Tres buenas, diferentes películas

28 01 2009

En las últimas tres semanas, he podido ir al cine y disfrutar de tres películas que me han parecido estupendas, aunque cada una de ellas sea muy diferente al resto. Así, quiero compartir mis impresiones sobre ellas con vosotros.

La primera de ellas es Milk, de Gus Van Sant, cuya intantánea y rápida sinopsis podría ser: “Biopic sobre Harvey Milk, el primer político gay declarado que ocupa un cargo importante en la política estadounidense.” Concretamente, el cargo que ocupó, por votación popular, fue el de concejal del ayuntamiento de San Francisco, una de las más antiguas cunas del orgullo gay.

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Esta película tiene mucha importancia, ya que todos sabemos que, durante todo este siglo, los homosexuales y bisexuales han estado obligados a luchar socialmente por sus derechos civiles, y la hipocresía e intolerancia imperante (cada vez menor, pero aún en activo) de la sociedad han supuesto un gran impedimento para ello.

Harvey Milk fue uno de estos luchadores, y el director de Elephant o Good Will Hunting ha querido reivindicar su sitio en la reciente historia de Estados Unidos dirigiendo esta película.

El film está muy bien dirigido, aunque en ocasiones acuda excesivamente a los tópicos de los biopics. El guión es muy correcto, y la incorporación de imágenes documentales de aquellos momentos proporcionan veracidad e importancia política a lo que se está contando. El reparto está, por así decirlo, “en estado de gracia”, capitaneado por un magnífico (como siempre) Sean Penn, que da al señor Milk toda la sensibilidad, solidaridad y convicción que necesita.

Milk es una película muy activa, en la que vemos como se va creando una campaña política de este calibre desde el principio, lo cual supone toda una lección de política americana. Además, es muy intrigante; aunque imagines lo que va a ocurrir, no puedes desengancharte de la sucesión de acontecimientos hasta el desenlace final.

La película está nominada a varios Oscars de este año, incluido Mejor Película. No tengo idea de lo que pasará, pero podría ser una película del gusto de los académicos de Hollywood, sobre todo porque suelen tener preferencia por los biopics de grandes héroes estadounidenses.

La siguiente película que he visto es Entre Les Murs (traducida en España como La Clase), de Laurent Cantet. Esta película, Palma de Oro del último Festival de Cannes, relata la vida de unos alumnos y un profesor en una clase de un instituto de la perifera de París, durante todo un curso.

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Nada tiene que ver esta película con otros acercamientos cinematográficos a la educación, como por ejemplo Dangerous Minds, de John N. Smith. El acercamiento al día a día de una clase se hace de modo sincero, honesto y auténtico. Hay un reflejo palpable de la multiculturalidad francesa, de la dificultad del diálogo profesor-alumno, del handicap que supone para chicos de otros países y culturas el hecho de integrarse en un país como Francia…

A la vez que tiene un formato de falso documental, transpira un tipo de cine didáctico muy moderno, muy entendible por cualquiera, y sobre todo muy sensible, ya que la película muestra la gravedad del problema de la educación que existe hoy en día.

Para mí, lo mejor de todo es que no plantea un mensaje concreto;  no pretende enseñar lo que se podría hacer, ya que hubiera sido un error garrafal. La Clase plantea lo que hay hoy día en una clase francesa real (no en una clase de colegio privado super ideal de la muerte), y a la vez muestra a la Francia de la actualidad. Muy inspiradora, muy didáctica… muy buena.

La película está nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa, y puede que tenga posibilidades, ya que al ser Palma de Oro de Cannes, ya tiene puntos añadidos que la Academia no pasará por alto.

Por último, hoy mismo he visto la película Revolutionary Road, de Sam Mendes. Para no intentar complicarse la vida, podría decirse que trata sobre la vida de una pareja estadounidense en los años 50. En principio, la pareja es atípica, ya que no sigue ni implora sobre la búsqueda del sueño americano; pero luego, parece que puede ser arrastrado al mismo, que es cuando empieza el conflicto entre la pareja.

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Esta película habla, sobre todo, de la lucha de un matrimonio por seguir adelante, por no dejarse influir demasiado, por soportarse por amor. La concepción y caracterización de cada personaje, con el matrimonio en primera plana, es simplemente brillante. La humanidad que se respira en todo momento es el mayor acierto de la película, cuya dirección no añade ni decora las escenas en las que el diálogo se torna protagonista.

