Reseteando mis neuronas

31 05 2009

Como es apreciable por cualquiera, el abandono al que he sometido a mi querido cerebro es ya preocupante. Pero bueno, siempre que quiera volver, me estará esperando, así que aquí estamos de vuelta.

Hay muchas, demasiadas cosas que contar, la mayoría de ellas tan importantes para mí como banales para el resto. Pensé en organizar todo lo que quería expresar en una especie de esquema de contenidos; pero me parece tan absurdo que, simplemente, y en honor a los comienzos, voy a escribir, escribir y escribir… hasta que mis manos, mis ojos o las gotas de sudor me detengan.

Como he ido contanto en entradas anteriores, mis comienzos en el trabajo han marcado los últimos dos meses. Cuando uno espera algo durante un periodo de tiempo considerable, crea muchas expectativas sobre cómo será, a quién conoceré, y un largo etcétera. Lógicamente, las cosas nunca son como uno las imagina, y la realidad se torna peor o mejor, según la perspectiva.

El grupo de investigación en el cual he empezado a trabajar es nuevo, de muy reciente creación, y aún cojea en muchos aspectos. Lo que más me concierne a mí es el hecho de que carecemos de un laboratorio propio en la actualidad. “Se supone” que tendremos uno muy pronto, pero yo y compañeros de trabajo cercanos lo dudamos considerablemente, ya que el hospital donde trabajamos se caracteriza, entre otras cosas, por tomarse su tiempo en cuanto a los cambios, obras y remodelaciones de las infraestructuras.

Además, y por la misma razón, tenemos muy poco material con el que trabajar, por lo que nos vemos obligados a pedir prestado determinados aparatos, soluciones y demás a otros grupos del hospital. A mí me cuesta mucho esta situación y, por ello, siempre insisto a alguno de mis jefes a que asuma su responsabilidad y pida lo que tenga que pedir él mismo, ya que, siendo honesto, a mí se me cae la cara de vergüenza cada vez que he de pedir algo a alguien. Y no porque el resto de grupos sean reticentes a dejarte cosas; de hecho, al grupo que más le pedimos son la antítesis de la antipatía, y siempre te muestran mucha disposición y compañerismo.

Pero, de todas formas, esto de trabajar con material ajeno es algo que llevo mal. Pero bueno, en breve haremos pedidos, así que esta situación finalizará, si todo va bien.

Por otro lado, no puedo estar más contento con mis compañeros de trabajo; concretamente, con mi compañera, que lleva algo de más tiempo y siempre está dispuesta a explicarme y orientarme cuando lo necesito. Mis jefes también son muy majos, y el colaborador… bueno, es algo bastante aparte, pero no hurgaré más en la herida.

También voy conociendo a otros becarios y post-docs de otros grupos, con los que almuerzo y tomo cafés de vez en cuando. Me hacen sentir a gusto, y yo creo que, más o menos, también les transmito buen rollo, ya que cuando un andaluz convive entre no andaluces, normalmente el carácter alegre y tranquilo del andaluz contagia al resto. No es por echarme flores, pero siento que algo así ocurre cuando estoy con ellos.

Bueno, aunque últimamente me lo parezca, no todo en la vida es el trabajo. En el piso sigo conociendo y conviviendo con mis dos soles de compañeras, aunque una de ellas va a dejarnos, lo cual nos entristece un poco. En realidad, lo veo absolutamente lógico, ya que es una chica de veinte años que necesita vivir con gente de su edad, de sus inquietudes y, sobre todo, más cerca de su universidad, ya que el tiempo en transporte público que lleva acumulado es nada despreciable. Así que, durante el mes que viene (que mañana comienza), habrá que empezar a buscar a alguien nuevo, lo cual será harto difícil.

Aunque bueno, yo siempre les digo que me encontraron a mí, no hace mucho, y salió bien, así que seguro que encontraremos a alguien que valga la pena. Y si nos sale rana, pues lo devolvemos a la charca.

Hace unas semanas estuve en Huelva, visitando a una de mis mejores amigas. Me lo pasé genial, y pude conocer un poco la zona de Huelva, con sus marismas, sus calaveras… y su terrible polo industrial, todo hay que decirlo.

Además, coincidió que ese fin de semana se celebraba Eurovision y, obviamente, los vimos en su casa, aunque luego nos llevamos la decepción del año al quedar tan mal. Pero bueno, fue un buen show, que es lo importante. Me siento un poco freak contando estas cosas, pero es que forman parte de mí también, así que ¡qué narices!

Tras ese finde, vino mi padre unos días a visitarme. La verdad es que, para el poco tiempo que tengo entre semana, hemos visitado muchas exposiciones, visto dos pelis en el cine; y almorzamos y cenamos muy bien todos los días. Me vino muy bien verle, aquí en mi relativamente nueva casa. Además, así pudo ver donde trabajo, y se enteró de más detalles sobre lo que hago en el hospital.

Entre todos estos acontecimientos, mi hermana sigue estudiando para las oposiciones, y yo sigo haciéndole las units para su examen oral. Sólo nos queda una para acabar, y ya las podrá imprimir y usarlas en su, estoy seguro, magnífica exposición. Espero que tenga toda la suerte del mundo, ya que esta vez se lo ha currado bestialmente.

Mis deditos empiezan a padecer, así que lo dejo aquí. Prometo solemnemente recuperar mi rutina de expresión cerebral y publicar tan a menudo como antes. 

¡Hasta pronto!

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One response

3 06 2009
Salva

Me alegra verte en marcha…
Si yo te contara mis comienzos en la investigación…, pero claro eran otros tiempos y yo no quiero parecer el “abuelo cebolleta” 😀

Un abrazo!!

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