El hielo es atractivo

27 01 2010

Llevaba unos meses esperando ver la última película de un director difícil de asimilar, pero hasta ahora muy brillante. Me refiero a Das weisse band (La cinta blanca), del austriaco Michael Haneke.

Basándome en las películas que visioné en su momento, pertenecientes a su filmografía, puedo afirmar que me ocurre algo bastante sorprendente con este cineasta. Su forma de narrar es fría, gélida, punzante; a la vez que de una coherencia y visión crítica del ser humano, de la sociedad, intachable y efectiva. Seguramente, esta combinación tan especial es la que ha creado una atracción absoluta hacia su cine por mi parte, ya que no es fácil para un ser completamente expresivo y visceral como yo verse seducido tan magnéticamente a planteamientos cinematográficos tan difíciles de digerir, tan punzantes, tan faltos de zonas recreativas para la sensibilidad.

Pues bien, La cinta blanca vuelve a mostrar un planteamiento frío y distante de lo que podría definirse como “intento de atisbar posibles gérmenes de las personas que formaron ese horror político, social, humano… perdón, inhumano denominado Alemania Nazi”.

Con este film, Haneke confirma el dominio narrativo y técnico de su propio ejercicio de estilo, con una madurez formal muy impresionante. El uso del espacio, de la cámara, con ese blanco y negro de fotografía brillante; el trabajo de guión y de actores tan intenso y efectivo… todo enfocado hacia la creación de una película que no olvidas, que no te deja indiferente, que disfrutas… no de la forma habitual, sino a la “Haneke’s way”, única y original.

Si hay algo que adoro de mi sincera y cada vez mayor afición al cine es la sensación que me queda cuando, ya pasadas algunas horas, sigues teniendo planos, rostros, luces reflejadas en espigas de trigo, expresiones de profunda decepción y violencia… como si siguieses sentado en la butaca. Y las ideas que te surgen, que te planteas, al ver un buen film, con intencionalidad crítico-artística, con interesantes visiones personales y propuestas de repercusiones éticas e históricas (en este caso)… son abonos para las neuronas, la sensibilidad personal y la vida, en general y en particular; ahora, mañana y siempre.

Finalmente, os dejo mi última reflexión sobre este film, y del día de hoy: no es necesario ver la nieve posada en la montaña, en un parque, o en una ciudad, para saber que el hielo es atractivo.





Comencemos bien

13 01 2010

Espero que a todos os haya dado tiempo de despediros del año, porque el 2010 es una realidad; sobre todo, en el calendario. Cada cual habrá vivido una salida y entrada de año diferente, con sus buenos momentos y sus recuerdos, porque todos recordamos mucho, y a mucha gente, que está y que no está, en esos días. Yo sólo puedo contaros, a mi modo, cómo viví esos días.

El viaje hacia Gibraltar, el aeropuerto donde aterriza el avión que suelo coger últimamente, tuvo sus dificultades, que hoy ya son anécdotas que contar a los sobrinos nietos (es decir, a los nietos de mi hermana, porque no creo que nunca tenga unos propios, a decir verdad). Total, que la nevada del lunes antes de Nochebuena impidió a mi avión salir; y el martes si que salió, pero finalmente aterrizó en Málaga por el tremendo ventazo con el que se encontró el avión en la colonia inglesa (por mucho que nos pese).

Gente hipersupersticiosa hubiera pensado que podría haber estado recibiendo señales, pero yo simplemente llegué cuando pude y me acomodé a las circunstancias, a pesar de tener ciertas particularidades a la hora de subir y bajar escaleras…

Total, que llegué a casa tarde, y esa noche comenzaron mis vacaciones de “navidad navidad, dulce navidad”. Mi casa seguía en su sitio, aunque estuviera rodeada de lluvia, viento y consumo navideño. Mi padre, mi hermana, vecinos, entrada… todo correcto. A mis amigos, hasta la tarde anterior a Nochebuena, con estas lluvias tan constantes, nos los vi… aunque nos vimos casi directamente en la pista de baile, al lado de la barra, así que mejor manera de reencuentro es bastante inimaginable.

