Desahogo

7 02 2011

Esta semana liquidaré una de mis cuentas pendientes, ya que terminaré los odiosos exámenes del máster de doctorado que he tenido que hacer, con vistas a poder leer la tesis algún día. La transición al plan Bolonia no me pilló durante la carrera, pero sí lo ha hecho en cuanto a los cursos de doctorado, los cuales han desaparecido por siempre jamás y se han convertido en un señor máster.

Uno de los talones de Aquiles de formar parte de la transición es que todos los demás que te rodean, tu jefe incluido, no han vivido esa transición; y comienzan contigo dicha adaptación. Yo tengo la gran y enorme suerte de contar con un jefe que, por edad, trayectoria y forma de ser, a pesar de que detesta que tenga que hacer estos estudios para poder aspirar a completar mi proyecto en el laboratorio; comprende a la perfección que tengo que hacerlo e intenta no añadir presión a la ya situación forzada de venir la mitad del tiempo al laboratorio.

Menos mal que he tenido dos compañeras maravillosas con las que he compartido este “infierno”, como llamamos a estos cuatro meses en los que hemos tenido que continuar, con mucho esfuerzo y la mejor organización posible, nuestros trabajos en el laboratorio, a la vez que íbamos a clase, hacíamos mil trabajos y, ya por último, estudiábamos los exámenes que ahora estamos haciendo.

Sorprendentemente, a dos días de los dos exámenes más difíciles, que están seguidos en fechas por cierto, no me siento especialmente estresado. No sé si es que estoy más positivo de lo habitual, pero siento que controlo más o menos todo lo que está pendiente, lo cual es mucho. Sé que me espera un invierno-primavera en el labo con la soga deseosa de alcanzar mi cuello, pero estoy tranquilo, y así voy a intentar seguir estando…

En esencia, he aprendido dos cosas de esta experiencia trabajo-máster: una de ellas es que el nivel de organización y planificación siempre puede mejorarse, ya que hace seis meses me daba horror pensar en todo lo que me esperaba en esta época. El primer mes fue muy estresante, lágrimas incluidas, pero con el apoyo de amigos que desmerezco, recuperé fuerzas y continué mi camino.

En segundo lugar, estos meses me han desenmascarado a las personas que no valen la pena, y me han destacado a las que sí lo valen. Mis amigos de Madrid son, hoy, mucho más amigos que antes, ya que han demostrado una paciencia infinita conmigo y el poco tiempo que les he dedicado estos meses. Siempre os agradeceré que hayáis estado ahí, día a día, para darme fuerzas cuando he estado hasta las narices de todo y más allá; cuando he echado de menos estar en casa, con mis pilares vitales; cuando he tenido que decepcionarme por personas que me han mentido durante mucho tiempo.

A todos vosotros, y a mis amigos de toda la vida, gracias hasta el infinito, y os anuncio que vuelvo a ser más libre, ¡por fin!. Y a mis compis, con las que creé el grupo “RAMAJE s.l.”· (jeje), gracias por compartir las clases, los trabajos, los agobios, las risas y las lágrimas. Ha sido una pesadez eterna, pero con vosotras todo ha fluido infinitamente mejor.

Creo que ya está bien por hoy de dedicar tiempo a mis neuronas estudiosas y más que trabajadoras. Volvamos al tiempo presente…

Anuncios




Reconciliándome con mi cerebro

24 10 2010

Querida masa de neuronas del piso de arriba:

Sé que te tengo no olvidada, ni abandonada… más bien, lo siguiente. Pero tienes que entender que, si en ocasiones te he informado de cuán ocupada ha estado mi vida, ahora esa ocupación roza máximos insospechados. De hecho, por casa palabra que te dedico, siento en mi interior el peso de todos los segundos… ¡que estoy perdiendo! ¿Puedes creerme?

Además, tampoco me has ayudado mucho tú últimamente. Seguramente, la falta de inexperiencia ha sido determinante en este caso. Esa sensación y constante pensamiento, cuando estoy trabajando, de que no voy a terminar lo que estoy haciendo, y que mi planning de trabajo nunca va a ser completado, es de total actualidad en mi cabecita de chorlito. Porque claro, en breve, cada día, he de irme a clase del Máster, así que no puede ser de otra manera…

Espero, querido cerebro, que aprendamos juntos, a la mayor brevedad, que no se puede pretender mantener el ritmo en el laboratorio teniendo clases diarias por la tarde (y trabajos, y apuntes… y lo de más allá). Además, la vida es vida incluso con Máster de las narices, así que aún han de quedarme huecos en alguna que otra neurona para disfrutar de mis amigos, reírme de lo lindo hablando con mi hermana por teléfono, seguir preocupándome y apoyando a mi padre y sus problemas visuales (pobre mío…), echando de menos a amigos de verdad, de los que me moldean el corazón (ya estén en Sevilla, Arrás, San Juan del Puerto, London, Campo de Gibraltar…) y, en definitiva, vivir la vida tal como venga, con altibajos o sin ellos.

