Las relaciones humanas

23 03 2009

Acabo de finalizar la lectura de un maravilloso libro, repleto de sabiduría, de inteligencia, y de personajes cotidianos y sensibles, llenos de humanidad. Antes de terminarlo, señalé una de sus páginas porque me llamó especialmente la atención una pequeña reflexión que este gran escritor, aprovechando la descripción de una escena narrativa concreta, realiza sobre los vínculos entre las personas: a veces, fáciles de explicar; a veces, muy misteriosos.

Alguna vez, como una madre inquieta, anticipando, sin haber pensado en eso, desasosiegos futuros, Marta se levantó a medianoche para ver cómo estaba el padre. Entraba silenciosamente en el cuarto, se aproximaba despacio a la cama, se inclinaba un poco para escuchar, después salía con los mismos cuidados.

Aquel hombre grande, de pelo blanco y rostro castigado, su padre, era también como un hijo, poco sabe de la vida quien se niegue a entender esto, las telas que enredan las relaciones humanas, en general, y las de parentesco, en particular, sobre todo las próximas, son más complejas de lo que parecen a simple vista, decimos padres, decimos hijos, creemos que sabemos perfectamente de qué estamos hablando, y no nos interrogamos sobre las causas profundas del afecto que allí hay, o la indiferencia, o el odio.

Marta sale del cuarto y va pensando Duerme, he aquí una palabra que aparentemente no hace más que expresar la verificación de un hecho, y con todo, en seis letras, en dos sílabas, fue capaz de traducir todo el amor que en un cierto momento puede caber en un corazón humano. Conviene decir, para ilustración de los ingenuos, que, en asuntos de sentimiento, cuanto mayor sea la parte de grandilocuencia, menor será la parte de verdad.

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Cuanta verdad siento al leer un texto como éste. El amor, el afecto que tenemos hacia cada persona, puede ser muy complicado de definir en su forma; pero ahí está, manifestándose lo más naturalmente concebible, sin grandes frases shakesperianas ni profundas metáforas lorquianas.

Cuando hay cariño real, las escenas sobran. Quien tenga mucho interés por demostrar, tendrá muchas dudas sobre la importancia real de ese cariño; ya sea dado o recibido…

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Individuos insensibles y violentos

28 09 2008

Ayer vi una película que me dejó un poco impactado, ya que el temita tiene narices. Esta vez no voy a decir que peli es, ya que parte de lo que quiero contar tiene que ver con el final, por lo que no quiero estropearle a nadie el film.

Total, que esa película me hizo reflexionar sobre la facilidad con que las nuevas generaciones expresan su parte más violenta, que normalmente está unida a un grado tremendo de frialdad e insensibilidad. Pero no me extraña, ya que estamos sumergidos en una sociedad de medios en la que nos intentan entrenar para convertirnos en individuos insensibles.

Hoy en día, apenas nadie se asusta o se siente muy perjudicado cuando ve, en las noticias, como una rebelión mata a personas en una ciudad de algún país de Oriente Próximo; o no se espantan demasiado cuando ven a niños malnutridos en países africanos. Los medios, en gran medida, nos han acostumbrado a ese tipo de imágenes; y el cine, o parte de él, ha hecho lo mismo con respecto a la sangre, los disparos a quemarropa y demás lindeces.

En consecuencia, las nuevas generaciones están insensibilizadas, entendiendo como “sensibilidad” en este caso la capacidad de una persona para reaccionar ante una imagen violenta y, a medida que madura, ser capaz de reflexionar sobre la misma hasta el punto de que, entendiendo la barbaridad que acaba de ver, comprenda el contexto, tanto de la imagen en sí misma como de su posición ante la misma.

Si un chaval de 12 o 14 años estuviera leyendo este post ahora podría, fácilmente, preguntarme: ¿reflexionar? ¿reflexionar sobre que? Y así vamos. Ejemplos como la masacre del instituto Columbine, en Estados Unidos, nos avisan de que la violencia expresada de manera beligerante e inconsciente será cada vez más habitual en los jóvenes.

Yo no soy padre, pero creo que los padres o tutores son los mayores responsables de todo esto, ya que la television, el mundo consumista y competitivo están ahí, pero esos padres también deben estar ahí para mediar y controlar lo que los menores ven, o al menos hacer que razonen lo que experimentan a nivel visual.

¿Es algo de otro planeta lo que estoy diciendo? Yo creo que no…

Una vez terminado el post, veo que no he contado casi nada de la película, así que os diré que se trata de “El Rey de la Montaña”, de Gonzalo López-Gallego. Es muy interesante e intigrante, así que os la recomiendo.