Cuando vuelvo a casa, y me encuentro con mis amigos, sufro un doble sentimiento: por un lado, ganas, necesidad creada focalmente hacia su presencia, hacia sus abrazos, hacia las risas, las mil y un cosas que contar… Por otro lado, siento cierto temor, ya que la patente consciencia de que las personas que tienes fuera de tu día a día, en tu pueblo, en la ciudad donde estudiaste… siguen viviendo, al igual que yo aquí, en su propio micromundo de rutina, de trabajo, amigos, ocio, rayadas mil y cine (en mi caso); te hace aguardar la sorpresa de si realmente seguirás formando parte de sus vidas, y viceversa.

Normalmente, como ha ocurrido esta vez, esos amigos a los que vuelves a ver siguen ahí, al pie del cañón, con tantas ganas de verte como de tú a ellos. Después de unos considerables años viviendo fuera de casa, es una verdadera lotería poder disfrutar, cada vez que vuelves, de ese nido vital construido con años de amistad, cariño, aventuras y desencuentros.

No todos mis amigos lo son entre ellos, como le ocurre a cada ser viviente de este planeta. Es por ello que, en ocasiones de vacaciones como ésta, uno tiene que dividirse un poco. Es un poco lioso algunos días, y las compañías de móviles se forran entre tantas llamadas y mensajes para conseguir quedadas satisfactorias y posibles para todos. Pero te gratifica tanto verlos y estar con todos y cada uno que vale la pena más que de sobra.

Estas navidades fueron mejores que las del año anterior, en las que la ausencia de mi abuelita estaba muy presente en mis neuronas. No es que no lo hayan estado en éstas, pero la tristeza se moldea, y los recuerdos se van convirtiendo en compañeros de viaje, dejando poco a poco de ser cruces pesadas. Aún no he querido comerme las uvas, ya que no podría sustituirla pelándolas y preparándolas en los platitos rojos, seleccionando las más pequeñas para mi hermana…además de porque mi pobre padre con el azúcar no se las iba a comer de todas formas… pero ya cambiaremos el chip cuando llegue el momento.

La realidad es que lo he pasado genial, y sobre todo he recargado las pilas, que es para mí fundamental porque yo adoro Madrid y mi vida actual aquí; pero a veces la soledad realiza una visita sorpresa, aunque ya haga tiempo que la echara del tren.

Es bastante normal: a nivel de trabajo, parece que mi camino tiene un cierto rumbo. Pero a nivel social y personal, todo está muy en el aire. Todas las personas que tengo, porque las tengo, por estas urbes tienen sus vidas aquí desde, la mayoría de ellas, toda la vida, y es complicado en ocasiones sentirte parte de sus círculos, o vislumbrar tu propio círculo con ellos.

Una rayada de estas características la tuve no hace muchos días, unida a otras cuantas. Como suele pasar, estropeó gran parte de las horas y minutos de ese día en concreto, que me desperté con estos pensamientos en las neuronas que ahora os expresan estas palabras. Pero después de esas horas, llegan otras, y los cauces se terminan redefiniendo, hasta volver al estado de equilibrio en el que uno se siente como es, sin penas ni agonías.

Es por ello que, como os deseé a todos los que perdéis minutos valiosísimos de vuestras microexistencias en leerme, el 2010 lo comienzo con el mejor pie. Miro hacia delante, espero lo que me vaya llegando, y expando mis cualidades y sentimientos a todo lo que me ocurra, y a todos los que me rodean, que gratifican mi existencia reflejándome en la suya.

Cada vez me gusta más escribir, aunque es muy probable que cada vez mis neuronas se expresen con sinapsis más banales y sucias. Pero la ventana hacia parte de mí sigue abierta. Por ahora, nadie necesita un password… sólo la dirección que tiene en la barra superior.





