El cuerpo es el protagonista

19 11 2008

Han pasado muchas semanas desde que escribí por última vez en este blog, exceptuando aquel pequeño post donde explicaba mi ausencia. Todas ellas han estado marcadas por el mismo suceso: mi operación de apendicitis. Al fin y al cabo, tampoco es nada del otro mundo, pero en mi caso es el final de casi año y medio de dolores, virus intestinales y demás, que me han tenido por debajo de mi peso habitual y preocupado en todo momento por cada comida que ingería.

En situaciones como éstas, en las que uno deja su rutina, su vida diaria para dedicarse por completo a recuperarse, es muy soprendente la dimensión que recobra tu propio cuerpo con respecto a tus preocupaciones, sentimientos, anhelos y pasiones. Digamos que, cuando estás enfermo, el cuerpo recupera la posición que debería tener siempre.

En esos días en los que apenas haces nada, en los que vas de la cama al sofá, del sofá al servicio, del servicio al sofá; en los que abandonas tu vida social y laboral (sea como empleado activo o desempleado, como aún sigue siendo mi caso), tu propio cuerpo es el absoluto protagonista. Y, en este contexto, no importan tus pensamientos, tus opiniones y demás sobre tu propio estado. Es el cuerpo, de manera independiente a tu raciocinio, el que se expresa poco a poco, hasta que se recupera, momento en el cual tu mente vuelve a centrarse en tu vida.

Todo esto me resulta bastante contradictorio, ya que parece que mi cuerpo y mi vida son seres independientes, cuando en realidad no hay vida sin cuerpo. La excesiva prisa con la que vivimos nuestros días como individuos nos hace olvidarnos que, para ser individuos, necesitamos nuestro cuerpo y su correcto funcionamiento. Si nos parásemos, de vez en cuando, a dejar de pensar y a “escuchar” a nuestro cuerpo, estaríamos mucho más apegados a la biología de nuestra existencia; en otras palabras, a la vida.

Curiosamente, el término “vida” pasa de ser el periodo de tiempo en el cual tenemos un trabajo, unos amigos, una serie de novias, ligues, etc; una familia, alegrías y desengaños… a ser el hecho de existir. ¿Tan ensimismados estamos con los acontecimientos de nuestro paso por la Tierra que, a no ser que enfermemos y necesitemos recuperarnos de alguna dolencia, no somos conscientes de que somos cuerpos que tienen vida y que nos permiten existir como algo vivo?

Parece que le he sacado bastantes cosas positivas a esto de ser operado y de estar un tiempo fuera de mis ocupaciones. Pero, de todas formas, no quiero que me operen más; al menos, hasta dentro de mucho, mucho, mucho tiempo…

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