Yo y mi signo zodiacal

10 10 2008

Hace poco me han mandado un archivo de porwer point, de esos de cadenas que se supone tienes que leer y luego reenviar según lo que te dice, y trataba sobre el horóscopo. Antes, y no me preguntéis por qué, solía leer el horóscopo casi a diario; sobre todo desde que existen los diarios estos gratuitos. Incluso era incapaz de leer mi horóscopo de un día que ya hubiese pasado; una vez escuché que dama mala suerte.

Con el tiempo, dejé de leerlos. No porque dejara de creer en ellos, ya que cuando los leía era bastante escéptico a este tipo de cosas. Pero la curiosidad que sentía hacia todo eso de los astros y la relación de ellos con tu personalidad, se desvaneció; siendo sinceros, ¿es posible que una persona que escriba ciertas cosas sobre ti, sobre el día que vas a pasar, o sobre tu estado de ánimo, pueda siquiera acercarse a tu realidad?

Tomaré de ejemplo el susodicho archivo y analizaré, punto por punto, lo que me cuenta dentro de mi signo zodiacal.

Comienza diciendo: Piscis, el compañero de la vida. ¿Puede haber una afirmación más general? ¿No somos todos compañeros de la vida de los que nos rodean?

Preocupado y amable, pero egoísta al mismo tiempo. Astuto. Sí, me preocupo por cosas y suelo ser amable, pero no más que cualquiera. Todos somos egoístas, ya que queremos lo del otro, queremos una vida mejor, queremos un trabajo, queremos gente que nos complete… Queremos. Lo de astuto es ya la repera, ya que pensaba que este tipo de adjetivos sólo existían en la ficción; en las películas, las novelas…

Siempre tiene que tener la última palabra, y la tiene. Fácil de encontrar, difícil de mantener. Eso de que tengo la última palabra es tan categórico como falso. El que tiene la última palabra es, básicamente, el último que habla, tras lo cual se acaba el café, hay que volver a clase, hay que coger el metro o va a empezar la película (hay quien piensa que la tiene, pero suelen ser personas que se dejan llevar demasiado por su ego). Yo no estoy escondido, al menos que yo sepa, así que me pueden encontrar, pero la facilidad que suponga depende de mil cosas, entre las cuales no me encuentro. Lo de “difícil de mantener” ya me suena a mascota… ¿quién me tiene que mantener? ¿Somos dueños unos de otros?

Alguien con quien pasar un momento divertido. ¿Cómo todos, o me equivoco? Para divertirnos, estamos todos muy dispuestos.

Extremadamente raro pero en el buen sentido. Esto ya es para no echar gota. ¿Qué buen sentido puede tener considerar a alguien extremadamente raro? Todos somos diferentes, el problema está en quien se considera “normal”, ya que yo le preguntaría: ¿En qué consiste ser normal?

Muy buen sentido del humor (¡pero puede cambiar al opuesto repentinamente!). Qué cosa más original, más única de los piscis. El sentido del humor está más relacionado con el aquí y ahora de cada uno que con la forma de ser. Es cierto que hay gente con más humor que otra, pero también hay gente que entiende el humor de una manera y gente que lo concibe de otra. Total, una estupidez más.

Meditabundo. Siempre consigue lo que quiere. ¿Es que soy Odiseo reencarnado y no me había percatado de ello?

Ama hacer bromas. Muy popular. Tonto, divertido y dulce. Aparte de que, hasta este punto, hay muchas afirmaciones contradictorias con las anteriores, volvemos a generalidades en las que, en un momento determinado, nos podemos reflejar cualquiera. Pero lo de tonto es pasarse ¿no?

Un piscis tiene una personalidad tranquila, paciente y amable. Son sensibles a los sentimientos de los demás y responden con simpatía y tacto a los sufrimientos de los demás. Lo de tranquilo y tal, vale, pero hay miles y millones de personas no piscis que también lo son. Lo que habla de la sensibilidad hacia el otro… ¿pero es que el resto de los signos hablan de gente fría, de personas que ni se inmutan ante el sufrimiento de quien tiene al lado? Es tan absurdo…

Bueno señores, seguiría muy gustosamente con este análisis de mi signo según un absurdo email de cadena, pero siento en mi tranquila, paciente y amable personalidad que estoy perdiendo, con mucho sentido del humor, un tiempo precioso. No perdais el vuestro; hacédme ese pequeño favor.





Mi “yo” actual

5 09 2008

Siempre he sido muy observador, desde que era pequeño. Observaba cómo mi padre fumaba y veía su televisor en su despacho, o cómo mi hermana veía los videos de Take That cuando era adolescente, o cómo mi abuela preparaba el plato de cena de mi abuelo: jamón york, perfectamente colocado en forma de canutillo, y un quesito de El Caserío.

El hecho de observar me ha enseñado mucho sobre los demás, pero consiguió que me olvidara de mí mismo. Más que vivir, observaba la vida de los demás. Incluso en el colegio, en lugar de convivir con mis compañeros, observaba cómo lo hacían ellos, como si yo no estuviese.

Me costó mucho trabajo entender que no soy un observador, sino que formaba parte del lugar donde estuviera, sea cual fuere en cada momento. Al principio, encontré una vía de escape al conocimiento propio: sin darme cuenta, al menos al principio, monté un personaje que actuaba de una forma, reaccionaba de otra, y siempre que podía, evitaba actuar espontáneamente, para así controlar el yo real y que siempre surgiera el personaje.

Este hecho, al tiempo, sólo hizo empeorar las cosas, ya que llegó un momento en que la actuación era difícil, y mi personalidad escapaba descontroladamente del escondite. De repente, mi “yo sensible” (me gusta llamarlo más así que “yo real”) chocaba con mi “yo personaje”, lo cual mezclado con las hormonas de la adolescencia producía una bomba de relojería.

Pasó el tiempo, los amigos dejaron de serlo y personas que no lo eran, empezaron a serlo. Luego me fui a la Universidad, donde no valían medias tintas si querías hablar con alguien, y supongo que mi yo pudo fluir finalmente.

Es evidente que toda esta descripción propia es muy lejana a la realidad, pero siempre que contamos algo del pasado, la realidad se difumina. El conocimiento propio de un hecho, o de un periodo de tiempo real, sólo podría hacerse, de manera cercana a la objetividad, volviendo a vivirlo y contándolo mientras se observa. Esto es físicamente imposible, a no ser que la saga de “Regreso al futuro” no sea sólo una serie de películas de ficción. Así que ha de bastar mi propia narración para, al menos, acercarnos a la realidad de mi yo del pasado.

En la actualidad, mi yo es real (de repente, me gusta usar el término…), ya que basa su existencia en la absoluta visceralidad de los acontecimientos que vive. Es posible que haya veces en que las cosas que digo o hago no son las que quiero decir o hacer, pero siempre vivo en “mi propia sensibilidad”, me falle o no. Es lo único que tengo: un cuerpo que se ve estimulado por el medio exterior, así que sería estúpido no hacerle caso… ¿no creéis?