Un año para recordar

20 12 2009

A punto de finalizar este 2009, me dispongo a evaluar y meditar sobre mi propio balance personal durante el mismo. Así, también aprovecho para despedir este cerebro hasta que comience el inminente 2010, una vez volvamos de las vacaciones navideñas.

Mi balance general es más que bueno, ya que el hecho fundamental de mi comienzo formal en el mundo laboral ha mejorado mi situación vital en todos los sentidos. Además, la pérdida de mi querida “Abu” en el 2008 convirtió todo ese año en un recuerdo complicado, aunque necesario de mantener en las neuronas. Por tanto, la comparación sólo puede desembocar en un balance positivo hacia el 2009.

Ya he publicado, en varias ocasiones, lo feliz que me siento en el grupo donde estoy empezando mi proyecto de investigación; además de con la gente que he encontrado en el hospital, todos ellos investigadores con distintos bagajes pero con un compromiso científico muy ejemplar.

Casualmente, este mes uno de estos compañeros ha leído su tesis doctoral, convirtiéndose para mí en la primera a la que asisto. Fue muy emocionante ver como exponía su trabajo de tantos años de absoluta dedicación; sobre todo, me pareció muy hermoso cómo sus familiares seguían, con mucho nervio contenido, todo lo que ocurría en la sala. Sus caras de orgullo tras la nota del tribunal fue el ejemplo perfecto de lo que uno siente cuando se quita un peso considerable de encima.

Seguro que asistiré a muchas más tesis de otros compañeros; algunas de ellas en muy poco tiempo. Hasta que llegue un día (espero que así sea) en que lea la mía propia, delante de mi propio tribunal, con mis propios familiares y amigos; y, sobre todo, mis propios nervios y miedos. Pero para eso aún queda mucho…

Otro ingrediente para que este año se haya redondeado tan bien ha sido el éxito de mi hermana al adquirir su plaza de maestra. Su vida ha cambiado y, sobre todo, se ha estabilizado desde ese día y para siempre (a no ser que entremos en guerra nuclear, o algo por el estilo…). Al tratarse de mi hermana, su felicidad es un contagio absoluto de la mía, y viceversa. No hay mucho que añadir en este sentido, salvo la satisfacción y el orgullo de un hermano que adora a su hermana.

Hay personas que han aparecido en mi vida, y varias de ellas parecen pretender quedarse en mi tren. Bueno, más que parecer, deseo fervientemente, además de egoístamente, que así lo hagan, ya que se han convertido en apoyos fundamentales en mi vida actual. No sé cuánto tiempo viajaremos juntos, pero no voy a intentar averiguarlo; sólo procuraré disfrutar del viaje con cada una de ellas, dure lo que dure. La mayoría de ellas son del trabajo, y espero que si leen esto en algún momento, sepan darse por aludidas.

Una de ellas, mi querida Verita, no lo está pasando muy bien en estos momentos, así que intentaré focalizar mi energía hacia una buena resolución de su circunstancia personal, mezclada con todo el cariño que nuestra amistad representa y la hace una realidad cotidiana y vital para mí.

Y poco más puedo añadir. Ya hace días que espero mi viaje a casa por Navidad, como el del anuncio del turrón que emiten cada año por estas fechas. Mañana volaré hacia allí, lo que significa que el cerebro de Mapki descansará durante las próximas semanas.

Pasadlo muy bien estas fiestas, y recibid el nuevo año con la mejor sonrisa. No todos estamos felices, ni todos tenemos que celebrar lo mismo. Pero hay que empezar bien siempre, dentro de las circunstancias concretas de cada uno.

Os deseo lo mejor, y aprovecho para autodesearme una expresión de neuronas en progreso para el 2010; es decir, la continuidad de este pequeño rincón del ciberespacio.

¡Hasta Pronto!





