¡Por fin puedo escribir!

8 03 2009

Yo que pensaba que era el único blogger de wordpress que no podía, desde hace varios días, acceder a su blog. Menos mal que he contactado con Salva, y además de confirmarme que no era el único, sino que hay un problema general en wordpress; me ha chivado una manera de poder entrar. Salva, eres un crack, gracias una vez más.

Bueno, esta semana ha estado repleta de salidas a almorzar y cenar, mucho ocio y demás. Entre visitas y cumpleaños, he estado de aquí para allá, lo cual se agradece de vez en cuando.

Lo del contrato para empezar el proyecto de investigación se ha complicado un poco, cómo no. Al final, voy a empezar cobrando un bruto bastante ridículo, que me da para poco más que pagar el alquiler, las facturas y la comida diaria. Pero no hay mal que por bien no venga; estamos en crisis, y voy a tener la suerte de poder comenzar una carrera profesional en la investigación pública, algo que hace relativamente poco tiempo no hubiera esperado que ocurriera.

Esta semana no he ido al cine, algo bastante raro en mí. Espero ir pronto a ver Slumdog Millionaire, de Danny Boyle, ya que tengo curiosidad por comprobar si realmente tanta repercusión mediática tiene alguna razón de ser.

Espero que la próxima vez que escriba, ya se hayan resuelto los problemas técnicos de wordpress.

¡Hasta pronto!





Tras las fiestas

13 01 2009

Las vacaciones terminaron, y hay que retomar lo que se dejó aparcado, este blog incluido. Y no es fácil; me siento como si fuera a tocar el piano tras meses sin hacerlo, y me enfrentara a la debilidad que florece tras la falta de práctica. Los blogueros con años de experiencia pueden, con toda tranquilidad, dejar dos o tres semanas de escribir, y vuelven como si nunca lo hubieran dejado. Pero un servidor tiene aún sus limitaciones.

Cuando, como decía el anuncio, “vuelvo a casa por Navidad”, siempre lo hacía con una enorme expectación, ya que normalmente han sido unas dos semanas (mientras estaba en la Universidad) e iba dispuesto a aprovechar cada minuto. No por celebrar el nacimiento de nadie, ni por decorar la casa, ni cosas así. Estar con los tuyos, con el frío del Invierno, es algo que siempre me ha gustado. La unión es imparable ante el clima de Diciembre, sobre todo para gente del Mediterráneo como somos yo y mi familia y amigos.

Nunca unas vacaciones son como las de años anteriores, pero este año han estado marcadas por la ausencia de mi Abu. Ella siempre, desde pequeños, ha intentado crear unas fiestas navideñas a nuestro alrededor; siempre decoraba la mesa del salón con turrón, bombones, dulces del “Okay” (la mejor pastelería del Campo de Gibraltar, que no la mejor cafetería), roscos de vino… Sobre todo en la cena del 24, se la echó mucho de menos, pero hay que continuar caminando, buscando, encontrando, esquivando baches, hasta que la vida llegue a su fin.

Por todo esto, yo no he celebrado la Navidad como la celebran en las horribles películas navideñas estadounidenses, en donde todo el mundo es ideal, está “hipermegafeliz”, se cocina que ni en un restaurante, y un largo etcétera. En mi casa, hay cena y hay turrón, y sobre todo tranquilidad, charlas con mi padre, con mi cuñado y mi hermana, y cariño mutuo. No será para hacer una de esas películas, pero es real, verdadero, humano.

Además, en estas fiestas suelo estar bastante tiempo en cafeterías, pubs, bares de tapas y demás con mis amigos, ya que es una de las épocas del año en las que los veo, estoy con ellos, comparto sus éxitos y sus fracasos, sus momentos de euforia y de tristeza, y sus confidencias. Aunque este año el amigo invisible ha sido muy acelerado, también ha resultado muy divertido. Y la cena estuvo genial, sobre todo por las goteras que caían de la madera, “yo creo que es algo”

Bueno, y por supuesto está el gran descubrimiento de estas fiestas: ¡La Postrería! Una cafetería de La Línea donde tienen tartas caseras para chuparse los dedos. Y yo, que después de la operación estoy como nuevo, he ido bastantes veces.

Además, he dedicado un reducido tiempo de estos días para leer un libro que, la verdad, me ha permitido conectar con una parte de mí mismo mucho más social, más ciudadana. Ese libro es Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago; es el primer libro que leo de este premio Nobel de literatura portugués, y me gustaría compartir con vosotros un pequeño extracto de toda la humanidad que respira este ensayo de ficción.

Antes, cuando veíamos, también había ciegos. Pocos en comparación con los que hay hoy, los sentimientos normales eran los de quien ve, y los ciegos sentían entonces con sentimientos ajenos, no como los ciegos que eran. Ahora, sí, lo que está naciendo es el auténtico sentir de los ciegos, y sólo estamos en el inicio, por ahora aún vivimos de la memoria de lo que sentíamos, no precisas tener ojos para saber cómo es hoy la vida. Si a mí me dijesen que hoy mataría, lo tomaría como una ofensa, y he matado,

Qué quieres entonces que haga. Ven conmigo, ven a nuestra casa, Y ellos, Lo que vale para ti, vale para ellos, pero es sobre todo a ti a quien quiero, Por qué, Yo misma me pregunto por qué, quizá porque te siento como una hermana, quizá porque mi marido se acostó contigo, Perdóname, No es crimen que necesite perdón, Vamos a chuparte la sangre, vamos a ser como parásitos, No faltaban parásitos cuando veíamos, y en lo que dices de la sangre, para algo ha de servir, aparte de para sustentar el cuerpo que la transporta, y ahora, vámonos a dormir, que mañana es otra vida.

xfvb

Lo que más me ha impresionado de este libro es cómo se describe al ser humano actual, con su terrible egoísmo y crueldad, pero también con una solidaridad y cariño al otro casi primitiva, esencial. Me ha hecho plantearme la responsabilidad de ver; hay personas que tienen ojos sanos, pero no ven, no se percatan de la realidad, de su realidad y la del otro; yo mismo, en infinidad de ocasiones, habré sido una de ellas. Y puede que ahí se encuentre una de las claves del porqué de la situación actual del mundo.

Bueno, como veis estas fiestas han sido de todo menos “como siempre”, aunque no haya estado en los Pirineos, ni en una casa rural. Ahora toca hacer hueco en la memoria para convertir estos días de familia, de amigos, de ocio y de lectura en un hermoso recuerdo.