Paréntesis

8 11 2008

Hace unas dos semanas me han operado de apendicitis, así que he tenido bastante abandonado este blog. En realidad, voy a seguir olvidándome del mismo un tiempo más, ya que en estos momentos no dispongo de tiempo para escribir lo que me gustaría.

Así pues, retomaré esta experiencia más adelante. ¡Un Abrazo!





Yo y mi signo zodiacal

10 10 2008

Hace poco me han mandado un archivo de porwer point, de esos de cadenas que se supone tienes que leer y luego reenviar según lo que te dice, y trataba sobre el horóscopo. Antes, y no me preguntéis por qué, solía leer el horóscopo casi a diario; sobre todo desde que existen los diarios estos gratuitos. Incluso era incapaz de leer mi horóscopo de un día que ya hubiese pasado; una vez escuché que dama mala suerte.

Con el tiempo, dejé de leerlos. No porque dejara de creer en ellos, ya que cuando los leía era bastante escéptico a este tipo de cosas. Pero la curiosidad que sentía hacia todo eso de los astros y la relación de ellos con tu personalidad, se desvaneció; siendo sinceros, ¿es posible que una persona que escriba ciertas cosas sobre ti, sobre el día que vas a pasar, o sobre tu estado de ánimo, pueda siquiera acercarse a tu realidad?

Tomaré de ejemplo el susodicho archivo y analizaré, punto por punto, lo que me cuenta dentro de mi signo zodiacal.

Comienza diciendo: Piscis, el compañero de la vida. ¿Puede haber una afirmación más general? ¿No somos todos compañeros de la vida de los que nos rodean?

Preocupado y amable, pero egoísta al mismo tiempo. Astuto. Sí, me preocupo por cosas y suelo ser amable, pero no más que cualquiera. Todos somos egoístas, ya que queremos lo del otro, queremos una vida mejor, queremos un trabajo, queremos gente que nos complete… Queremos. Lo de astuto es ya la repera, ya que pensaba que este tipo de adjetivos sólo existían en la ficción; en las películas, las novelas…

Siempre tiene que tener la última palabra, y la tiene. Fácil de encontrar, difícil de mantener. Eso de que tengo la última palabra es tan categórico como falso. El que tiene la última palabra es, básicamente, el último que habla, tras lo cual se acaba el café, hay que volver a clase, hay que coger el metro o va a empezar la película (hay quien piensa que la tiene, pero suelen ser personas que se dejan llevar demasiado por su ego). Yo no estoy escondido, al menos que yo sepa, así que me pueden encontrar, pero la facilidad que suponga depende de mil cosas, entre las cuales no me encuentro. Lo de “difícil de mantener” ya me suena a mascota… ¿quién me tiene que mantener? ¿Somos dueños unos de otros?

Alguien con quien pasar un momento divertido. ¿Cómo todos, o me equivoco? Para divertirnos, estamos todos muy dispuestos.

Extremadamente raro pero en el buen sentido. Esto ya es para no echar gota. ¿Qué buen sentido puede tener considerar a alguien extremadamente raro? Todos somos diferentes, el problema está en quien se considera “normal”, ya que yo le preguntaría: ¿En qué consiste ser normal?

Muy buen sentido del humor (¡pero puede cambiar al opuesto repentinamente!). Qué cosa más original, más única de los piscis. El sentido del humor está más relacionado con el aquí y ahora de cada uno que con la forma de ser. Es cierto que hay gente con más humor que otra, pero también hay gente que entiende el humor de una manera y gente que lo concibe de otra. Total, una estupidez más.

Meditabundo. Siempre consigue lo que quiere. ¿Es que soy Odiseo reencarnado y no me había percatado de ello?

Ama hacer bromas. Muy popular. Tonto, divertido y dulce. Aparte de que, hasta este punto, hay muchas afirmaciones contradictorias con las anteriores, volvemos a generalidades en las que, en un momento determinado, nos podemos reflejar cualquiera. Pero lo de tonto es pasarse ¿no?

