El hielo es atractivo

27 01 2010

Llevaba unos meses esperando ver la última película de un director difícil de asimilar, pero hasta ahora muy brillante. Me refiero a Das weisse band (La cinta blanca), del austriaco Michael Haneke.

Basándome en las películas que visioné en su momento, pertenecientes a su filmografía, puedo afirmar que me ocurre algo bastante sorprendente con este cineasta. Su forma de narrar es fría, gélida, punzante; a la vez que de una coherencia y visión crítica del ser humano, de la sociedad, intachable y efectiva. Seguramente, esta combinación tan especial es la que ha creado una atracción absoluta hacia su cine por mi parte, ya que no es fácil para un ser completamente expresivo y visceral como yo verse seducido tan magnéticamente a planteamientos cinematográficos tan difíciles de digerir, tan punzantes, tan faltos de zonas recreativas para la sensibilidad.

Pues bien, La cinta blanca vuelve a mostrar un planteamiento frío y distante de lo que podría definirse como “intento de atisbar posibles gérmenes de las personas que formaron ese horror político, social, humano… perdón, inhumano denominado Alemania Nazi”.

Con este film, Haneke confirma el dominio narrativo y técnico de su propio ejercicio de estilo, con una madurez formal muy impresionante. El uso del espacio, de la cámara, con ese blanco y negro de fotografía brillante; el trabajo de guión y de actores tan intenso y efectivo… todo enfocado hacia la creación de una película que no olvidas, que no te deja indiferente, que disfrutas… no de la forma habitual, sino a la “Haneke’s way”, única y original.

Si hay algo que adoro de mi sincera y cada vez mayor afición al cine es la sensación que me queda cuando, ya pasadas algunas horas, sigues teniendo planos, rostros, luces reflejadas en espigas de trigo, expresiones de profunda decepción y violencia… como si siguieses sentado en la butaca. Y las ideas que te surgen, que te planteas, al ver un buen film, con intencionalidad crítico-artística, con interesantes visiones personales y propuestas de repercusiones éticas e históricas (en este caso)… son abonos para las neuronas, la sensibilidad personal y la vida, en general y en particular; ahora, mañana y siempre.

Finalmente, os dejo mi última reflexión sobre este film, y del día de hoy: no es necesario ver la nieve posada en la montaña, en un parque, o en una ciudad, para saber que el hielo es atractivo.

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Dispares temáticas, dispares impresiones

23 06 2009

Hoy voy a hablar de tres películas vistas por mí en los últimos días, completamente distintas una de otra, tanto en forma, como en narración; y por supuesto, en satisfacción de resultado.

Comenzaré por la adaptación de la primera novela de la famosísima saga literaria Millenium, del sueco Stieg Larsson. La película, titulada como el primer libro (Los hombres que no amaban a las mujeres), es eminentemente un thriller sobre la investigación del Mickael Blomskit y la misteriosa y tremenda Lisbeth Salander sobre la sobrina del patriarca del imperio Vagner, desaparecida años atrás.

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Si no hubiese leído la novela, simplemente habría tenido la sensación de ver un thriller entretenido, bastante bien rodado, y con personajes peculiares e interesantes. Pero, como no es el caso, la película me causó una terrible decepción, ya que la adaptación no solamente ha obviado muchísimos detalles y circunstancias de los personajes y la trama, sino que ha introducido, de una manera fácil y malintencionada, unas pocas escenas en las que introduce datos y acontecimientos narrados en la segunda novela.

Además, aunque el personaje de Salander está bastante bien descrito y planteado (en gran parte, por un excelente trabajo expresivo y psicológico de la actriz que la encarna), el personaje de Blomskit se reescribe de una manera completamente superficial, cargándose sin piedad a uno de los pilares de la novela, en lo que a los protagonistas se refiere.

Aunque la película no está mal, referida a la novela me parece completamente fallida y superficial, ya que, aunque los libros de Larsson se hayan convertido en absolutos best sellers, la complicada trama investigadora, la profundidad y originalidad de los personajes; y la tensión que te contagia como lector, los hacen, bajo mi punto de vista, dignos de algo mejor que lo que ha realizado el director sueco Niels Arden Oplev.

El mismo día que vi esta película, me puse un DVD que me compró mi padre hace ya unas semanas, cuando vino de visita. La película en cuestión es Perros de Paja, del famoso director británico Sam Peckinpah. El film narra la vida de un astrofísico estadounidense que comienza a vivir en una pequeña población inglesa con su mujer. Huyendo de la violenta Norteamérica, el tranquilo y pacífico matemático se verá obligado a enfrentarse, cada vez más violentamente, a varios de sus vecinos para defender a  su esposa y su casa.

