Desahogo

7 02 2011

Esta semana liquidaré una de mis cuentas pendientes, ya que terminaré los odiosos exámenes del máster de doctorado que he tenido que hacer, con vistas a poder leer la tesis algún día. La transición al plan Bolonia no me pilló durante la carrera, pero sí lo ha hecho en cuanto a los cursos de doctorado, los cuales han desaparecido por siempre jamás y se han convertido en un señor máster.

Uno de los talones de Aquiles de formar parte de la transición es que todos los demás que te rodean, tu jefe incluido, no han vivido esa transición; y comienzan contigo dicha adaptación. Yo tengo la gran y enorme suerte de contar con un jefe que, por edad, trayectoria y forma de ser, a pesar de que detesta que tenga que hacer estos estudios para poder aspirar a completar mi proyecto en el laboratorio; comprende a la perfección que tengo que hacerlo e intenta no añadir presión a la ya situación forzada de venir la mitad del tiempo al laboratorio.

Menos mal que he tenido dos compañeras maravillosas con las que he compartido este “infierno”, como llamamos a estos cuatro meses en los que hemos tenido que continuar, con mucho esfuerzo y la mejor organización posible, nuestros trabajos en el laboratorio, a la vez que íbamos a clase, hacíamos mil trabajos y, ya por último, estudiábamos los exámenes que ahora estamos haciendo.

Sorprendentemente, a dos días de los dos exámenes más difíciles, que están seguidos en fechas por cierto, no me siento especialmente estresado. No sé si es que estoy más positivo de lo habitual, pero siento que controlo más o menos todo lo que está pendiente, lo cual es mucho. Sé que me espera un invierno-primavera en el labo con la soga deseosa de alcanzar mi cuello, pero estoy tranquilo, y así voy a intentar seguir estando…

En esencia, he aprendido dos cosas de esta experiencia trabajo-máster: una de ellas es que el nivel de organización y planificación siempre puede mejorarse, ya que hace seis meses me daba horror pensar en todo lo que me esperaba en esta época. El primer mes fue muy estresante, lágrimas incluidas, pero con el apoyo de amigos que desmerezco, recuperé fuerzas y continué mi camino.

En segundo lugar, estos meses me han desenmascarado a las personas que no valen la pena, y me han destacado a las que sí lo valen. Mis amigos de Madrid son, hoy, mucho más amigos que antes, ya que han demostrado una paciencia infinita conmigo y el poco tiempo que les he dedicado estos meses. Siempre os agradeceré que hayáis estado ahí, día a día, para darme fuerzas cuando he estado hasta las narices de todo y más allá; cuando he echado de menos estar en casa, con mis pilares vitales; cuando he tenido que decepcionarme por personas que me han mentido durante mucho tiempo.

A todos vosotros, y a mis amigos de toda la vida, gracias hasta el infinito, y os anuncio que vuelvo a ser más libre, ¡por fin!. Y a mis compis, con las que creé el grupo “RAMAJE s.l.”· (jeje), gracias por compartir las clases, los trabajos, los agobios, las risas y las lágrimas. Ha sido una pesadez eterna, pero con vosotras todo ha fluido infinitamente mejor.

Creo que ya está bien por hoy de dedicar tiempo a mis neuronas estudiosas y más que trabajadoras. Volvamos al tiempo presente…

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Últimas películas visionadas

8 01 2011

Sé que tengo mucho que estudiar; que tengo que preparar el trabajo de terapia en cáncer; y el dichoso ejercicio de bioinformática… ¡Que no falte! Pero bueno, hoy tengo un día triste por un amigo que lo está pasando muy mal en estos momentos, y al que apoyo, quiero y espero que pase lo mejor posible este momento tan doloroso (¡Fran Guapo! ¡Mucho Ánimo!). Así que me voy a permitir, Oh My God!, escribir un poco sobre cine, que hace mil y un días que no hago caso a mis neuronas cinéfilas.

Pues bien, para recuperar esta parte que tanto me gusta del cerebro, voy a echar un ojo a mis votaciones en FilmAffinity y a comentar mis sensaciones con las últimas 5 películas que he visto en el cine; y con las últimas 5 películas visionadas en casa.

