No quedan días de verano

22 08 2010

Soy completamente consciente del largo tiempo que mi cerebro ha estado apartado de esta ventana virtual de su existencia. Como siempre, lo importante es retomar en algún momento, y aquí estoy, varias semanas desde que comenzaron mis vacaciones; y un par desde que acabaron y volví a la realidad laboral y urbana de la capital.

¿Cómo se pueden resumir tantos días, tantas semanas? La tarea es complicada, y es por ello que desecho la posibilidad de llevarla a cabo. Más fácil que eso, y más cercano a la realidad reciente de mis neuronas, es la narración de mi sensación actual sobre lo vivido; así, sólo saldrán a la luz los hechos importantes, los más divertidos, conmovedores o impactantes de este verano cuyo final voy intuyendo.

La vuelta a casa siempre comienza con una sensación de recarga. Ya me acerco a los dos años en el laboratorio, y la necesidad de vacaciones, de desconexión de la responsabilidad; la he experimentado mucho más que el primer verano laboral. Y así, dicha necesidad irá incrementándose a lo largo de los años, aunque también cambiarán más cosas; así que dejemos de predecir futuros que aún no existen.

Este año, era para mí especialmente importante volver a casa en vacaciones. En primer lugar, quería estar con mi padre, verlo, hablar con él… Creo que es la primera vez en mi vida que mi padre necesitaba desahogarse de verdad. Le ha venido un poco grande toda esta historia de la vista, sobre todo porque hace mucho ya que ha dejado de hacer lo que más le gusta en este mundo: leer. Espero haber sido capaz, en las dos semanas que estuve, de transmitirle paciencia y tranquilidad, y la seguridad de que, como ya sabe, no está solo en esto, como no lo estará nunca, bajo ninguna circunstancia.

Ay cómo añoraba las tardes de playa con mi hermana. Este año, me he percatado de que tanto ella como yo hablamos por los cuatro, ocho o dieciséis costados. Bueno, hubo una vuelta de un viaje a cierto festival, donde ya quedé avisado de lo “persiana humana” que puedo llegar a ser. Pero tampoco pasa nada ¿no? Hablar es gratis, y con mi hermana más bien es un incentivo vital que ambos necesitábamos.

En cuanto a mis amigos de toda la vida, pues han sido unos días geniales, como viene siendo habitual desde hace unos años. Además, ha estado el incentivo que supone para todos la inminente boda de una estrella en la Tierra como es mi Cathy y su Raúl de su alma, que con los años se ha convertido también en un amigo muy querido. Creo que nunca vamos a olvidar ese día, del cual quedan un par de semanas, porque es que personas como Cathy hay muy pocas en este mundo, la verdad.

A alguien que también esperaba ver con ansia es a Nacho, básicamente mi mejor amigo, una de las personas que mejor me conoce, y que mejor conozco. Este año ha sido duro para él, con las malditas oposiciones, y merecía un descanso como nunca. Si yo creyese en los talismanes, Nacho sería uno de los míos; no concibo la vida sin él, por muy empalagoso que suene. Espero poder ir a visitarle en su estancia como profesor en Francia, y darnos nuestras excursiones, como cuando estuvo en Tours de Erasmus. ¡Qué recuerdos!

Gracias a la presencia de unos viejos amigos con los que había perdido bastante el contacto, estas vacaciones han tenido un cierto carácter “revival”. El creador del mote que me ha perseguido y caracterizado desde entonces bajó de vacaciones desde la ciudad de Séneca, y pasamos unos días de fiesta y playa muy buenos, poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas. Además, también retomé contacto con otros amigos comunes al cordobés, y he disfrutado mucho de ellos, sin esperarlo lo más mínimo. Todos hemos cambiado mucho, pero sabemos volver a lugares comunes para reconocernos y que el pasado se convierta en historietas divertidas para contar justo antes de dirigirnos a la caseta de la feria.

Y esos días llegaron a su fin. Recargué pilas, mis neuronas me agradecieron el descanso de papers, electroforesis, reals times y un largo etcétera; y quedé como nuevo para retomar la rutina laboral. Lo mejor de todo es que no la retomé enseguida, ya que este año, como novedad, pasé unos días por mi cuenta, hecho que espero se convierta en una costumbre de ahora en adelante. El lugar elegido fue Lanzarote, y no pude disfrutar más esos días. Vaya lugar más maravilloso, tan distinto a todo lo que haya visto, con esa paleta de colores arcillosos y magmáticos. Y la gente que me acogió no pudo ser más genial; disfruté cada minuto allí gracias a todos ellos.

Además, ocurrió una casualidad perfecta, y es que una pareja muy festivalera que conozco de Madrid, y que tengo la suerte de disfrutar en mi vida madrileña actual; se fueron también a la isla unos días. Casi todo lo que hice lo hice con ellos también, y todo fue mucho más divertido, y más disfrutable. Espero tener casualidades tan estupendas en el futuro, porque es que planeado no hubiese salido mejor.