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Esta película, de bastante difícil visión para sensibilidades dentro de la media, es una notable visión artística de la violencia humana. La cámara de Peckinpah capta, minuto a minuto, como la tensión va en aumento, y la sobriedad del formato, unida a la espantosa y pesada niebla típica de las islas británicas, añaden aún más una tensión que no dejas de sentir hasta que comienzan los títulos de crédito.

Gracias a una magnífica dirección, sin tapujos ni decoraciones, y a un reparto brillante, capitaneado por el camaleónico y siempre maravilloso Dustin Hoffman, la película se torna como una creación artística necesaria para entender mejor el lado oscuro y más primitivo de la naturaleza humana.

Por último, ayer mismo pude ver una película difícil de catalogar, a la vez que difícil de olvidar. Se trata de Tres Monos, del director turco Nuri Bilge Ceylan. El film narra la historia de una familia que lucha por su propia estabilidad escondiendo y obviando verdades sabidas e intuidas por los tres miembros. El propio director explica la elección del título de la siguiente manera:

El título Tres Monos viene de la filosofía de Confucio, donde los tres monos tienen un significado positivo que representa la sabiduría: no oyen el mal, no lo ven ni hablan de él… Hoy en día, la metáfora de los tres monos se usa de forma peyorativa, para denunciar la hipocresía de las apariencias.

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El resultado es una película muy pausada, muy pendiente de los pensamientos y reacciones de los miembros de esta familia que pende de un hilo, pero que lucha en el silencio por resistir y permanecer unida. La cámara de Ceylan se concentra en ellos, difuminando los fondos de filmación con desaturaciones y cromas alterados. Las escenas parecen cuadros, con luces y sombras que te cautivan y te unen a los personajes con mayor intensidad y sensibilidad. La fotografía está cuidadísima y, en ocasiones, resulta mágica.

Nunca olvidaré la escena final, con el cielo turco nublándose poco a poco, y oscureciendo la azotea de ese edificio donde todo ocurre, o se evita. Salí de la sala con la sensación de haber visto algo único, de una calidad artística de alto nivel y compromiso.

Es increible como una película tan fantástica, y “galardonada con un premio al mejor director en el festival de Cannes del 2008”, pueda haber tardado tanto en llegar a nuestros cines; bueno, en el caso de Madrid, “al cine”; porque sólo la estrenó una sala en toda la ciudad.

Sinceramente, me siento afortunado de haber podido disfrutar de un cine tan interesante, tan estético y tan profundo a la vez.

Y a seguir buscando buenas películas… aunque sea consciente de que erraré de vez en cuando…





Individuos insensibles y violentos

28 09 2008

Ayer vi una película que me dejó un poco impactado, ya que el temita tiene narices. Esta vez no voy a decir que peli es, ya que parte de lo que quiero contar tiene que ver con el final, por lo que no quiero estropearle a nadie el film.

Total, que esa película me hizo reflexionar sobre la facilidad con que las nuevas generaciones expresan su parte más violenta, que normalmente está unida a un grado tremendo de frialdad e insensibilidad. Pero no me extraña, ya que estamos sumergidos en una sociedad de medios en la que nos intentan entrenar para convertirnos en individuos insensibles.

Hoy en día, apenas nadie se asusta o se siente muy perjudicado cuando ve, en las noticias, como una rebelión mata a personas en una ciudad de algún país de Oriente Próximo; o no se espantan demasiado cuando ven a niños malnutridos en países africanos. Los medios, en gran medida, nos han acostumbrado a ese tipo de imágenes; y el cine, o parte de él, ha hecho lo mismo con respecto a la sangre, los disparos a quemarropa y demás lindeces.

En consecuencia, las nuevas generaciones están insensibilizadas, entendiendo como “sensibilidad” en este caso la capacidad de una persona para reaccionar ante una imagen violenta y, a medida que madura, ser capaz de reflexionar sobre la misma hasta el punto de que, entendiendo la barbaridad que acaba de ver, comprenda el contexto, tanto de la imagen en sí misma como de su posición ante la misma.

Si un chaval de 12 o 14 años estuviera leyendo este post ahora podría, fácilmente, preguntarme: ¿reflexionar? ¿reflexionar sobre que? Y así vamos. Ejemplos como la masacre del instituto Columbine, en Estados Unidos, nos avisan de que la violencia expresada de manera beligerante e inconsciente será cada vez más habitual en los jóvenes.

Yo no soy padre, pero creo que los padres o tutores son los mayores responsables de todo esto, ya que la television, el mundo consumista y competitivo están ahí, pero esos padres también deben estar ahí para mediar y controlar lo que los menores ven, o al menos hacer que razonen lo que experimentan a nivel visual.

¿Es algo de otro planeta lo que estoy diciendo? Yo creo que no…

Una vez terminado el post, veo que no he contado casi nada de la película, así que os diré que se trata de “El Rey de la Montaña”, de Gonzalo López-Gallego. Es muy interesante e intigrante, así que os la recomiendo.