Vuelta y vuelta de reflexiones

12 05 2010

No voy a ahondar, ni a extenderme en lo que concierne a los años mil que este cerebro lleva sin crear sinapsis virtual. Es mucho más interesante, creo, simplemente escribir… además, con una idea abierta y maravillosa, como es la reflexión sucesiva de lo que a uno se le vaya ocurriendo… fruto, como no podría ser de otra manera, de lo ocurrido en las últimas semanas.

Según mi todavía mini-experiencia en el mundo de la investigación, he de afirmar que la constancia es mucho más fundamental de lo que me imaginaba. Y no porque así el trabajo salga mejor, o peor, por ello; sino porque el trabajo crece exponencialmente a un ritmo inesperado, y el haber tenido constancia te ayuda a tener más herramientas con las que enfrentarte a lo que, en días puntuales, se convierte en una sobrecarga bastante pesada.

En ocasiones, uno se siente frustrado cuando, en un periodo de tiempo en el laboratorio, te das cuenta de que has trabajado mucho, pero no hay nada resuelto; lo cual se asemeja a un fracaso, pero es que ni siquiera es eso, porque un fracaso conlleva a una replanteamiento general, y a comenzar desde otro punto. No es fracaso, es que las cosas tardan en acabarse, y a veces el final se ve muy, muy lejos… En serio que a veces, en esas tardes mas allá de las siete, mientras terminaba de resembrar las células que fuesen, me preguntaba con absoluto terror cuántas veces tendría que repetir eso; cuántas veces tendría que repetir las cinéticas, con un fármaco o con otro, con unas células o con otras… o con las resistentes de las mismas… hasta obtener, con otras tantas extracciones de RNA, PCRs, lisados de proteínas, westerns con éstos y con los otros anticuerpos… hasta dilucidar los resultados y tener algo que discutir, que sea medio de interés para, al menos, diez personas en este mundo de la investigación…

Creo que estoy pecando demasiado de becario iniciado; creo que aún me queda mucho, mucho que pasar; creo que, a pesar de reflexionar y reflexionar sobre ello, no tengo la más remota idea de lo que me espera… Y lo mejor de todo, la razón por la que muchos pensarían que mis neuronas comienzan a delirar: me encanta formar parte de este mundillo de científicos locos. No puedo más que disfrutar, aunque a veces me caiga de sueño, y otras desee irme a mi casa de una vez. Al menos, siento cierta felicidad en este caos…

Pero no todo es trabajo en la vida, afortunadamente. También hay momentos en los que disfrutar por disfrutar, y compartir ese disfrute con gente que te quiera bien y que te compensen la ausencia de los que están lejos… de la familia, sobre todo, y de los amigos de toda la vida. A veces, esos nuevos amigos se tornan de toda la vida, simplemente porque los sientes así. Hay más incertidumbre en todos los sentidos, pero hay que arriesgarse, y sobre todo vivir el momento que a uno le toque.

Porque todo es presente; el pasado nos moldeó hasta este instante, que es lo que existe y es la vida, de hecho. El futuro podemos imaginarlo; podemos soñar con él, hacer todos los esquemas y planes que se quieran de cómo será… Pero el aire, el canto de los pájaros, el claxon del coche que se pasa el semáforo en rojo, la vías del metro cuando está a punto de llegar a la estación, el “timer” cuando se te acaba el tiempo, el tono de la canción friki de aquella serie cuando te llaman al móvil… en conjunto, te recuerda que estás en el presente, y que es aquí y ahora.

