Las relaciones humanas

23 03 2009

Acabo de finalizar la lectura de un maravilloso libro, repleto de sabiduría, de inteligencia, y de personajes cotidianos y sensibles, llenos de humanidad. Antes de terminarlo, señalé una de sus páginas porque me llamó especialmente la atención una pequeña reflexión que este gran escritor, aprovechando la descripción de una escena narrativa concreta, realiza sobre los vínculos entre las personas: a veces, fáciles de explicar; a veces, muy misteriosos.

Alguna vez, como una madre inquieta, anticipando, sin haber pensado en eso, desasosiegos futuros, Marta se levantó a medianoche para ver cómo estaba el padre. Entraba silenciosamente en el cuarto, se aproximaba despacio a la cama, se inclinaba un poco para escuchar, después salía con los mismos cuidados.

Aquel hombre grande, de pelo blanco y rostro castigado, su padre, era también como un hijo, poco sabe de la vida quien se niegue a entender esto, las telas que enredan las relaciones humanas, en general, y las de parentesco, en particular, sobre todo las próximas, son más complejas de lo que parecen a simple vista, decimos padres, decimos hijos, creemos que sabemos perfectamente de qué estamos hablando, y no nos interrogamos sobre las causas profundas del afecto que allí hay, o la indiferencia, o el odio.

Marta sale del cuarto y va pensando Duerme, he aquí una palabra que aparentemente no hace más que expresar la verificación de un hecho, y con todo, en seis letras, en dos sílabas, fue capaz de traducir todo el amor que en un cierto momento puede caber en un corazón humano. Conviene decir, para ilustración de los ingenuos, que, en asuntos de sentimiento, cuanto mayor sea la parte de grandilocuencia, menor será la parte de verdad.

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Cuanta verdad siento al leer un texto como éste. El amor, el afecto que tenemos hacia cada persona, puede ser muy complicado de definir en su forma; pero ahí está, manifestándose lo más naturalmente concebible, sin grandes frases shakesperianas ni profundas metáforas lorquianas.

Cuando hay cariño real, las escenas sobran. Quien tenga mucho interés por demostrar, tendrá muchas dudas sobre la importancia real de ese cariño; ya sea dado o recibido…





Continuación de ciclo satisfactoria

21 03 2009

Ayer salí muy contento de la película que vi, dentro del ciclo de cine de Hong Kong que comenté en el anterior post. Pero claro, teniendo en cuenta que hoy la proyección la he visto en la Filmoteca Española, y no en la sede de la Casa Asia, pues tenía muchas expectativas de que todo fuera bien.

Además, la película es muy recomendable. Se llama Eighteen Springs, y la dirige la directora Ann Hui. Según la información del ciclo, esta directora, poco conocida en España, es una de las más representativas de la Nueva Ola del cine de Hong Kong, el cual eclosionó a finales de los años 70.

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La película es un drama, centrado en una bellísima historia de amor. La historia narrada se ambienta en el Shanghai de los años 30. El destino de los protagonistas y los prejuicios sociales de la época suponen el hilo conductor de la historia.

La directora trabaja de una forma muy estilizada y paciente, dando mucho peso al trabajo de los actores, la mayoría de ellos muy convincentes. La dirección artística y la fotografía son bastante buenas, y la música, aunque poco original, es muy funcional.

Hubo un detalle que me descolocó un poco al principio, y es que la copia de la película traía dos subtítulos: uno en mandarín (supongo) y otro en inglés. Entonces, la Filmoteca añadió debajo un subtítulo en español. Por tanto, vimos la película con tres subtítulos diferentes; pero bueno, de vez en cuando miraba sólo el subtítulo en inglés para ver si no me perdía, así que pude recordar mi conocimiento de este idioma. Hay que ser positivo en todas las situaciones posibles.

No sé si tendreis oportunidad de verla algún día, pero si os la encontrais en algún momento, os la recomiendo. Me recordó mucho a Deseo, Peligro, de Ang Lee; aunque ésta última me parece mucho más lograda.