Es por eso, querido cerebro, que te tengo tan olvidado. No sé cuándo volveré a retomar tus sinapsis virtuales, pero por ahora sólo doy señales de vida. Me temo que has de conformarte, aunque no dejes de quejarte para que no se me olvide mi necesidad de hacerte caso. Gracias por seguir ahí arriba, haciendo lo que puedes con etapas caóticas de mi vida, como la actual.

Te mando un paquetito dedicado con canales de calcio para que te distraigas. ¡Que los disfrutes! xD





Vuelta y vuelta de reflexiones

12 05 2010

No voy a ahondar, ni a extenderme en lo que concierne a los años mil que este cerebro lleva sin crear sinapsis virtual. Es mucho más interesante, creo, simplemente escribir… además, con una idea abierta y maravillosa, como es la reflexión sucesiva de lo que a uno se le vaya ocurriendo… fruto, como no podría ser de otra manera, de lo ocurrido en las últimas semanas.

Según mi todavía mini-experiencia en el mundo de la investigación, he de afirmar que la constancia es mucho más fundamental de lo que me imaginaba. Y no porque así el trabajo salga mejor, o peor, por ello; sino porque el trabajo crece exponencialmente a un ritmo inesperado, y el haber tenido constancia te ayuda a tener más herramientas con las que enfrentarte a lo que, en días puntuales, se convierte en una sobrecarga bastante pesada.

En ocasiones, uno se siente frustrado cuando, en un periodo de tiempo en el laboratorio, te das cuenta de que has trabajado mucho, pero no hay nada resuelto; lo cual se asemeja a un fracaso, pero es que ni siquiera es eso, porque un fracaso conlleva a una replanteamiento general, y a comenzar desde otro punto. No es fracaso, es que las cosas tardan en acabarse, y a veces el final se ve muy, muy lejos… En serio que a veces, en esas tardes mas allá de las siete, mientras terminaba de resembrar las células que fuesen, me preguntaba con absoluto terror cuántas veces tendría que repetir eso; cuántas veces tendría que repetir las cinéticas, con un fármaco o con otro, con unas células o con otras… o con las resistentes de las mismas… hasta obtener, con otras tantas extracciones de RNA, PCRs, lisados de proteínas, westerns con éstos y con los otros anticuerpos… hasta dilucidar los resultados y tener algo que discutir, que sea medio de interés para, al menos, diez personas en este mundo de la investigación…

Creo que estoy pecando demasiado de becario iniciado; creo que aún me queda mucho, mucho que pasar; creo que, a pesar de reflexionar y reflexionar sobre ello, no tengo la más remota idea de lo que me espera… Y lo mejor de todo, la razón por la que muchos pensarían que mis neuronas comienzan a delirar: me encanta formar parte de este mundillo de científicos locos. No puedo más que disfrutar, aunque a veces me caiga de sueño, y otras desee irme a mi casa de una vez. Al menos, siento cierta felicidad en este caos…

Pero no todo es trabajo en la vida, afortunadamente. También hay momentos en los que disfrutar por disfrutar, y compartir ese disfrute con gente que te quiera bien y que te compensen la ausencia de los que están lejos… de la familia, sobre todo, y de los amigos de toda la vida. A veces, esos nuevos amigos se tornan de toda la vida, simplemente porque los sientes así. Hay más incertidumbre en todos los sentidos, pero hay que arriesgarse, y sobre todo vivir el momento que a uno le toque.

Porque todo es presente; el pasado nos moldeó hasta este instante, que es lo que existe y es la vida, de hecho. El futuro podemos imaginarlo; podemos soñar con él, hacer todos los esquemas y planes que se quieran de cómo será… Pero el aire, el canto de los pájaros, el claxon del coche que se pasa el semáforo en rojo, la vías del metro cuando está a punto de llegar a la estación, el “timer” cuando se te acaba el tiempo, el tono de la canción friki de aquella serie cuando te llaman al móvil… en conjunto, te recuerda que estás en el presente, y que es aquí y ahora.