Mi excursión al festival de murcia fue presente… ¡y qué presente! Disfruté como un teenager total, escuchando a grupos que hacía semanas que empecé a conocer; y a otros que ya escuchaba hacía más tiempo… Añoro ese presente, que ya es pasado. Añoro relajarme y no pensar en el trabajo de mañana; que mi única preocupación sea “ahora qué grupo toca en este escenario” o “cuando sale la siguiente pizza del horno”. Agradezco haber ido, y haber estado tan bien acompañado. Agradezco ese nuevo mini-pasaje de mi memoria…

Ya creo que el sueño me está venciendo en la batalla de hoy, que ya es mañana por cierto. No sé cuándo volveré a expresar en palabras lo que mis neuronas os quieren contar… pero será un placer el día que vuelva, como es un placer escribir estas últimas palabras…

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La Tierra no es el centro del Universo

15 11 2009

Este otoño estrenaba película el director español más ambicioso del cine patrio: Alejandro Amenábar. Cada nuevo proyecto en el que se involucra conforma más novedades que necesidades de continuar con una carrera vigilada, analizada y disfrutada por muchos.

Su nuevo film, Agora, lo ha llevado esta vez a la Alejandría del siglo IV, donde las escuelas de ciencia y filosofía, heredadas de los griegos, se las verán con los cambios políticos y, sobre todo, religiosos, acontecidos en esa época, ya tardía, del Imperio Romano.

agora

Podríamos decir que la película tiene dos centros argumentales: uno humano, representado en la figura de Hipatia, filósofa y maestra, natural de Egipto, que destacó en las matemáticas y la astronomía; otro racional y cultural, basado en cómo la política y el poder religioso puede anular el avance científico y filosófico, a pesar de la importancia de las ideas del momento.

Las críticas publicadas a razón de esta película tienen un denominador común, más o menos general: técnicamente, la película es un espectáculo cinematográfico; pero el argumento, por momentos, cansa y flojea.

He de confesar que, de unos años para acá, la expectación que siento ante estrenos como éste provoca en mí un ansia de información actualizada que, seguramente, empeora o distorsiona en parte mi visión final del film en cuestión. Casualmente, en el caso de Agora, a pesar de la fuerza que ha tenido la línea crítica acontecida, mi disfrute personal y cinéfilo se han visto recompensados.

Agora es una película redonda, tanto técnica como argumentalmente. No debe ser fácil llevar a cabo un proyecto tan ambicioso, ya que hay que tener un par de narices para crear un espectáculo ambicioso y caro en base a un discurso profundo y necesario. Y eso es Agora; una película sobre el pensamiento científico, sobre la vida dedicada al saber y al conocimiento… y sobre cómo todo eso se llega a destruir gracias al fanatismo del poder en nombre de iconos y doctrinas religiosas imperantes.

Es probable que, al dedicarme a la ciencia, haya podido disfrutar y sentir la forma argumental y el ritmo narrativo de una manera más personal. Las escenas en las que Hipatia se preguntaba y ahondaba en las teorías y razonamientos, ajenos y propios, se me tornaron de una belleza mágica y cautivadora. Puede que, en nuestros tiempos, nos cueste entender la importancia crucial que tuvieron los trabajos y estudios de estos pensadores para el desarrollo científico posterior; el hecho de disponer de imágenes, aunque sean ficticias, suponen una mano amiga hacia una imagen más cercana y entendible.

En resumidas cuentas: Agora es una película fantástica, con una temática absolutamente contemporánea, con un guión profundo, vibrante e interesante; con una factura técnica prácticamente perfecta, como nos tiene acostumbrados el señor Amenábar… No hay muchas pegas que poner, la verdad…

Evidentemente, no es una película perfecta: hay actores que se ven sobrepasados por sus roles, pero son compensados por actuaciones brillantes, emotivas y de gran credibilidad. Ejemplos de esto último: Rachel Weisz y Max Minguella. Los planos “a lo google earth” (como muchos los han bautizado) pueden llegar a cansar un poco, aunque yo los considero muy certeros para incentivar la idea de que los avances astronómicos narrados son mucho más cruciales en la historia de la humanidad que los acontecimientos puntuales de los seres humanos que habitaban Alejandría, o el mundo en general, en ese momento.