Películas vistas en el cine:

The Social Network” (La red social), de David Fincher. Película sobre la creación del facebook por la persona del año según la revista Time, Mark Zuckerberg, que parece va a triunfar en todos los premios de este año, aunque ya veremos. La película está muy bien planteada, y destaca sobre todo por un guión que funciona a la perfección, un reparto en estado de gracia a pesar de la juventud de los protagonistas; y una dirección precisa y de enorme calidad. Es un film muy bueno, que se disfruta y que se aleja de los biopics al uso, pero no creo que sea la mejor película de este año, ni en Estados Unidos ni en ninguna parte. La escena de la carrera de remos me pareció brillante.

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I (Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte I), de David Yates. Otro capitulito de las andadas del joven mago inglés más famoso del mundo, literario y cinematográfico. Yo no soy seguidor de la saga, por lo que intuiréis que no vi la película porque espere cada episodio, cada vez que va a salir. La tercera parte de la saga me gustó mucho, sobre todo por todo el tema del juego con el tiempo que se narra. Esta película me pareció, como siempre, muy espectacular y digna de ver en pantalla grande. Pero la historia narrada es eternamente aburrida. Creo que me he convertido en un experto en bosques británicos, ya que es lo que veo todo el tiempo: un bosque, y otro bosque, y un tercero, etc etc. En resumen, película muy bien hecha, pero argumento hastiado.

Chloe, de Atom Egoyan. Película sobre la incursión de una prostituta en la vida de una familia de clase media alta, en una ciudad canadiense. El reparto, encabezado por una siempre excelente Julianne Moore, lo componen actores y actrices que se implican con sus personajes de una forma muy sensible y humana, lo que se agradece mucho. El film tiene cambios de ritmo muy interesantes, y un desenlace que te deja bastante con la boca abierta. Fui a verla sin demasiadas expectativas, y me fui con un más que buen sabor de boca. Chloe es muy, muy recomendable.

Balada Triste de Trompeta, de Álex de la Iglesia. Me considero bastante fan del imaginario de este director tan atípico del cine español, afortunadamente. Técnicamente, la película es de una calidad tremenda, y el argumento es, como siempre, cercano al absurdo y al sin sentido. Eso no quita que el film se disfrute hasta el extremo de desternillarte de la risa en gran parte de la trama. Por supuesto, la forma de plantear el franquismo de los años 70 e hibridarlo con esta delirante historia de payasos es genial y mucho más de agradecer que esas películas-semi documentales-dramonazos bélicos a los que nuestro cine nos suele tener acostumbrados cuando narra esa parte de nuestra historia. Sé de buena tinta que hay mucha gente que no pensará, ni por asomo, lo mismo que yo. Pero yo recomiendo esta película, y la recomiendo para el cine, porque las últimas escenas en el Valle de los Caídos es más que digna de ver en pantalla grande.

The King’s Speech (El discurso del rey), de Tom Hooper. Junto a La Cinta Blanca y Origen, esta brillante y más que británica película es la que más he disfrutado y mejor me ha parecido en los últimos meses. No hay un solo segundo alejado de la calidad cinematográfica en este interesante biopic sobre el rey Jorge VI de Gran Bretaña. La dirección es clásica, pero precisa, sobre todo en cuanto a los actores, extrayendo de los mismos papeles maravillosos, sobre todo del fabuloso y camaleónico Colin Firth, para mí la mejor apuesta para todos los premios de este año al Mejor Actor; por supuesto, Oscar, Golden Globe y BAFTA incluidos. Una historia que podría ser aburrida y pesada se convierte en una trama “in crescendo” que te implica emocionalmente hasta el final. Magnífica, cercana a la perfección, The King’s Speech es una de las películas fundamentales en este momento.

Películas vistas en casa:

Zivotr je Cudo (La Vida es un Milagro), de Emir Kusturica. Reconozco que las películas anteriores que he visto de este director servio me han fascinado, y esta maravilla no fue diferente. Este film es de una belleza humana infinita, y aunque por momentos es muy crudo y triste (ya que estamos en plena guerra civil yugoslava), el director te muestra la historia de unos personajes entrañables, que con muy poco y circusntancias muy complicadas, son capaces de ser felices. No tiene un tono realista, sino más bien una atmósfera cómica que se torna en canto a la vida y a la, al menos, búsqueda de la felicidad. Una joya del cine europeo y mundial, que recomiendo a todo el que necesite sonreir.