Mi excursión al festival de murcia fue presente… ¡y qué presente! Disfruté como un teenager total, escuchando a grupos que hacía semanas que empecé a conocer; y a otros que ya escuchaba hacía más tiempo… Añoro ese presente, que ya es pasado. Añoro relajarme y no pensar en el trabajo de mañana; que mi única preocupación sea “ahora qué grupo toca en este escenario” o “cuando sale la siguiente pizza del horno”. Agradezco haber ido, y haber estado tan bien acompañado. Agradezco ese nuevo mini-pasaje de mi memoria…

Ya creo que el sueño me está venciendo en la batalla de hoy, que ya es mañana por cierto. No sé cuándo volveré a expresar en palabras lo que mis neuronas os quieren contar… pero será un placer el día que vuelva, como es un placer escribir estas últimas palabras…





Comencemos bien

13 01 2010

Espero que a todos os haya dado tiempo de despediros del año, porque el 2010 es una realidad; sobre todo, en el calendario. Cada cual habrá vivido una salida y entrada de año diferente, con sus buenos momentos y sus recuerdos, porque todos recordamos mucho, y a mucha gente, que está y que no está, en esos días. Yo sólo puedo contaros, a mi modo, cómo viví esos días.

El viaje hacia Gibraltar, el aeropuerto donde aterriza el avión que suelo coger últimamente, tuvo sus dificultades, que hoy ya son anécdotas que contar a los sobrinos nietos (es decir, a los nietos de mi hermana, porque no creo que nunca tenga unos propios, a decir verdad). Total, que la nevada del lunes antes de Nochebuena impidió a mi avión salir; y el martes si que salió, pero finalmente aterrizó en Málaga por el tremendo ventazo con el que se encontró el avión en la colonia inglesa (por mucho que nos pese).

Gente hipersupersticiosa hubiera pensado que podría haber estado recibiendo señales, pero yo simplemente llegué cuando pude y me acomodé a las circunstancias, a pesar de tener ciertas particularidades a la hora de subir y bajar escaleras…

Total, que llegué a casa tarde, y esa noche comenzaron mis vacaciones de “navidad navidad, dulce navidad”. Mi casa seguía en su sitio, aunque estuviera rodeada de lluvia, viento y consumo navideño. Mi padre, mi hermana, vecinos, entrada… todo correcto. A mis amigos, hasta la tarde anterior a Nochebuena, con estas lluvias tan constantes, nos los vi… aunque nos vimos casi directamente en la pista de baile, al lado de la barra, así que mejor manera de reencuentro es bastante inimaginable.

Cuando vuelvo a casa, y me encuentro con mis amigos, sufro un doble sentimiento: por un lado, ganas, necesidad creada focalmente hacia su presencia, hacia sus abrazos, hacia las risas, las mil y un cosas que contar… Por otro lado, siento cierto temor, ya que la patente consciencia de que las personas que tienes fuera de tu día a día, en tu pueblo, en la ciudad donde estudiaste… siguen viviendo, al igual que yo aquí, en su propio micromundo de rutina, de trabajo, amigos, ocio, rayadas mil y cine (en mi caso); te hace aguardar la sorpresa de si realmente seguirás formando parte de sus vidas, y viceversa.

Normalmente, como ha ocurrido esta vez, esos amigos a los que vuelves a ver siguen ahí, al pie del cañón, con tantas ganas de verte como de tú a ellos. Después de unos considerables años viviendo fuera de casa, es una verdadera lotería poder disfrutar, cada vez que vuelves, de ese nido vital construido con años de amistad, cariño, aventuras y desencuentros.

No todos mis amigos lo son entre ellos, como le ocurre a cada ser viviente de este planeta. Es por ello que, en ocasiones de vacaciones como ésta, uno tiene que dividirse un poco. Es un poco lioso algunos días, y las compañías de móviles se forran entre tantas llamadas y mensajes para conseguir quedadas satisfactorias y posibles para todos. Pero te gratifica tanto verlos y estar con todos y cada uno que vale la pena más que de sobra.

Estas navidades fueron mejores que las del año anterior, en las que la ausencia de mi abuelita estaba muy presente en mis neuronas. No es que no lo hayan estado en éstas, pero la tristeza se moldea, y los recuerdos se van convirtiendo en compañeros de viaje, dejando poco a poco de ser cruces pesadas. Aún no he querido comerme las uvas, ya que no podría sustituirla pelándolas y preparándolas en los platitos rojos, seleccionando las más pequeñas para mi hermana…además de porque mi pobre padre con el azúcar no se las iba a comer de todas formas… pero ya cambiaremos el chip cuando llegue el momento.