Mini-experiencia de consumo caótico

8 12 2009

Debido a lo limitada que ha estado siempre mi cuenta corriente (desde que dispongo de ella), mi forma de comprar fuera de las necesidades básicas ha seguido un orden más que planificado. Desde que he empezado a trabajar, las cosas no han cambiado mucho, ya que mi sueldo actual sigue ajustándose más a estas limitaciones consumistas que al despilfarro.

Sin embargo, ayer pude vivir una pequeña salida de tono en este aspecto. Fui con un amiga a comprar ropa en un centro “outlet”, de esos donde las franquicias que imperan en los centros de todas las ciudades de España venden la ropa fuera de temporada y las “taras” (algunas no sé ni cómo se atreven a intentar venderlas…). Llegamos a medio día, con idea de almorzar allí, cuando nos encontramos con miles de familias hambrientas que también habían pensado en comer allí. Tuvimos paciencia y, finalmente, pudimos almorzar.

Mientras lo hacíamos, yo pensaba en lo poco creativa y ciega que es la gente pasando un día de puente en una zona comercial de la periferia. Por la mañana, las compras; luego, almorzar; algunos se quedarán, más tarde, con sus hijos para ver alguna peli terriblemente comercial y absurda. Sentí lástima por ellos, sin caer en la cuenta de que pronto me convertiría en uno más de la multitud…

Total, que ya terminamos el almuerzo y nos fuimos a las tiendas. Para empezar, nos separamos, lo cual era el principio del fin. No recordaba el estrés que se puede llegar a sentir a la hora de decidir cual es la mejor compra, decisión en la que hay que tener en cuenta tres ideas básicas: la primera, que la ropa sea barata, baratísima, ya que en caso contrario no sentirás que has realizado una buena adquisición; luego está el hecho fundamental de que todo lo que te compres te quede absolutamente genial; y, finalmente, has de tener la absoluta seguridad de que lo que te vas a comprar lo vas a usar, ya que hay pocas cosas que deteste más que comprarme algo que no me sirve, o que no voy a usar ni de broma.

Empecé muy bien, buscando las tres cosas que quería comprar: una camisa, un gorro de lana (o gorra de invierno) y una bufanda que me gustasen. Toda la culpa de la desviación fuera de estos objetivos fue de los jerseys de punto de una de las tiendas, ya que eran exactamente iguales a uno que me compré el invierno pasado, y que encogí como un memo en la lavadora hace unos meses. Tenía, ante mis ojos, la oportunidad de volver a tener ese jersey, y encima, de elegirlo de otro color. Y fue el principio del delirio consumista…

Luego, vi una camisa-sudadera a cuadros con gorro que me pareció en extremo cómica, teniendo en cuenta lo que suelo ponerme. La cogí y me dije: para cuando tenga que disfrazarme, socialmente hablando claro… Recordé lo de la camisa, pero no vi ninguna que me satisficiera, así que pagué y cambié de tienda.

En la siguiente tienda, lo que experimenté fue puro estrés, ya que me encontré con una ropa genial a un precio increíblemente bueno. Estuve como quince minutos en el probador con seis o siete prendas, entre pantalones, camisetas y la gran estrella: una chaqueta marrón con un gorro, tipo sudadera, ¡que podía dejarse o quitarse! Me pareció absolutamente fascinante en ese momento de emoción estética.

Total, que acabó mi consumo empedernido en esa tienda, y volví a la realidad. Bueno, eso pensaba, hasta que llegué a casa, que es el momento en el que uno mira, a la luz de su habitación, todo lo que ha comprado en un día de absoluto agotamiento comercial. Repasando número de prendas y dinero gastado, me sentí orgulloso (¡no te lo pierdas!) de haber sido capaz de realizar semejante compra. Vamos, como Fernando cuando conquistó Granada…

Y hasta hoy no he caído en que aquel chico que miraba a las familias mientras almorzaba, que se apenaba por la manera de “disfrutar” de la gente, teniendo una ciudad como Madrid a dos pasos… ese chico dejó de serlo hasta, al menos, un par de horas después de llegar a casa con las compras. Durante las horas entre uno y otro instante apareció en escena un consumista ciego como cualquier otro; como esos que no pueden soportar tener un móvil más de tres o cuatro meses, sabiendo las novedades del sector.