A Single Man (Un hombre soltero), de Tom Ford. Película que tuvo una enorme repercusión cuando se estrenó, en 2009; por ser la primera película del famoso diseñador de moda; y por la interpretación del actor británico Colin Firth, más allá que elogiada por la crítica. Pues bien, efectivamente Mr Firth asusta por lo cercano a la perfección a la hora de ejecutar un papel caracterizado magníficamente y con tanto dominio emocional, en este caso harto complicado. A pesar de ello, para mí la película es el ejemplo de cómo un director rueda como si tuviese estilo, pero no lo tiene en absoluto. La estética del film, muy cuidada y calculada, me resulta pesadísima, sobre todo los cambios de luz y la dualidad pretendida en la imagen, según la escena. No puedo decir que es mala, pero me sentí muy decepcionado con esta película. Por supuesto, el recital interpretativo de Colin Firth vale la pena de sobra, aunque la película no se lo merezca.

Ghost in the Shell, de Mamoru Oshii. Película de animación manga, de 1995, considerada de culto y muy analizada y querida por muchos amantes de este cine. La historia narrada me fascinó, sin nada que envidiarle a grandes clásicos de la ciencia ficción, como Blade Runner o Metropolis. Todo lo que ocurre y se cuenta te intriga y sólo quieres saber más y entender lo que está ocurriendo en esta enorme y futurista ciudad asiática, repleta de hombres y mujeres cyborgs. El dibujo, muy artesanal, es muy bello y se disfruta enormemente. No suelo ver películas de este género, y no sé mucho en consecuencia. Pero yo recomiendo este film para cualquier persona que quiera evadirse un rato en un mundo del futuro muy especial y atrayente.

Inglourious Basterds (Malditos Bastardos), de Quentin Tarantino. Muchas personas de mi alrededor quisieron verme colgado de una soga al no visionar lo último de Mr Tarantino en el cine, así que era casi obligatorio verla en casa, al menos. Una vez más, este director tan seguido en el mundo se lo pasa en grande, esta vez matando nazis y creando una historia inventada de cómo se podría haber acabado con Hitler y compañía. La dirección es, como viene siendo habitual, excelente, y el guión tiene momentos de enorme brillantez casi literaria. La historia es muy absurda si conoces, como conocemos todos, lo que ocurrió en realidad; pero es muy divertida si te olvidas de la realidad histórica. El papel de la “dueña del cine” (hasta aquí puedo leer) es muy hermoso, y el reparto en general, con una formidable mezcla de orígenes (actores estadounidenses, alemanes, británicos, franceses etc etc), es un regalo cuando interactúan todos en semejante narración. Por supuesto, es un placer ver la calidad interpretativa del multipremiado Christoph Waltz, que creo da una lección tras otra de qué es un buen actor. Muy recomendable, en todos los sentidos.

Ordet (La palabra), de Carl Theodor Dreyer. Esta obra maestra del cine, dirigida por el gran, en mayúsculas, director danés Dreyer, es una delicia visual y una historia contada desde la sensibilidad y el más estricto ojo crítico, que narra las especiales circunstancias acaecidas a una pequeña comunidad rural de la región de Jutlandia (Dinamarca). La fe cristiana es el motor y tema central de esta historia, analizada desde puntos de vista dispares, pero sin salir de la determinante influencia de la religión en estas personas. Me fascina el uso de la luz, como lo suele hacer Bergman en sus películas (las influencias se evidencian). Los actores crean papeles hermosos y entrañables, y el final es imposible pero de una belleza infinita, apostando por el amor y el cariño entre los seres humanos. Un regalo a la vista y a la sensibilidad, Ordet es una de esas películas que hay que ver antes de morir.

Y esto es todo lo último que he visto. Me ha encantado recordar cómo viví cada una de las películas, me gustasen más o menos. Creo que ya he desconectado suficiente por hoy, así que abandono la magia del cine y vuelvo a la realidad, no tan mágica…





Definiciones de felicidad

30 12 2010

A más tiempo pase, con más certeza siento que la única realidad posible está en algún rincón de la imagen que percibo. Es muy probable que la propia realidad, o mi realidad, sea el colmo de la subjetividad. Pero eso es lo que es y está, aquí y ahora, delante de mis narices; y sólo puedo agarrarme y apoyarme en esa imagen para definir lo que siento como vida. Esa vida está en continua evolución, para los que nos gusta Darwin; o en imparable progreso, para los optimistas antropomórficos; o en imparable perfeccionamiento, para los ciegos de vanidad. Da igual el vocablo a utilizar, el tiempo se inventó para medir nuestro paso, y eso es lo que hacemos, caminar hacia no sabemos dónde, porque ninguna hipoteca, ni ambición profesional, ni proyecto personal puede siquiera dar pistas de qué pasará luego.