Un piscis tiene una personalidad tranquila, paciente y amable. Son sensibles a los sentimientos de los demás y responden con simpatía y tacto a los sufrimientos de los demás. Lo de tranquilo y tal, vale, pero hay miles y millones de personas no piscis que también lo son. Lo que habla de la sensibilidad hacia el otro… ¿pero es que el resto de los signos hablan de gente fría, de personas que ni se inmutan ante el sufrimiento de quien tiene al lado? Es tan absurdo…

Bueno señores, seguiría muy gustosamente con este análisis de mi signo según un absurdo email de cadena, pero siento en mi tranquila, paciente y amable personalidad que estoy perdiendo, con mucho sentido del humor, un tiempo precioso. No perdais el vuestro; hacédme ese pequeño favor.






Ciencia y tecnología

22 09 2008

Leyendo la magnífica recopilación de artículos y charlas de Umberto Eco titulada “A Paso de Cangrejo”, me encontré con una visión muy acertada de la relación actual entre la ciencia y los medios de comunicación:

Los medios de comunicación de masas a menudo acusan a la ciencia de ser responsable del orgullo luciferino con que la humanidad avanza hacia su posible destrucción, y al hacer esto confunden evidentemente la ciencia con la tecnología. No es la ciencia la responsable del armamento atómico, del agujero en la capa de ozono, del deshielo, etc.; en todo caso, la ciencia todavía es capaz de advertirnos de los riesgos que corremos cuando, utilizando tal vez sus principios, nos dedicamos a crear tecnologías irresponsables.

En efecto, aunque la tecnología se vale de la ciencia, no es ciencia propiamente dicha. La ciencia es fruto de la curiosidad, como lo es la filosofía y, en general, cualquier fruto intelectual de las inquietudes humanas. Esta curiosidad natural desemboca en observación, análisis sistematizado, pruebas y razonamiento, obteniéndose el conocimiento científico.

La tecnología, sin embargo, abarca todas las habilidades desarrolladas por la humanidad para producir objetos y máquinas que mejoren y satisfagan las necesidades de cada tiempo histórico. Es decir, la tecnología es la acción física y real que hacemos para crear el mundo en el que vivimos, valiéndonos del planeta.

Pero claro, es mucho más sencillo para un periodista medio decir que el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera es el resultado de la investigación científica, y no de las refinerías de petróleo, del humo de los transportes… La prensa, a nivel científico, no suele siquiera acercarse a la realidad; es por ello que la mayoría de las personas que realmente desean estar enterados de las investigaciones, sean de una rama u otra, acuden a las revistas especializadas y se esfuerzan por entender artículos científicos o semicientíficos.

Evidentemente, no hay que olvidar que considerar la ciencia como el saber supremo es un error, ya que las pruebas y metodologías aplicadas en la investigación son realizadas según unos parámetros que, en infinidad de ocasiones, no se acercan ni por asomo a la realidad. Pero resulta que la realidad es tan infinitamente compleja que no puede analizarse directamente.

Todas las ramas científicas no son más que simplificaciones de lo que existe, ya que la física no es o está separada de la biología, sino que ambas suponen miradas de distinta índole a una misma cosa: todo lo que nos rodea, incluido nosostros.

¿Será capaz la tecnología de frenar su evolución y progreso si la ciencia demuestra que, de no hacerlo, nos condenaríamos a la autodestrucción? El tiempo lo dirá…





Mi “yo” actual

5 09 2008

Siempre he sido muy observador, desde que era pequeño. Observaba cómo mi padre fumaba y veía su televisor en su despacho, o cómo mi hermana veía los videos de Take That cuando era adolescente, o cómo mi abuela preparaba el plato de cena de mi abuelo: jamón york, perfectamente colocado en forma de canutillo, y un quesito de El Caserío.