Leyendo una crítica de un usuario de filmaffinity he podido conocer datos muy interesantes sobre el contexto histórico de la película. Por ejemplo, el lugar asaltado por los parabolistas cristianos no corresponde a la Biblioteca de Alejandría, sino al Serapeum (de hecho, ahora creo recordar que se utiliza esa palabra en los diálogos, aunque me pasó desapercibida al primer momento), que era el templo dedicado a Serapis, el dios ese egipcio que tenía el jarrón en la cabeza. Allí, se guardaban los restos de la anterior biblioteca de Alejandría, desaparecida o destruida con anterioridad a ese momento.

Leyendo la crítica de otro usuario de filmaffinity, he podido saber que Amenábar leyó varios libros de Carl Sagan, sirviéndoles de gran ayuda. En uno de ellos, Cosmos, el escritor idealizaba a Hipatia como “un atisbo de razón antes de que la sinrazón humana nos trajera siglos y siglos de Edad Media y oscurantismo”. Este mismo usuario comienza su crítica con una cita de otra obra de Sagan que me parece simplemente maravillosa:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que conoces, o del que has oído hablar, cada persona que existió y vivió su vida. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas, cada héroe y cobarde, creador y destructor, rey y campesino, cada pareja enamorada, madre y padre, niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, ‘superestrella’, ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

Carl Sagan. Un punto azul pálido.

Como han podido ver muchos espectadores de la película, estamos ante una obra cinematográfica de interés cultural e histórico. Un film moderno sobre cómo han actuado los seres humanos, y donde podemos ver el resultado actual, o la repetición de lo mismo en nuestros días. Según hacia donde llegue nuestra vista, supongo…

Finalmente, me gustaría hacer una mención especial a la banda sonora de Agora, que en este caso la firma el compositor italiano Dario Marianelli, ganador del Oscar por Atonement. Marianelli escribe una partitura honesta, nada melodramática ni tramposa, con un tema principal, de apoyo a la protagonista, que lucha por salir e imponerse a otros temas intensos y contundentes, basados en el empleo de instrumentos étnicos (como el duduk, instrumento de viento muy utilizado en países como Armenia), voces de lamento, coros y música sinfónica. Es la primera vez que el director de Tesis no crea su propio soundtrack, pero la envergadura de la película parecía requerir a un artista musical más redondo y ambicioso. Creo que la decisión ha sido muy certera, ya que el apoyo musical funciona a la perfección con el metraje.

No creo que haya dudas al respecto de que recomiendo fervientemente esta película a todos y cada uno. Simplemente, avisar de que Agora no es Gladiator, ni Ben-Hur (afortunadamente…), ni nada por el estilo. Aunque tenga factura de peplum, es una película divulgativa y personal… de cosecha propia, le coloco el adjetivo de espectacular.





De vuelta para firmar

13 04 2009

Las vacaciones de Semana Santa llegaron a su fin. Han sido unos días muy productivos. Por un lado, con mi hermana y su camino hacia la profesión de su vida. Por otro, con mi padre y nuestro placer mutuo de ver buenas películas; ya sea Elephant, ya sea Gran Torino, ya sea Good Night and Good Luck.

En medio, salidas nocturnas, y no tan nocturnas, con mis amigos; los de toda la vida. A algunos no los he podido ver, pero queda pendiente para mi próxima vuelta a las raíces.

Hoy empecé, esta vez de verdad, a trabajar. Firmé mi contrato de un añito (prorrogable a cuatro, espero), me dieron mi bata blanca y manos a la obra. Hoy sólo tuvimos una extracción y cuantificación de proteínas; en los ratos libres, a estudiar, que tengo muchos conocimientos que adquirir en este cerebrito mío, que no le doy descanso.

pipeta

Estoy feliz de poder comenzar mi andadura en este proyecto de investigación, de manera oficial y legal. A dónde llegaré, quién puede saberlo… ¿Quién quiere saberlo? Yo prefiero sorprenderme.