Y ya está, el verano fuera de la capital finalizó para mí. Aún me queda una semana que pasaré con mi padre en el norte de la península, pero eso será ya en Septiembre, así que son vacaciones de otro tipo, aunque disfrutables como las que más.

En estas dos semanas, aparte de retomar el trabajo y empezar a ver a mis chicos y chicas del curro, que añoraba como ahora añoro a los del hogar, he pensado mucho en mis amigos y en la relación que tengo con ellos. Hasta este verano, mi implicación personal creo que ha sido un poco excesiva, ya que una de las sensaciones que tuve cuando llegué a mi casa era como una especie de cansancio emocional. Me doy cuenta de que me preocupo demasiado por el estado anímico y personal de los demás, y me olvido en demasía del mío propio.

Para que ese agotamiento interior no vuelva a repetirse el verano que viene, me lo voy a tomar todo con más calma, dejando a cada uno con mucho más espacio, y crear universos comunes con más oxígeno que respirar. Además, como en breve voy a empezar el máster de doctorado, me viene que ni pintada esta nueva actitud que voy a adquirir.

Otra decisión que he tomado es que he de redirigir mejor mi tiempo hacia mis amigos. Algo que noté justo antes de irme a mi pueblo, y que me entristeció un poco, fue que hay personas a las que les dedico mucho más tiempo del necesario; mientras que a otras, que muy probablemente me han necesitado incluso más, apenas les he concedido poco tiempo en común. Estaré más atento para observar y sentir con quien he de estar, aunque seguro vuelvo a cometer errores, conociéndome…

Muchas decisiones, muchas reflexiones… y muchas ganas de seguir con mi vida aquí, con mis escapadas de vez en cuando, con los que quiero y con las experiencias que me esperan. Sigo sintiéndome afortunado de mi propia humanidad, y del tipo de vida que estoy viviendo.

Y sigo con neuronas ansiosas de expresar sus ideas, incertidumbres y opiniones… pero dejaremos la fecha abierta para el siguiente capítulo…

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¿Y quién es bueno?

3 09 2008

Llevo todo el verano sin ir al cine, ya que es en esta estación cuando menos tiempo tengo para ir y peores películas suele haber para ver. Hoy he decidido ir, en esta ocasión solo, puesto que un muy reducido número de personas de mi entorno acepta ver películas en versión original, y yo esta película la quería ver con su sonido virgen. Estoy hablando de la ya taquillazo del año “El Caballero Oscuro”, de Christopher Nolan, una película muy esperada por gran parte del público debido a la repentina muerte de uno de sus actores, el australiano Heath Ledger.

Independientemente de todo el circo mediático montado alrededor de esta película, he de decir que me ha fascinado verla. Considero esta peli una mezcla eficaz de cine comercial y sello de autor. Aunque me gusta mucho el cine, y voy muy a menudo, no me dispongo a hacer una crítica de la nueva aventura de Batman, ya que hay muchos críticos, blogueros y cinéfilos que se dedican a ello, algunos de una manera brillante.

Para mí, hay dos cosas que tienen que ocurrir cuando ves una película: que te produzca sensaciones reales, aunque sean motivadas por una ficción; y que te permita reflexionar sobre algo. La reflexión que me ha estado dando vueltas en la cabeza desde que salí de la sala hasta este instante está relacionada con la moral y la ética.

Las películas clásicas del tipo western, o cine negro, y algún que otro género más, mostraban siempre, sea como fuere el guión y el argumento, una disyuntiva muy clara y separada: lo bueno y lo malo; los buenos y los malos. Esta diferenciación tan clara provocaba una empatía instantánea con los buenos y un absoluto rechazo por los malos; al menos, eso nos hicieron creer.

Hoy día, vemos que en el cine esta disyuntiva cada vez se hace más efímera, dejando paso a la grandiosas escalas de grises, dentro de la cual estamos todos. Así, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. De hecho, a veces es casi imposible determinar si hay roles de este tipo.

Todo este cambio de argumentos y de formas de construir personajes y situaciones argumentales consiguen romper con lo “políticamente correcto”, dejando paso a opciones de ética y moral muy diferentes, y por tanto interesantes. Así, en “El Caballero Oscuro”, Batman no es tan bueno como sería un héroe tradicional; Joker, más que un malo, es un enfermo, un ser humano hundido en sus traumas; y así, algunos personajes más.

Y yo me pregunto: ¿cómo nos podemos situar nosotros, las personas reales, dentro de la ética y la moral establecida? Pues no podemos, ya que nuestra libertad nos lo impide. Otra cosa es que juguemos a situarnos con claridad, a adquirir roles sociales con el fin de recibir infinidad de palmaditas en la espalda por ser tan justos, tan comprensivos… ¡tan buenos!

Me ha pasado que mucha gente se ha extrañado cuando, al decir de alguien que “es bueno”, yo haya respondido “¿y quién es bueno?, ¿y quién malo?”. Afortunadamente, estas circunstancias han dado lugar, en la mayoría de los casos, a discusiones muy interesantes, y no a aplicaciones de la moral y la ética aprendida…