El hecho de observar me ha enseñado mucho sobre los demás, pero consiguió que me olvidara de mí mismo. Más que vivir, observaba la vida de los demás. Incluso en el colegio, en lugar de convivir con mis compañeros, observaba cómo lo hacían ellos, como si yo no estuviese.

Me costó mucho trabajo entender que no soy un observador, sino que formaba parte del lugar donde estuviera, sea cual fuere en cada momento. Al principio, encontré una vía de escape al conocimiento propio: sin darme cuenta, al menos al principio, monté un personaje que actuaba de una forma, reaccionaba de otra, y siempre que podía, evitaba actuar espontáneamente, para así controlar el yo real y que siempre surgiera el personaje.

Este hecho, al tiempo, sólo hizo empeorar las cosas, ya que llegó un momento en que la actuación era difícil, y mi personalidad escapaba descontroladamente del escondite. De repente, mi “yo sensible” (me gusta llamarlo más así que “yo real”) chocaba con mi “yo personaje”, lo cual mezclado con las hormonas de la adolescencia producía una bomba de relojería.

Pasó el tiempo, los amigos dejaron de serlo y personas que no lo eran, empezaron a serlo. Luego me fui a la Universidad, donde no valían medias tintas si querías hablar con alguien, y supongo que mi yo pudo fluir finalmente.

Es evidente que toda esta descripción propia es muy lejana a la realidad, pero siempre que contamos algo del pasado, la realidad se difumina. El conocimiento propio de un hecho, o de un periodo de tiempo real, sólo podría hacerse, de manera cercana a la objetividad, volviendo a vivirlo y contándolo mientras se observa. Esto es físicamente imposible, a no ser que la saga de “Regreso al futuro” no sea sólo una serie de películas de ficción. Así que ha de bastar mi propia narración para, al menos, acercarnos a la realidad de mi yo del pasado.

En la actualidad, mi yo es real (de repente, me gusta usar el término…), ya que basa su existencia en la absoluta visceralidad de los acontecimientos que vive. Es posible que haya veces en que las cosas que digo o hago no son las que quiero decir o hacer, pero siempre vivo en “mi propia sensibilidad”, me falle o no. Es lo único que tengo: un cuerpo que se ve estimulado por el medio exterior, así que sería estúpido no hacerle caso… ¿no creéis?





Siento, luego vivo

1 09 2008

La sensibilidad es una de las cualidades que tenemos todos los organismos vivos y sin la cual, según la evolución, no podríamos haber sobrevivido. Gracias a ella, somos capaces de detectar cambios en el medio y, en consecuencia, llevar a cabo una reacción.

El sentido de familia que tenemos hoy en día las personas está absolutamente ligado a una cuestión de consanguinidad, pero ha sido muy alterado por nuestra cultura, que también forma parte de nuestra naturaleza, obviamente. Así, la importancia que le damos a un miembro de nuestra familia está más relacionada con la convivencia y el afecto que ese miembro haya compartido con uno mismo. Para mí, esa es la definición de familia: compartir, convivir y ayudar, allanar el camino, servir de sostén cuando nos vayamos a caer, señalar las actitudes que nos dañan…

Hace ya más de seis meses que un miembro de familia, fundamental en todo lo que concierne a mi vida, dejó de existir, de estar, de vivir. Mi querida abuela, una persona excepcional, un ser humano de elevado nivel. Mi abuela me enseñó dos lecciones que han sido cruciales en mi concepción de las cosas: el amor y la humildad. Mucha gente cree que amar es algo innato, y sí, tienen razón. Pero no todo el mundo es capaz de entender qué es el amor; qué es querer a una persona sea como sea, haga lo que haga, de manera absolutamente incondicional, a ciegas. Eso es algo muy difícil, ya que todos nos juzgamos fácilmente los unos a los otros. Pero mi abuela era así, y así me lo mostró.