La mayoría asumimos este hecho de incertidumbre la mayor parte del tiempo. Yo, de hecho, sé que nada puedo controlar, aunque me gusta jugar a que tengo metas que alcanzar, y objetivos que cumplir. Pero asumo la vacilación de mi existencia “sin vacilación”, y denomino ese acto “vivir”. Lo divertido, lo genial de este caminante ciego es que, incluso con la venda colocada en su sitio, atisba de vez en cuando flashes de realidad descontrolada, punzantes como el mejor picador de hielo, que desvirtúan esa senda, ya de por sí bastante sinuosa, para enfocar mi atención en lo que yo llamo “fantasmas”, nombre que, puede ser, hagan más atractivo a lo que simplemente son inseguridades y asuntos sin resolver, hablando en plata.

No creo que sea el primero ni el último en “cargar” con ciertos asuntos solo cruciales y fundamentales en uno mismo; de hecho, para mí madurar significa no conocerse a sí mismo, o tener cada vez una personalidad más definida, fuerte y determinante en la vida. Para mí, madurar es conocer cada vez mejor, esos “fantasmas”, y llegar a tener el valor suficiente como para admitirlos, que es en esencia la única forma de que comiencen a desaparecer. Pero estos pequeños cajones secretos de la consciencia tienen una valiosa ventaja, y es que son el mejor detector de personas que valen la pena, al menos en esa imagen que cada día ves, tienes o imaginas, y a la que llamas “vida”.

Que los miembros más cercanos de tu familia sean personas de ese tipo es el mejor punto de partida posible. De hecho, quien carece de eso seguramente tenga una vida mucho más dura, sea cual sea su circunstancia, ya que la base emocional que supone en esas “imágenes” que has de vivir es tan necesaria como respirar y comer. Yo me siento afortunado de haber tenido verdaderos seres humanos hermosos, ricos e imperfectos, aunque cercanos a la perfección desde mi subjetivo y endeble corazón. Dos de ellos dejaron de aparecer en mi imagen, cada uno en una parada del recorrido diferente, pero aún noto sus dedos moldeando mi imaginado cuerpo. Mamá, abuelita: añoro vuestros dedos arcillosos, pero intuyo y recuerdo cada vasija, cada cuenco. Otros dos siguen en el oficio de mi moldeado, y a veces me dejan que yo también me moje las manos de arcilla. De hecho, los imagino como pilares en los que descansar, y apoyar, y recuperar el aliento. Papá, Irene: cada aliento exhalado, cada pie apoyado en esta enorme ciudad, o en la arena del mar, o en el cuarto de cultivos, o en las vías del tren, es por vosotros, y de vosotros por mí.

Pero la imagen que te responde a lo que tu vida es cada instante también la componen otras personas, que vas encontrando mientras recorres la senda sinuosa, muchas de las cuales son temporales, y otras apuestan por tu camino, y te dejan participar en el suyo. Estos son los amigos… Amigo. Parece una palabra simple, una idea más de nuestra cultura, de nuestro pensamiento. Pero siento o sé, o lo que sea que viva o imagine, que mi camino tiene, tuvo y tendrá amigos porque los necesita; porque si no todo sería desierto, arena, sol, calor y sufrimiento en la nada. Porque son alfareros obligados que han de moldear también a esta cabeza loca, aunque a veces encuentren o intuyan mis propios fantasmas, o te hagan sufrir, o te desilusionen.

Si ya es subjetivo declarar mi senda como mi vida, mucho más allá del colmo es definir, según el recorrido hasta la fecha, lo que es la felicidad. Lo peor de todo es que, cada vez que me lo pregunto, lo respondo de una forma. Felicidad es que mi hermana vaya a ser madre. Felicidad es que una de mis mejores amigas haya encontrado trabajo. Felicidad es cuando mi padre se ríe del goloso de su hijo, que se come los dulces de su pastelería favorita como si continuase siendo aquel gordito y pequeñito chiquillo de pecas y colores. Felicidad es recordar la frase de mi abuela “Creo que te he contado esta historia antes… ¡pero te la voy a volver a contar!”. Felicidad es que dos barbudos geniales sean ya señores doctores y triunfen con sus papers y demás logros. Felicidad es que mi amiga la ecijana-onubense me recuerde una y otra vez lo mala que fue la película de las dos parejas, y los cuernos, y todo lo demás. Felicidad es hacerle una foto a la luz de la luna hecha persona en el andén 9 3/4. Felicidad es escribir definiciones y definiciones de la felicidad mientras escucho influencias islandesas de cierto amante de la música de cine y los videojuegos…