Es la cuarta película del director británico Sam Mendes, y es la cuarta película de Sam Mendes que veo en el cine. La dirección de actores y el uso del espacio es espectacular, y su motivación por las necesidades y fragilidades de los seres humanos me han hecho seguir su trayectoria cinematográfica hasta esta película.

La pareja protagonista tiene una fuerza humana y un compromiso con los personajes asombroso. Leonardo DiCaprio, que no es santo de mi devoción, realiza una interpretación que explora una emoción gradual hacia la derrota personal. Kate Winslet, que sí es santa de mi devoción desde hace muchos años, crea uno de sus mejores papeles. En palabras de Carlos Boyero:

Te conmueve la intensidad y la veracidad del excelente DiCaprio y de una Kate Winslet que está más allá del elogio transmitiéndote humanidad, el ansia de eso tan problemático y huidizo llamado felicidad.

Además, el personaje que encarna el actor Michael Shannon, nominado al Oscar al Mejor Actor Secundario, es a la vez cómico e inspirador, ya que transmite la idea general de aquella época según la cual “sólo un loco podría cuestionar el sueño americano“. No conocía a este actor, y me ha sorprendido su trabajo que, aunque sea breve, no olvidas fácilmente.

Bueno, no creo que haga falta hacer un máster para concluir que ésta última película es la que más me ha llegado de las tres, y es que he de confesar que las películas de guiones intensos, de personajes fuertes y sensibles a su propia humanidad, y de buenas direcciones como Revolutionary Road son mi debilidad.

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La ficción vs la realidad

25 11 2008

Tras una conversación con una amiga recientemente reencontrada, he reflexionado sobre la repercusión que puede tener una película en una persona cualquiera. Concretamente, la conversación surgió porque salieron a relucir nuestras “encontradas opiniones” sobre la película American Beauty, de Sam Mendes. Mi amiga, a groso modo, piensa que esta película tiene un planteamiento de personajes extremo, muy alejados de la realidad; por tanto, hay personas que pueden confundirse a la hora de la identificación con las personas descritas en pantalla, llevándolas a opciones de vida erróneas.

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Mi opinión sobre este aspecto que ella destaca no puede ser más opuesta. Los personajes de esta película viven situaciones que, seguramente, sólo tienen sentido en la misma, gracias a un guión excelente y un desarrollo lógico. Por tanto, la identificación que haga el espectador debe basarse en la reflexión inicial de que está delante de una ficción, y no de la realidad (ni de la suya, ni de la de nadie).

De todas formas, ella tiene razón al afirmar que las imágenes, ya sean de una película como de cualquier otro medio audiovisual, calan en la mente de muchísima gente, sobre todo de los adolescentes. Pero este hecho no es debido, como puede uno pensar en un principio, por las imágenes en sí mismas. Cuando uno recibe una imagen, debe ser capaz de examinar mentalmente el estímulo percibido, y eso sólo se hace si uno evoluciona personalmente, con inteligencia y madurez.

Así, cuando uno no solamente mira una imagen tras otra, sino que contextualiza lo que ve, se creará una opinión y entenderá que la realidad no se ve a través de una pantalla; la realidad, en este caso, es sólo el hecho de estar mirando una pantalla, y no el contenido de lo que transmite la misma.

En el caso de una película, el asunto se torna bastante más sencillo, a mi modo de ver. Una película puede ser más o menos dramática, más o menos divertida, más o menos realista. Pero nunca deja de ser ficción, ya que el cine es ficción desde que se inventó. Evidentemente, al ser un modo de expresión artística, tiene un sentido, un cometido. Pero la vida de los “personajes” que hacen de “personas” es ficticia, independientemente de la crítica o la visión que el director cree a partir de ese conjunto de sucesos que vemos en pantalla.

Volviendo al ejemplo, American Beauty es, por ejemplo, una crítica mordaz a la hipocresía y falsedad del “sueño americano”; es una visión sobre la supervivencia de unas personas dentro del mundo actual; es un acercamiento a lo vacía y sinsentido que puede llegar a ser la vida de un individuo que no sabe quien es, o no tiene narices para ser auténtico. Es lo que cada uno saque, perciba, concluya que es. Pero “nunca es una realidad narrada, grabada y proyectada en una pantalla“.