La realidad es que lo he pasado genial, y sobre todo he recargado las pilas, que es para mí fundamental porque yo adoro Madrid y mi vida actual aquí; pero a veces la soledad realiza una visita sorpresa, aunque ya haga tiempo que la echara del tren.

Es bastante normal: a nivel de trabajo, parece que mi camino tiene un cierto rumbo. Pero a nivel social y personal, todo está muy en el aire. Todas las personas que tengo, porque las tengo, por estas urbes tienen sus vidas aquí desde, la mayoría de ellas, toda la vida, y es complicado en ocasiones sentirte parte de sus círculos, o vislumbrar tu propio círculo con ellos.

Una rayada de estas características la tuve no hace muchos días, unida a otras cuantas. Como suele pasar, estropeó gran parte de las horas y minutos de ese día en concreto, que me desperté con estos pensamientos en las neuronas que ahora os expresan estas palabras. Pero después de esas horas, llegan otras, y los cauces se terminan redefiniendo, hasta volver al estado de equilibrio en el que uno se siente como es, sin penas ni agonías.

Es por ello que, como os deseé a todos los que perdéis minutos valiosísimos de vuestras microexistencias en leerme, el 2010 lo comienzo con el mejor pie. Miro hacia delante, espero lo que me vaya llegando, y expando mis cualidades y sentimientos a todo lo que me ocurra, y a todos los que me rodean, que gratifican mi existencia reflejándome en la suya.

Cada vez me gusta más escribir, aunque es muy probable que cada vez mis neuronas se expresen con sinapsis más banales y sucias. Pero la ventana hacia parte de mí sigue abierta. Por ahora, nadie necesita un password… sólo la dirección que tiene en la barra superior.





Un año para recordar

20 12 2009

A punto de finalizar este 2009, me dispongo a evaluar y meditar sobre mi propio balance personal durante el mismo. Así, también aprovecho para despedir este cerebro hasta que comience el inminente 2010, una vez volvamos de las vacaciones navideñas.

Mi balance general es más que bueno, ya que el hecho fundamental de mi comienzo formal en el mundo laboral ha mejorado mi situación vital en todos los sentidos. Además, la pérdida de mi querida “Abu” en el 2008 convirtió todo ese año en un recuerdo complicado, aunque necesario de mantener en las neuronas. Por tanto, la comparación sólo puede desembocar en un balance positivo hacia el 2009.

Ya he publicado, en varias ocasiones, lo feliz que me siento en el grupo donde estoy empezando mi proyecto de investigación; además de con la gente que he encontrado en el hospital, todos ellos investigadores con distintos bagajes pero con un compromiso científico muy ejemplar.

Casualmente, este mes uno de estos compañeros ha leído su tesis doctoral, convirtiéndose para mí en la primera a la que asisto. Fue muy emocionante ver como exponía su trabajo de tantos años de absoluta dedicación; sobre todo, me pareció muy hermoso cómo sus familiares seguían, con mucho nervio contenido, todo lo que ocurría en la sala. Sus caras de orgullo tras la nota del tribunal fue el ejemplo perfecto de lo que uno siente cuando se quita un peso considerable de encima.

Seguro que asistiré a muchas más tesis de otros compañeros; algunas de ellas en muy poco tiempo. Hasta que llegue un día (espero que así sea) en que lea la mía propia, delante de mi propio tribunal, con mis propios familiares y amigos; y, sobre todo, mis propios nervios y miedos. Pero para eso aún queda mucho…

Otro ingrediente para que este año se haya redondeado tan bien ha sido el éxito de mi hermana al adquirir su plaza de maestra. Su vida ha cambiado y, sobre todo, se ha estabilizado desde ese día y para siempre (a no ser que entremos en guerra nuclear, o algo por el estilo…). Al tratarse de mi hermana, su felicidad es un contagio absoluto de la mía, y viceversa. No hay mucho que añadir en este sentido, salvo la satisfacción y el orgullo de un hermano que adora a su hermana.

Hay personas que han aparecido en mi vida, y varias de ellas parecen pretender quedarse en mi tren. Bueno, más que parecer, deseo fervientemente, además de egoístamente, que así lo hagan, ya que se han convertido en apoyos fundamentales en mi vida actual. No sé cuánto tiempo viajaremos juntos, pero no voy a intentar averiguarlo; sólo procuraré disfrutar del viaje con cada una de ellas, dure lo que dure. La mayoría de ellas son del trabajo, y espero que si leen esto en algún momento, sepan darse por aludidas.