Felicidad es emocionarme como un idiota mientras escribo todas estas definiciones de felicidad, que seguramente sólo tienen sentido en mi diccionario particular. Miedo, que no felicidad, es esperar la entrada de un nuevo año, y no saber como va a ir el embarazo más esperado de mi vida; o qué amigos seguirán de alfareros en mi vida; o qué alegrías y disgustos me darán mis pobres celulitas; o cuán cerca, cuán lejos, está esa vieja amiga llamada “Soledad”… ¡Uy! ¡Ya tuvo que salir uno de los fantasmas! ¡Si es que aprovecháis cada lágrima, cada despiste emocional…

Aún así, o por todo eso, me encanta la imagen con la que vivo, y que es mi vida. Y eso ha de ser suficiente para ser feliz… aunque no tenga muy clara la definición…

¡Feliz Año Nuevo a los Alfareros del Mundo! Del mío, y del resto…





Reconciliándome con mi cerebro

24 10 2010

Querida masa de neuronas del piso de arriba:

Sé que te tengo no olvidada, ni abandonada… más bien, lo siguiente. Pero tienes que entender que, si en ocasiones te he informado de cuán ocupada ha estado mi vida, ahora esa ocupación roza máximos insospechados. De hecho, por casa palabra que te dedico, siento en mi interior el peso de todos los segundos… ¡que estoy perdiendo! ¿Puedes creerme?

Además, tampoco me has ayudado mucho tú últimamente. Seguramente, la falta de inexperiencia ha sido determinante en este caso. Esa sensación y constante pensamiento, cuando estoy trabajando, de que no voy a terminar lo que estoy haciendo, y que mi planning de trabajo nunca va a ser completado, es de total actualidad en mi cabecita de chorlito. Porque claro, en breve, cada día, he de irme a clase del Máster, así que no puede ser de otra manera…

Espero, querido cerebro, que aprendamos juntos, a la mayor brevedad, que no se puede pretender mantener el ritmo en el laboratorio teniendo clases diarias por la tarde (y trabajos, y apuntes… y lo de más allá). Además, la vida es vida incluso con Máster de las narices, así que aún han de quedarme huecos en alguna que otra neurona para disfrutar de mis amigos, reírme de lo lindo hablando con mi hermana por teléfono, seguir preocupándome y apoyando a mi padre y sus problemas visuales (pobre mío…), echando de menos a amigos de verdad, de los que me moldean el corazón (ya estén en Sevilla, Arrás, San Juan del Puerto, London, Campo de Gibraltar…) y, en definitiva, vivir la vida tal como venga, con altibajos o sin ellos.

Es por eso, querido cerebro, que te tengo tan olvidado. No sé cuándo volveré a retomar tus sinapsis virtuales, pero por ahora sólo doy señales de vida. Me temo que has de conformarte, aunque no dejes de quejarte para que no se me olvide mi necesidad de hacerte caso. Gracias por seguir ahí arriba, haciendo lo que puedes con etapas caóticas de mi vida, como la actual.

Te mando un paquetito dedicado con canales de calcio para que te distraigas. ¡Que los disfrutes! xD





Y ya van dos

31 08 2010

Parece mentira cómo pasa el tiempo. Hoy mi cerebro cumple dos años de sinapsis cibernética, y lo celebro porque a veces no es fácil escribir, aunque sean banalidades de la vida o comentarios cinéfilos de andar por casa. Lo más destacado para mí es que me cuesta imaginarme sin el blog; a pesar del tiempo que he podido tardar, en ocasiones, a la hora de publicar algo nuevo; o de las vueltas que le he dado a ciertos comentarios personales por temores, o cobardías.

Delante de estas dos velitas, me deseo muchos posts, muchas ganas de escribir, ya que me ayuda sobremanera a expresarme, y a liberarme de ciertos fantasmas que rondan mis neuronas de vez en cuando. Además, los comentarios de cine los disfruto mucho, y han de seguir, al tiempo que mi afición por el séptimo arte.

¡Hasta el año que viene! La próxima, tarta de moka…





No quedan días de verano

22 08 2010

Soy completamente consciente del largo tiempo que mi cerebro ha estado apartado de esta ventana virtual de su existencia. Como siempre, lo importante es retomar en algún momento, y aquí estoy, varias semanas desde que comenzaron mis vacaciones; y un par desde que acabaron y volví a la realidad laboral y urbana de la capital.