Ciencia y tecnología

22 09 2008

Leyendo la magnífica recopilación de artículos y charlas de Umberto Eco titulada “A Paso de Cangrejo”, me encontré con una visión muy acertada de la relación actual entre la ciencia y los medios de comunicación:

Los medios de comunicación de masas a menudo acusan a la ciencia de ser responsable del orgullo luciferino con que la humanidad avanza hacia su posible destrucción, y al hacer esto confunden evidentemente la ciencia con la tecnología. No es la ciencia la responsable del armamento atómico, del agujero en la capa de ozono, del deshielo, etc.; en todo caso, la ciencia todavía es capaz de advertirnos de los riesgos que corremos cuando, utilizando tal vez sus principios, nos dedicamos a crear tecnologías irresponsables.

En efecto, aunque la tecnología se vale de la ciencia, no es ciencia propiamente dicha. La ciencia es fruto de la curiosidad, como lo es la filosofía y, en general, cualquier fruto intelectual de las inquietudes humanas. Esta curiosidad natural desemboca en observación, análisis sistematizado, pruebas y razonamiento, obteniéndose el conocimiento científico.

La tecnología, sin embargo, abarca todas las habilidades desarrolladas por la humanidad para producir objetos y máquinas que mejoren y satisfagan las necesidades de cada tiempo histórico. Es decir, la tecnología es la acción física y real que hacemos para crear el mundo en el que vivimos, valiéndonos del planeta.

Pero claro, es mucho más sencillo para un periodista medio decir que el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera es el resultado de la investigación científica, y no de las refinerías de petróleo, del humo de los transportes… La prensa, a nivel científico, no suele siquiera acercarse a la realidad; es por ello que la mayoría de las personas que realmente desean estar enterados de las investigaciones, sean de una rama u otra, acuden a las revistas especializadas y se esfuerzan por entender artículos científicos o semicientíficos.

Evidentemente, no hay que olvidar que considerar la ciencia como el saber supremo es un error, ya que las pruebas y metodologías aplicadas en la investigación son realizadas según unos parámetros que, en infinidad de ocasiones, no se acercan ni por asomo a la realidad. Pero resulta que la realidad es tan infinitamente compleja que no puede analizarse directamente.

Todas las ramas científicas no son más que simplificaciones de lo que existe, ya que la física no es o está separada de la biología, sino que ambas suponen miradas de distinta índole a una misma cosa: todo lo que nos rodea, incluido nosostros.

¿Será capaz la tecnología de frenar su evolución y progreso si la ciencia demuestra que, de no hacerlo, nos condenaríamos a la autodestrucción? El tiempo lo dirá…





Mi cerebro, mi vida

31 08 2008

El cerebro es el órgano del que menos sabemos, pero del que más dependemos. Nuestra realidad, lo que creemos que es verdad, que existe, es el resultado del funcionamiento de esta masa neuronal tan compleja… ¿o tan desconocida? Porque la historia de la ciencia, si algo nos ha enseñado, es que las cosas complejas no lo son una vez creemos que las comprendemos. Por tanto, todo es una cuestión de adjetivos, que nosotros mismos vamos colocando, a nuestro parecer, y por necesidad, puesto que nos volveríamos locos sin poder juzgar, calificar, valorar… en definitiva, adjetivar todo lo que nos rodea.

Mi cerebro es, podríamos decir, uno más de todos los existentes, en todas sus formas y tamaños, desde el de una mosca al del panadero, que posiblemente sea chino. Al mismo tiempo, es único, ya que su funcionamiento resulta en una realidad, que es la mía. Por tanto, no debe ser una excesiva pérdida de tiempo expresar, a través del lenguaje escrito, lo que va recreando, lo que va moldeando… es decir, mi vida. Porque explicar lo que ocurre en mi vida, desde mi punto de vista, es una forma poco profesional de explicar el funcionamiento de mi propio cerebro.

Así pues, queda inaugurado el portal directo a mis neuronas, el lienzo de cada instante de mi vida. Queda inaugurado “El Cerebro de Mapki”.