan hermosas, a pesar de las injusticias que a veces esa luz lunar tiene que soportar de otros haces y rayos malignos… Creo que cumplir años es maravilloso; ahora sí estoy convencido xD

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Naciste un día cualquiera

23 02 2010

Esta semana es mi cumpleaños y, como le pasa a todo ser viviente, pues se torna especial, y recuerdas años anteriores; repasas los doce meses en los que has tenido la edad que acabas de dejar; lo celebras con quien quieres, y como puedes, por supuesto… Pero, en realidad, y sin querer restarle importancia… el día de mi cumpleaños es un día más. Además, cuando cae entre semana, se hace todavía más rutinario si cabe…

Realmente, la gente que te rodea y la circunstancia puntual que tengas el propio día de tu aniversario; todo eso, en conjunto, es lo que hace de esa fecha algo especial, aparte de que ese día empezaste a existir, lo cual es bastante tremendo como reflexión. Justo antes de uno nacer, todas las horas, días, meses… anteriores al nacimiento, se llenaban con la vida de personas de todas partes con sus emociones, inquietudes y demás; y uno ni siquiera era una mísera hebra de DNA.

La historia nos acerca algo más a todo lo anterior a la propia existencia, pero siempre queda un abismo de realidad desconocido, en el cual no tenemos cabida. Pero no sólo ocurre con lo anterior: el presente de cada uno es parte de los millones de presentes de todos los humanos existentes. Por tanto, ¿qué tiene de especial que haga veintitantos años que mi vida dio comienzo? Pues absolutamente nada.

Pero la mente, las neuronas, no son colectivas; son intrapersonales, propias, privadas y, lo mejor de todo: únicas. Y más que cualquier otra cosa, somos lo que somos porque esas neuronas existen y nos brindan la realidad, la experiencia, las emociones, la sensibilidad… la vida. No es que sea esclavo de mi cerebro; es que soy mi cerebro.

Por mucha reflexión, más o menos objetiva, que uno intente hacer, siempre se topa con su percepción, con su tacto, su vista, su oído; con su memoria, con su capacidad comprensiva e intuitiva; con sus temores, sus rincones de tranquilidad y felicidad. Y nos agarramos con fidelidad ciega porque todo ese conjunto de posibilidades vitales conforman lo más real y consciente que tenemos cada segundo de la vida.

Hoy sólo recuerdo que hace un tiempo empecé a vivir, a ser, a estar entre todos, y con algunos. Mi aniversario es un día más para la existencia colectiva, y el día inolvidable de cada año para mí.





Retomando

25 02 2009

Han pasado unos días en los que han cambiado algunas cosillas, así que para retomar este blog voy a contar un poco sobre ello.

Lo primero es que ya me he mudado de piso. Creo que es la primera vez que vivo en un piso exterior, exceptuando mi casa de toda la vida, claro. Tiene muchísima luz, tanto mi habitación como el resto. No es tremendamente grande, pero tampoco pequeño, así que es muy disfrutable. Mis nuevas compañeras parecen majas, y espero que me lo sigan pareciendo.

Luego, durante las primeras 24 horas de vida en este nuevo hogar, alcancé los 25 años. Pues un cuarto de siglo, nada más y nada menos. En realidad es un día como otro cualquiera, pero la gente que te llama, que te manda sms, que te deja mensajes en el tuenti… pues lo hacen especial. No comí tarta, pero sí almorcé fuera y me tomé unas cervezas por la noche. Bueno, para haber caído en lunes, no está mal…

Además, el mismo día de mi cumple, mientras almorzaba con una de esas “personas de toda la vida”, me llamaron para empezar a tramitar, ¡por fin!, el contrato para incorporarme al laboratorio. La verdad es que estaba ya un poco nervioso, sobre todo teniendo en cuenta la presión añadida de la dichosa crisis que estamos viviendo.

Y bueno, como creo es evidente, vuelvo a tener Internet. La verdad es que he tenido que ir un par de veces al locutorio más cercano a conectarme para ver los emails y tal… ¡Sí que se me ha hecho necesario este medio!

Aunque no va en la línea de lo que estoy contando, un día de estos en los que no he tenido Internet fui a ver The Reader, de Stephen Daldry, y me encantaría que la viérais todos y cada uno. Es una película fabulosa, con una enorme Kate Winslet y un siempre eficaz Ralph Fiennes; y un director y guionista virtuosos, aunque no tanto como en The Hours, todo hay que decirlo.

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