¿Cómo se pueden resumir tantos días, tantas semanas? La tarea es complicada, y es por ello que desecho la posibilidad de llevarla a cabo. Más fácil que eso, y más cercano a la realidad reciente de mis neuronas, es la narración de mi sensación actual sobre lo vivido; así, sólo saldrán a la luz los hechos importantes, los más divertidos, conmovedores o impactantes de este verano cuyo final voy intuyendo.

La vuelta a casa siempre comienza con una sensación de recarga. Ya me acerco a los dos años en el laboratorio, y la necesidad de vacaciones, de desconexión de la responsabilidad; la he experimentado mucho más que el primer verano laboral. Y así, dicha necesidad irá incrementándose a lo largo de los años, aunque también cambiarán más cosas; así que dejemos de predecir futuros que aún no existen.

Este año, era para mí especialmente importante volver a casa en vacaciones. En primer lugar, quería estar con mi padre, verlo, hablar con él… Creo que es la primera vez en mi vida que mi padre necesitaba desahogarse de verdad. Le ha venido un poco grande toda esta historia de la vista, sobre todo porque hace mucho ya que ha dejado de hacer lo que más le gusta en este mundo: leer. Espero haber sido capaz, en las dos semanas que estuve, de transmitirle paciencia y tranquilidad, y la seguridad de que, como ya sabe, no está solo en esto, como no lo estará nunca, bajo ninguna circunstancia.

Ay cómo añoraba las tardes de playa con mi hermana. Este año, me he percatado de que tanto ella como yo hablamos por los cuatro, ocho o dieciséis costados. Bueno, hubo una vuelta de un viaje a cierto festival, donde ya quedé avisado de lo “persiana humana” que puedo llegar a ser. Pero tampoco pasa nada ¿no? Hablar es gratis, y con mi hermana más bien es un incentivo vital que ambos necesitábamos.

En cuanto a mis amigos de toda la vida, pues han sido unos días geniales, como viene siendo habitual desde hace unos años. Además, ha estado el incentivo que supone para todos la inminente boda de una estrella en la Tierra como es mi Cathy y su Raúl de su alma, que con los años se ha convertido también en un amigo muy querido. Creo que nunca vamos a olvidar ese día, del cual quedan un par de semanas, porque es que personas como Cathy hay muy pocas en este mundo, la verdad.

A alguien que también esperaba ver con ansia es a Nacho, básicamente mi mejor amigo, una de las personas que mejor me conoce, y que mejor conozco. Este año ha sido duro para él, con las malditas oposiciones, y merecía un descanso como nunca. Si yo creyese en los talismanes, Nacho sería uno de los míos; no concibo la vida sin él, por muy empalagoso que suene. Espero poder ir a visitarle en su estancia como profesor en Francia, y darnos nuestras excursiones, como cuando estuvo en Tours de Erasmus. ¡Qué recuerdos!

Gracias a la presencia de unos viejos amigos con los que había perdido bastante el contacto, estas vacaciones han tenido un cierto carácter “revival”. El creador del mote que me ha perseguido y caracterizado desde entonces bajó de vacaciones desde la ciudad de Séneca, y pasamos unos días de fiesta y playa muy buenos, poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas. Además, también retomé contacto con otros amigos comunes al cordobés, y he disfrutado mucho de ellos, sin esperarlo lo más mínimo. Todos hemos cambiado mucho, pero sabemos volver a lugares comunes para reconocernos y que el pasado se convierta en historietas divertidas para contar justo antes de dirigirnos a la caseta de la feria.

Y esos días llegaron a su fin. Recargué pilas, mis neuronas me agradecieron el descanso de papers, electroforesis, reals times y un largo etcétera; y quedé como nuevo para retomar la rutina laboral. Lo mejor de todo es que no la retomé enseguida, ya que este año, como novedad, pasé unos días por mi cuenta, hecho que espero se convierta en una costumbre de ahora en adelante. El lugar elegido fue Lanzarote, y no pude disfrutar más esos días. Vaya lugar más maravilloso, tan distinto a todo lo que haya visto, con esa paleta de colores arcillosos y magmáticos. Y la gente que me acogió no pudo ser más genial; disfruté cada minuto allí gracias a todos ellos.

Además, ocurrió una casualidad perfecta, y es que una pareja muy festivalera que conozco de Madrid, y que tengo la suerte de disfrutar en mi vida madrileña actual; se fueron también a la isla unos días. Casi todo lo que hice lo hice con ellos también, y todo fue mucho más divertido, y más disfrutable. Espero tener casualidades tan estupendas en el futuro, porque es que planeado no hubiese salido mejor.