Una de ellas, mi querida Verita, no lo está pasando muy bien en estos momentos, así que intentaré focalizar mi energía hacia una buena resolución de su circunstancia personal, mezclada con todo el cariño que nuestra amistad representa y la hace una realidad cotidiana y vital para mí.

Y poco más puedo añadir. Ya hace días que espero mi viaje a casa por Navidad, como el del anuncio del turrón que emiten cada año por estas fechas. Mañana volaré hacia allí, lo que significa que el cerebro de Mapki descansará durante las próximas semanas.

Pasadlo muy bien estas fiestas, y recibid el nuevo año con la mejor sonrisa. No todos estamos felices, ni todos tenemos que celebrar lo mismo. Pero hay que empezar bien siempre, dentro de las circunstancias concretas de cada uno.

Os deseo lo mejor, y aprovecho para autodesearme una expresión de neuronas en progreso para el 2010; es decir, la continuidad de este pequeño rincón del ciberespacio.

¡Hasta Pronto!





Recordando en el vagón

13 10 2009

El pasado viernes me monté en un tren con destino “mini vacaciones en casa durante el puente del Pilar”. Durante el viaje, me puse a mirar cosillas en el móvil, y encontré una nota del mes pasado que decía:

escuchar a ej mientras ponen el videoclip sqp de vm

En seguida, recordé la causa de la misma, así que saqué la carpetilla que nos dieron en los seminarios de Roche, y escribí lo que sigue:

Llevo muchos años preguntándome por qué hay situaciones que se tornan importantes cuando podrían ser totalmente banales y olvidables.

Hace un mes aproximadamente, estaba con mi padre en uno de esos restaurantes-franquicia cercanos a los cines Renoir, por Princesa. No me encontraba muy bien de las tripas, pero como iba a ser la última noche con mi padre, hice la vista gorda.

Estábamos comiendo allí y, de repente, me dio por mirar una pantalla de televisión que había en la pared, en la cual estaban emitiendo videoclips. Al mismo tiempo, el restaurante tenía un hilo musical que no correspondía con los videoclips que aparecían en pantalla (lo cual pasa en muchísimos sitios).

Pues bien, en el momento en el que miré, comenzaba el videoclip del tema “Sálvese quien pueda” de Vetusta Morla. Tras casi un minuto viéndolo, empecé a escuchar, por el hilo musical, “This train don’t stop there anymore”, uno de mis temas favoritos de Elton John. Acto seguido, miré hacia mi padre mientras cenaba y me hablaba sobre algo.

Sonreí. Me quedé unos segundos sonriendo. Me sentí feliz, navegando en un mix de pensamientos instantáneos y veraces. Volví a pisar tierra, y seguí con mi cena y mi conversación con mi padre…

En esos segundos, mi vida reciente había sido resumida.

Por un lado, la canción de Elton John; canción que conozco desde hace muchos años y que canté (o algo parecido) delante de mi portátil con el micrófono que me regalaron mis compañeros de piso de Sevilla. Otra de sus canciones la canté con Nessim al piano; y muchas otras…

Cinco años de vida universitaria en Sevilla, tres de los cuales viví en ese piso; gente, amigos que no olvido, con los que he vivido muchas cosas. Una etapa fundamental para entender quien soy hoy.

Por otro lado, el videoclip de Vetusta Morla, grupo que he conocido en los últimos meses (bueno, ya va cerca de un año); meses que forman parte de mi, por llamarla de alguna manera, etapa post-universitaria; mi etapa en Madrid. Etapa que aún está comenzando.

Ese videoclip representa mi trabajo, personas que veo a diario, en casa y en la fundación. Algunas ya son importantes, otras lo serán. La inquietud del “qué va a pasar” me intriga, pero a la vez me satisface por disponer de una vía por la que ir descubriendo cada día de los próximos e inminentes años de mi vida.

El centro de ambos lados es mi padre; es decir, mi hermana; es decir, mis amigos de siempre. Siempre han estado, siempre estarán; vengan o vaya yo a ellos, por ejemplo en el tren en el que voy sentado ahora mismo, donde he empezado a escribir; en una letra tan ininteligible como la que componía mis apuntes de la facultad; pero, esta vez, debido a la poca estabilidad de la carpetilla de Roche, no a la velocidad de captación de ideas en clase.

