Ciencia y tecnología

22 09 2008

Leyendo la magnífica recopilación de artículos y charlas de Umberto Eco titulada “A Paso de Cangrejo”, me encontré con una visión muy acertada de la relación actual entre la ciencia y los medios de comunicación:

Los medios de comunicación de masas a menudo acusan a la ciencia de ser responsable del orgullo luciferino con que la humanidad avanza hacia su posible destrucción, y al hacer esto confunden evidentemente la ciencia con la tecnología. No es la ciencia la responsable del armamento atómico, del agujero en la capa de ozono, del deshielo, etc.; en todo caso, la ciencia todavía es capaz de advertirnos de los riesgos que corremos cuando, utilizando tal vez sus principios, nos dedicamos a crear tecnologías irresponsables.

En efecto, aunque la tecnología se vale de la ciencia, no es ciencia propiamente dicha. La ciencia es fruto de la curiosidad, como lo es la filosofía y, en general, cualquier fruto intelectual de las inquietudes humanas. Esta curiosidad natural desemboca en observación, análisis sistematizado, pruebas y razonamiento, obteniéndose el conocimiento científico.

La tecnología, sin embargo, abarca todas las habilidades desarrolladas por la humanidad para producir objetos y máquinas que mejoren y satisfagan las necesidades de cada tiempo histórico. Es decir, la tecnología es la acción física y real que hacemos para crear el mundo en el que vivimos, valiéndonos del planeta.

Pero claro, es mucho más sencillo para un periodista medio decir que el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera es el resultado de la investigación científica, y no de las refinerías de petróleo, del humo de los transportes… La prensa, a nivel científico, no suele siquiera acercarse a la realidad; es por ello que la mayoría de las personas que realmente desean estar enterados de las investigaciones, sean de una rama u otra, acuden a las revistas especializadas y se esfuerzan por entender artículos científicos o semicientíficos.

Evidentemente, no hay que olvidar que considerar la ciencia como el saber supremo es un error, ya que las pruebas y metodologías aplicadas en la investigación son realizadas según unos parámetros que, en infinidad de ocasiones, no se acercan ni por asomo a la realidad. Pero resulta que la realidad es tan infinitamente compleja que no puede analizarse directamente.

Todas las ramas científicas no son más que simplificaciones de lo que existe, ya que la física no es o está separada de la biología, sino que ambas suponen miradas de distinta índole a una misma cosa: todo lo que nos rodea, incluido nosostros.

¿Será capaz la tecnología de frenar su evolución y progreso si la ciencia demuestra que, de no hacerlo, nos condenaríamos a la autodestrucción? El tiempo lo dirá…

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