Y ya está, el verano fuera de la capital finalizó para mí. Aún me queda una semana que pasaré con mi padre en el norte de la península, pero eso será ya en Septiembre, así que son vacaciones de otro tipo, aunque disfrutables como las que más.

En estas dos semanas, aparte de retomar el trabajo y empezar a ver a mis chicos y chicas del curro, que añoraba como ahora añoro a los del hogar, he pensado mucho en mis amigos y en la relación que tengo con ellos. Hasta este verano, mi implicación personal creo que ha sido un poco excesiva, ya que una de las sensaciones que tuve cuando llegué a mi casa era como una especie de cansancio emocional. Me doy cuenta de que me preocupo demasiado por el estado anímico y personal de los demás, y me olvido en demasía del mío propio.

Para que ese agotamiento interior no vuelva a repetirse el verano que viene, me lo voy a tomar todo con más calma, dejando a cada uno con mucho más espacio, y crear universos comunes con más oxígeno que respirar. Además, como en breve voy a empezar el máster de doctorado, me viene que ni pintada esta nueva actitud que voy a adquirir.

Otra decisión que he tomado es que he de redirigir mejor mi tiempo hacia mis amigos. Algo que noté justo antes de irme a mi pueblo, y que me entristeció un poco, fue que hay personas a las que les dedico mucho más tiempo del necesario; mientras que a otras, que muy probablemente me han necesitado incluso más, apenas les he concedido poco tiempo en común. Estaré más atento para observar y sentir con quien he de estar, aunque seguro vuelvo a cometer errores, conociéndome…

Muchas decisiones, muchas reflexiones… y muchas ganas de seguir con mi vida aquí, con mis escapadas de vez en cuando, con los que quiero y con las experiencias que me esperan. Sigo sintiéndome afortunado de mi propia humanidad, y del tipo de vida que estoy viviendo.

Y sigo con neuronas ansiosas de expresar sus ideas, incertidumbres y opiniones… pero dejaremos la fecha abierta para el siguiente capítulo…





Adaptando con estilo

13 06 2010

Hace ya unos meses que me regalaron un pack de cinco DVDs del director estadounidense James Ivory. Las cinco películas incluidas siguen una constante común inicial: las adaptaciones literarias. No todas las películas de este reconocido director provienen de la literatura, pero sí las más conocidas y reconocidas de su prolífica carrera en el séptimo arte. No puedo afirmar que, entre ellas, estén sus mejores películas, ya que habría que visionar su filmografía completa; pero ninguna de ellas son, ni mucho menos, mediocres u olvidables.

The Bostonians (Las Bostonianas), del año 1984, cuenta la historia particular de unas mujeres que pertenecieron al movimiento sufragista por los derechos de la mujer surgido en Boston en el siglo XIX. Los tres protagonistas, dos mujeres y un hombre que se interpone entre ellas, viven una interesante trama dramática al mismo tiempo que participan de este movimiento histórico-político.

Ya en esta primera película del pack, el director muestra su buen hacer a la hora de adaptar una, seguramente, interesante novela. El argumento muestra un dramatismo muy bien engalanado con los actos políticos que ocurren, y se perciben con acierto contrapuntos de ritmo entre estos dos aspectos de la historia que nos están contando. Las escenas en las que vemos asambleas y discursos son mucho más enérgicas que las de tintes más personales entre los protagonistas, mucho más suaves y tranquilas.

Los actores están, para mi gusto, poco más que correctos. La actriz que más te cautiva es Vanessa Redgrave, dándole una compleja expresividad a una mujer ambigua y triste. Otro aspecto de la película que me gustó, y que luego vería en las siguientes, es el cuidado artístico de la película. Además, hay escenas cuya fotografía se tornan cuadros, como las acontecidas en la orilla del mar.

Sin duda, The Bostonians es una película interesante y de calidad, aunque no sea de las más recordadas del director.

A Room with a View (Una habitación con vistas), de 1985, es para mí una de las mejores películas de amor que he visto en mi vida. Ya el entorno escénico en una esquisita y maravillosamente rodada Florencia te previene de que lo que vas a ver es algo muy especial. En esta película, una joven inglesa con la típica educación perfecta, pero con un carácter fogoso e imprevisible (encantadora y expresiva Helena Bonham Carter), se enamora de un soñador excéntrico y algo loco (destacable y visceral actuación de Julian Sands). Su vuelta a Inglaterra la hacen prometerse con un estiradísimo caballero inglés (papel más que bordado del siempre genial Daniel Day-Lewis), pero no siempre se pueden seguir las normas establecidas…

La ambientación de la película es un regalo para los ojos. Todo lo que vemos, no sólo los escenarios, sino las reacciones de los personajes, peleas, baños, silencios… tiene un enorme cuidado estilístico y está pensado desde una sensibilidad tremenda. Un detalle muy destacado entre las críticas hacia este film es el recurso empleado en la transición entre las escenas, que recuerda al cine mudo.