Mi sonrisa sólo yo podría entenderla. Se sustentaba en la visión del reflejo que, la circunstancia puntual de esos segundos, aquí narrados, me brindó.

Normalmente, suelo sentirme una persona complicada. Momentos como éste, que ahora recuerdo mientras escribo, me hacen albergar esperanzas de la verdadera sencillez de mi propia existencia.

Lo que puede dar de sí una nota escrita hace un mes y leída durante un periodo largo de “no tengo nada que hacer”. Seguiré apuntando otras más en el móvil, cuando tenga ocasión…

note





En los mapas me pierdo

3 08 2009

Es evidente que el animal de costumbres que todos llevamos dentro, no sale a la luz a la hora de escribir en mi pequeña ventana cerebral. Si así fuese, habría plasmado un “hasta pronto” precediendo a mi ausencia vacacional. En cambio, dejé de escribir de repente; así, como quien no quiere la cosa. Pero no está mal liberarse de las propias rutinas que uno se crea; sobre todo, para sentirse más libre, menos atado… incluso a mi propio cerebro, que ya es mucho decir…

Pues, efectivamente, he estado fuera unas semanas; de las cuales, dos de ellas han estado destinadas a mis vacaciones, consistentes en la vuelta a casa. Afortunadamente, mi casa no se localiza en Puertollano, o en La Granja de San Ildefonso, sino en una zona costera de Andalucía. Así que la vuelta a casa en verano supone, además de la familia y los amigos, el disfrute de la playa, de la humedad nocturna estival y de las fiestas populares.

Es la primera vez que no paso los dos meses de verano propiamente dichos (Julio y Agosto) en casa; lo cual está lógicamente relacionado con el hecho de que es la primera vez que me encuentro trabajando. Aquellos añorados dos meses se han convertido, este año, en dos semanas.

No hay que ser un lince ibérico en vías de extinción para entender que la cosa cambia enormemente. Pero, para mi asombro, el menor tiempo ha significado mayor disfrute de la gente que me ha rodeado, de los baños salados, de los bailes en las casetas y de las risas y alegrías.

Y hablando de alegrías, no puedo más que resaltar la, seguramente, mayor alegría que podría haber tenido durante mis vacaciones. Mi hermana, que opositaba para maestra de inglés, aprobó sus pruebas y sacó su preciada plaza como funcionaria. Su trabajo, su dedicación y su vocación han dado su fruto, de una vez por todas. Y en estos tiempos de crisis, vaya lo que vale una plaza de funcionario. Que se lo pregunten a ella dentro de un año, o dos… Qué orgullosos estamos de ella, porque no ha dejado de seguirla, hasta conseguirla. ¡Qué campeona!

Con una noticia así, casi al comenzar mis vacaciones, nada podría estropearlo. De hecho, y aún no sé muy bien por qué, las salidas nocturnas con mis amigos han sido de las mejores que puedo recordar en años. Hacía tiempo que no me dolía tanto la barriga de no poder parar de reir. Así, da gusto bajar a casa…

Recordando estos días estivales, me doy cuenta de cómo funciona nuestra mente. De repente, visualizo a mi abuelita. No hubo un sólo día que no me acordara de ella. Un día en concreto, cuando estaba tomándome un pastel de chocolate en una cafetería de La Línea, me transporté a una de aquellas miles y miles de tardes en las que nos llevaba a merendar. Siempre he sido muy goloso, y ella gozaba observándome mientras engullía mi trozo de tarta de moka, o de chocolate, o cualquiera que fuese.

Me acuerdo de ella, aquí y ahora, y me siento feliz. Aunque no esté, ni siquiera al otro lado del teléfono. La memoria, de vez en cuando, hace regalos maravillosos. Sin más, acabo de recibir uno.

Y bueno, pues esas dos semanas acabaron, y un servidor volvió a la capital de esta España nuestra para seguir trabajando. He de seguir mi senda, aunque a veces no sepa en qué mapas mirar, ni como orientarme. No puedo acudir a Google Maps; la naturaleza de esos mapas no la han desarrollado aún.

Puede que me pierda en el camino, pero los mapas se van renovando con la experiencia, siempre y cuando se tenga claro el objetivo. Menos mal que tengo unos compañeros de trabajo que desmerezco totalmente, pero que me ayudan a orientarme en mi trabajo, en mi día a día. ¡Gracias a todos y a todas por hacer más fácil la senda laboral!

Y hasta aquí puedo leer, o puedo expresar, o puedo pensar…