Espero poder ver algunas pelis mas de este ciclo. Parece que Hong Kong tiene cosas interesantes que contar en la gran pantalla…





Siento, luego vivo

1 09 2008

La sensibilidad es una de las cualidades que tenemos todos los organismos vivos y sin la cual, según la evolución, no podríamos haber sobrevivido. Gracias a ella, somos capaces de detectar cambios en el medio y, en consecuencia, llevar a cabo una reacción.

El sentido de familia que tenemos hoy en día las personas está absolutamente ligado a una cuestión de consanguinidad, pero ha sido muy alterado por nuestra cultura, que también forma parte de nuestra naturaleza, obviamente. Así, la importancia que le damos a un miembro de nuestra familia está más relacionada con la convivencia y el afecto que ese miembro haya compartido con uno mismo. Para mí, esa es la definición de familia: compartir, convivir y ayudar, allanar el camino, servir de sostén cuando nos vayamos a caer, señalar las actitudes que nos dañan…

Hace ya más de seis meses que un miembro de familia, fundamental en todo lo que concierne a mi vida, dejó de existir, de estar, de vivir. Mi querida abuela, una persona excepcional, un ser humano de elevado nivel. Mi abuela me enseñó dos lecciones que han sido cruciales en mi concepción de las cosas: el amor y la humildad. Mucha gente cree que amar es algo innato, y sí, tienen razón. Pero no todo el mundo es capaz de entender qué es el amor; qué es querer a una persona sea como sea, haga lo que haga, de manera absolutamente incondicional, a ciegas. Eso es algo muy difícil, ya que todos nos juzgamos fácilmente los unos a los otros. Pero mi abuela era así, y así me lo mostró.

Mi situación de nieto ha sido excepcional, ya que mi madre falleció cuando yo contaba tan solo con seis años. Entonces, mi abuela se agarró a la idea de que sus dos nietos, mi hermana y yo, teníamos que crecer en un entorno de cariño, de educación… en un hogar. Junto a mi padre, formaron un espacio en el que nos sentíamos seguros, en el que estábamos salvados de cualquier peligro que nos acechara.

Pero había un vacío. Yo tardé unos años en entender porque sentía que algo faltaba, que nada era completo por mucho empeño que pusieran. Es difícil digerir la idea de que la mayoría de tus compañeros de clase tienen a sus dos padres, y tú solo tienes a uno. Y más difícil aún es soportar la idea de que todo es debido al azar, porque mientras me comieron bien la cabeza con la idea de Dios y tal, inventé un cielo en el que mi madre nos quería y nos ayudaba. Pero, seamos serios, lo único que podemos decir que existe es lo que percibimos con nuestros sentidos; todo lo demás es ansias de poder de personas que no te conocen, pero que te quieren controlar.

Lo más difícil de asimilar cuando se va un ser querido tan importante es la idea de que no está, de que no puedes llamarle, de que ha dejado de respirar. No sé cuantas veces he hecho el amago de coger el teléfono y llamar a mi abuela. Pero es así de duro, así de frío, así de real: mi abuela no existe. Sólo queda lo que fue para mí, lo que me quiso, lo que luchó por mí; el mundo que me mostró; el mundo que me ayudó a entender.

Es increíble lo insignificantes que son todos los problemas que uno tiene, o cree que tiene, cuando le ocurre algo como esto. Es por ello que he pensado tanto últimamente en nuestro afán por adjetivarlo todo. No somos nadie sin adjetivos. Una situación determinada es un problema, pero por una circunstancia concreta, deja de serlo; sin más.

Por tanto, he aprendido una lección que espero no se me olvide: nada es lo que parece. Nuestra percepción es la definición misma de la visión subjetiva, y no podemos darle más importancia de la que tiene. Lo más valioso que tenemos, cada uno de nosotros, es nuestra sensibilidad; la capacidad de sentir. Aunque sea la tristeza más penosa, esa tristeza es un signo más de tu humanidad, de que estás vivo y de que cada instante de tu vida es la vida misma.

Así, no quiero desperdiciar ni un solo segundo de mi existencia, sea lo que sea y signifique lo que signifique eso. No sabemos aún que paso se dio desde la inercia a la vida, pero ese paso ha permitido que yo esté aquí, en este momento, escribiendo estas palabras…