En resumidas cuentas, A room with a view es un fantástico melodrama romántico de época, de factura maravillosa para los sentidos y de enorme calidad, donde la sociedad alta inglesa y sus miles de normas sociales salen a la luz y son derrotados por el amor visceral e irremediable de la juventud.

Maurice, de 1987, es una película muy interesante sobre la intolerancia de la sociedad inglesa de principios del siglo XX a la homosexualidad, además de sobre la importancia del primer amor. Además, la diferencia entre clases se aprecia de una manera directa y clara, sobre todo en cuanto a las repercusiones legales que una misma acción delictiva podía tener para un “gentleman” al lado de un obrero o sirviente.

James Wilby, protagonista que da título al film, desarrolla un personaje muy emotivo y cautivador, y es el director de orquesta interpretativo de la trama. El resto del casting está correcto, incluso un jovencísimo Hugh Grant que está, aunque parezca mentira, más que tolerable.

Howards End (Regreso a Howards End, 1992) puede ser la película más conocida y mejor valorada por crítica y público de James Ivory. Todo el argumento gira en torno a una casa de campo que le pertenece a la señora Wilcox y que, tras una fructífera amistad con Margaret Schlegel, le deja en herencia, pero que la familia impide. Luego, todo gira hacia otros derroteros, y esta pintoresca casa es testigo de una trama perfectamente desarrollada y resuelta, donde además de apreciar una vez más la sociedad inglesa de finales del XIX, temas como la desigualdad social, el sentido de la responsabilidad y, lo más interesante, los avatares del destino, son planteados.

Howards End es, según mi punto de vista, de esas películas que lo tienen todo: un guión rico, complejo, que hay que seguir, que se disfruta; una ambientación de calidad, una fotografía con gusto, un montaje de gran estilo; y un casting de esos de sueño, repleto de maravillosas actrices y actores ingleses, tanto los de renombre (Thompson, Hopkins, Bonham Carter, Redgrave) como otros menos conocidos, pero que ejecutan interpretaciones magníficas.

Esta película tuvo una enorme repercusión internacional, que se tradujo en innumerables reconocimientos, como dos premios BAFTA (11 nominaciones) y 3 Oscars (9 nominaciones, incluida Película y Director).

La última película de este pack de Ivory es The Golden Bowl (La Copa Dorada, 2001), película una vez más de época, concretamente principios del siglo XX, donde el amor y el adulterio en la clase alta occidental (ya que se mezclan ingleses, italianos y estadounidenses) son reflejados.

La razón del título es una metáfora, para mi gusto argumentalmente eficaz pero algo facilona, de que las cosas perfectas pueden no serlo; pueden tener grietas, como una copa dorada que quieren adquirir los protagonistas, pero que tiene una grieta no visible a simple vista. Hay muchos temas en esta película, todos relacionados entre sí, como las mentiras y sus consecuencias, la avaricia emocional y material, la influencia de nuestros actos en los que nos rodean…

La trama es bastante interesante, aunque puede ser la película más floja en ese sentido del pack de DVDs, y muy probablemente de la filmografía de Ivory. Sin embargo, la dirección artística de este film es muy destacable, además del vestuario, muy cuidado y espectacular. El reparto está bastante bien, aunque para mí destacan una sorprendentemente creíble Kate Beckinsale (sí, la de la peli esa tan horrible de vampiros contra licántropos, esa misma); y un maravilloso Jeremy Northam, actor inglés que realiza una composición de “aristócrata italiano de tres al cuarto” clavada.

Pues bien, estas son mis reflexiones sobre el pack de DVDs titulado “Ivory Essential”. Sobre todo, resumen muy bien el buen hacer de un director especialista en retratar la sociedad de época, no sólo contando sus historias internas, sino la desigualdad social y las injusticias formales de entonces; siempre apoyándose en textos literarios que despierten en él la creatividad cinematográfica que luego plasma en sus películas.

Espero poder ver algunos films de este director que me faltan, como The Remains of the Day, Jane Austen in Manhattan o The Europeans.