Desahogo

7 02 2011

Esta semana liquidaré una de mis cuentas pendientes, ya que terminaré los odiosos exámenes del máster de doctorado que he tenido que hacer, con vistas a poder leer la tesis algún día. La transición al plan Bolonia no me pilló durante la carrera, pero sí lo ha hecho en cuanto a los cursos de doctorado, los cuales han desaparecido por siempre jamás y se han convertido en un señor máster.

Uno de los talones de Aquiles de formar parte de la transición es que todos los demás que te rodean, tu jefe incluido, no han vivido esa transición; y comienzan contigo dicha adaptación. Yo tengo la gran y enorme suerte de contar con un jefe que, por edad, trayectoria y forma de ser, a pesar de que detesta que tenga que hacer estos estudios para poder aspirar a completar mi proyecto en el laboratorio; comprende a la perfección que tengo que hacerlo e intenta no añadir presión a la ya situación forzada de venir la mitad del tiempo al laboratorio.

Menos mal que he tenido dos compañeras maravillosas con las que he compartido este “infierno”, como llamamos a estos cuatro meses en los que hemos tenido que continuar, con mucho esfuerzo y la mejor organización posible, nuestros trabajos en el laboratorio, a la vez que íbamos a clase, hacíamos mil trabajos y, ya por último, estudiábamos los exámenes que ahora estamos haciendo.

Sorprendentemente, a dos días de los dos exámenes más difíciles, que están seguidos en fechas por cierto, no me siento especialmente estresado. No sé si es que estoy más positivo de lo habitual, pero siento que controlo más o menos todo lo que está pendiente, lo cual es mucho. Sé que me espera un invierno-primavera en el labo con la soga deseosa de alcanzar mi cuello, pero estoy tranquilo, y así voy a intentar seguir estando…

En esencia, he aprendido dos cosas de esta experiencia trabajo-máster: una de ellas es que el nivel de organización y planificación siempre puede mejorarse, ya que hace seis meses me daba horror pensar en todo lo que me esperaba en esta época. El primer mes fue muy estresante, lágrimas incluidas, pero con el apoyo de amigos que desmerezco, recuperé fuerzas y continué mi camino.

En segundo lugar, estos meses me han desenmascarado a las personas que no valen la pena, y me han destacado a las que sí lo valen. Mis amigos de Madrid son, hoy, mucho más amigos que antes, ya que han demostrado una paciencia infinita conmigo y el poco tiempo que les he dedicado estos meses. Siempre os agradeceré que hayáis estado ahí, día a día, para darme fuerzas cuando he estado hasta las narices de todo y más allá; cuando he echado de menos estar en casa, con mis pilares vitales; cuando he tenido que decepcionarme por personas que me han mentido durante mucho tiempo.

A todos vosotros, y a mis amigos de toda la vida, gracias hasta el infinito, y os anuncio que vuelvo a ser más libre, ¡por fin!. Y a mis compis, con las que creé el grupo “RAMAJE s.l.”· (jeje), gracias por compartir las clases, los trabajos, los agobios, las risas y las lágrimas. Ha sido una pesadez eterna, pero con vosotras todo ha fluido infinitamente mejor.

Creo que ya está bien por hoy de dedicar tiempo a mis neuronas estudiosas y más que trabajadoras. Volvamos al tiempo presente…

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Reconciliándome con mi cerebro

24 10 2010

Querida masa de neuronas del piso de arriba:

Sé que te tengo no olvidada, ni abandonada… más bien, lo siguiente. Pero tienes que entender que, si en ocasiones te he informado de cuán ocupada ha estado mi vida, ahora esa ocupación roza máximos insospechados. De hecho, por casa palabra que te dedico, siento en mi interior el peso de todos los segundos… ¡que estoy perdiendo! ¿Puedes creerme?

Además, tampoco me has ayudado mucho tú últimamente. Seguramente, la falta de inexperiencia ha sido determinante en este caso. Esa sensación y constante pensamiento, cuando estoy trabajando, de que no voy a terminar lo que estoy haciendo, y que mi planning de trabajo nunca va a ser completado, es de total actualidad en mi cabecita de chorlito. Porque claro, en breve, cada día, he de irme a clase del Máster, así que no puede ser de otra manera…

Espero, querido cerebro, que aprendamos juntos, a la mayor brevedad, que no se puede pretender mantener el ritmo en el laboratorio teniendo clases diarias por la tarde (y trabajos, y apuntes… y lo de más allá). Además, la vida es vida incluso con Máster de las narices, así que aún han de quedarme huecos en alguna que otra neurona para disfrutar de mis amigos, reírme de lo lindo hablando con mi hermana por teléfono, seguir preocupándome y apoyando a mi padre y sus problemas visuales (pobre mío…), echando de menos a amigos de verdad, de los que me moldean el corazón (ya estén en Sevilla, Arrás, San Juan del Puerto, London, Campo de Gibraltar…) y, en definitiva, vivir la vida tal como venga, con altibajos o sin ellos.

Es por eso, querido cerebro, que te tengo tan olvidado. No sé cuándo volveré a retomar tus sinapsis virtuales, pero por ahora sólo doy señales de vida. Me temo que has de conformarte, aunque no dejes de quejarte para que no se me olvide mi necesidad de hacerte caso. Gracias por seguir ahí arriba, haciendo lo que puedes con etapas caóticas de mi vida, como la actual.

Te mando un paquetito dedicado con canales de calcio para que te distraigas. ¡Que los disfrutes! xD