Mi situación de nieto ha sido excepcional, ya que mi madre falleció cuando yo contaba tan solo con seis años. Entonces, mi abuela se agarró a la idea de que sus dos nietos, mi hermana y yo, teníamos que crecer en un entorno de cariño, de educación… en un hogar. Junto a mi padre, formaron un espacio en el que nos sentíamos seguros, en el que estábamos salvados de cualquier peligro que nos acechara.

Pero había un vacío. Yo tardé unos años en entender porque sentía que algo faltaba, que nada era completo por mucho empeño que pusieran. Es difícil digerir la idea de que la mayoría de tus compañeros de clase tienen a sus dos padres, y tú solo tienes a uno. Y más difícil aún es soportar la idea de que todo es debido al azar, porque mientras me comieron bien la cabeza con la idea de Dios y tal, inventé un cielo en el que mi madre nos quería y nos ayudaba. Pero, seamos serios, lo único que podemos decir que existe es lo que percibimos con nuestros sentidos; todo lo demás es ansias de poder de personas que no te conocen, pero que te quieren controlar.

Lo más difícil de asimilar cuando se va un ser querido tan importante es la idea de que no está, de que no puedes llamarle, de que ha dejado de respirar. No sé cuantas veces he hecho el amago de coger el teléfono y llamar a mi abuela. Pero es así de duro, así de frío, así de real: mi abuela no existe. Sólo queda lo que fue para mí, lo que me quiso, lo que luchó por mí; el mundo que me mostró; el mundo que me ayudó a entender.

Es increíble lo insignificantes que son todos los problemas que uno tiene, o cree que tiene, cuando le ocurre algo como esto. Es por ello que he pensado tanto últimamente en nuestro afán por adjetivarlo todo. No somos nadie sin adjetivos. Una situación determinada es un problema, pero por una circunstancia concreta, deja de serlo; sin más.

Por tanto, he aprendido una lección que espero no se me olvide: nada es lo que parece. Nuestra percepción es la definición misma de la visión subjetiva, y no podemos darle más importancia de la que tiene. Lo más valioso que tenemos, cada uno de nosotros, es nuestra sensibilidad; la capacidad de sentir. Aunque sea la tristeza más penosa, esa tristeza es un signo más de tu humanidad, de que estás vivo y de que cada instante de tu vida es la vida misma.

Así, no quiero desperdiciar ni un solo segundo de mi existencia, sea lo que sea y signifique lo que signifique eso. No sabemos aún que paso se dio desde la inercia a la vida, pero ese paso ha permitido que yo esté aquí, en este momento, escribiendo estas palabras…





Mi cerebro, mi vida

31 08 2008

El cerebro es el órgano del que menos sabemos, pero del que más dependemos. Nuestra realidad, lo que creemos que es verdad, que existe, es el resultado del funcionamiento de esta masa neuronal tan compleja… ¿o tan desconocida? Porque la historia de la ciencia, si algo nos ha enseñado, es que las cosas complejas no lo son una vez creemos que las comprendemos. Por tanto, todo es una cuestión de adjetivos, que nosotros mismos vamos colocando, a nuestro parecer, y por necesidad, puesto que nos volveríamos locos sin poder juzgar, calificar, valorar… en definitiva, adjetivar todo lo que nos rodea.

Mi cerebro es, podríamos decir, uno más de todos los existentes, en todas sus formas y tamaños, desde el de una mosca al del panadero, que posiblemente sea chino. Al mismo tiempo, es único, ya que su funcionamiento resulta en una realidad, que es la mía. Por tanto, no debe ser una excesiva pérdida de tiempo expresar, a través del lenguaje escrito, lo que va recreando, lo que va moldeando… es decir, mi vida. Porque explicar lo que ocurre en mi vida, desde mi punto de vista, es una forma poco profesional de explicar el funcionamiento de mi propio cerebro.

Así pues, queda inaugurado el portal directo a mis neuronas, el lienzo de cada instante de mi vida. Queda inaugurado “El Cerebro de Mapki”.