Seguramente, y como buen andaluz, estoy más que exagerando. Al fin y al cabo, no me gasté mi sueldo en ropa, ni compré artículos por comprar. Realmente, me gusta lo que adquirí, pero mi sensibilidad cambió por unas horas, y ahora soy capaz de verlo.

Mi pequeña, mínima, puntual experiencia comercial de ayer me demuestra que es fácil criticar la actitud y acción de los demás. Lo difícil es reconocer que tú puedes convertirte en cualquiera de ellos, en cualquier momento…





La Tierra no es el centro del Universo

15 11 2009

Este otoño estrenaba película el director español más ambicioso del cine patrio: Alejandro Amenábar. Cada nuevo proyecto en el que se involucra conforma más novedades que necesidades de continuar con una carrera vigilada, analizada y disfrutada por muchos.

Su nuevo film, Agora, lo ha llevado esta vez a la Alejandría del siglo IV, donde las escuelas de ciencia y filosofía, heredadas de los griegos, se las verán con los cambios políticos y, sobre todo, religiosos, acontecidos en esa época, ya tardía, del Imperio Romano.

agora

Podríamos decir que la película tiene dos centros argumentales: uno humano, representado en la figura de Hipatia, filósofa y maestra, natural de Egipto, que destacó en las matemáticas y la astronomía; otro racional y cultural, basado en cómo la política y el poder religioso puede anular el avance científico y filosófico, a pesar de la importancia de las ideas del momento.

Las críticas publicadas a razón de esta película tienen un denominador común, más o menos general: técnicamente, la película es un espectáculo cinematográfico; pero el argumento, por momentos, cansa y flojea.

He de confesar que, de unos años para acá, la expectación que siento ante estrenos como éste provoca en mí un ansia de información actualizada que, seguramente, empeora o distorsiona en parte mi visión final del film en cuestión. Casualmente, en el caso de Agora, a pesar de la fuerza que ha tenido la línea crítica acontecida, mi disfrute personal y cinéfilo se han visto recompensados.

Agora es una película redonda, tanto técnica como argumentalmente. No debe ser fácil llevar a cabo un proyecto tan ambicioso, ya que hay que tener un par de narices para crear un espectáculo ambicioso y caro en base a un discurso profundo y necesario. Y eso es Agora; una película sobre el pensamiento científico, sobre la vida dedicada al saber y al conocimiento… y sobre cómo todo eso se llega a destruir gracias al fanatismo del poder en nombre de iconos y doctrinas religiosas imperantes.

Es probable que, al dedicarme a la ciencia, haya podido disfrutar y sentir la forma argumental y el ritmo narrativo de una manera más personal. Las escenas en las que Hipatia se preguntaba y ahondaba en las teorías y razonamientos, ajenos y propios, se me tornaron de una belleza mágica y cautivadora. Puede que, en nuestros tiempos, nos cueste entender la importancia crucial que tuvieron los trabajos y estudios de estos pensadores para el desarrollo científico posterior; el hecho de disponer de imágenes, aunque sean ficticias, suponen una mano amiga hacia una imagen más cercana y entendible.

En resumidas cuentas: Agora es una película fantástica, con una temática absolutamente contemporánea, con un guión profundo, vibrante e interesante; con una factura técnica prácticamente perfecta, como nos tiene acostumbrados el señor Amenábar… No hay muchas pegas que poner, la verdad…

Evidentemente, no es una película perfecta: hay actores que se ven sobrepasados por sus roles, pero son compensados por actuaciones brillantes, emotivas y de gran credibilidad. Ejemplos de esto último: Rachel Weisz y Max Minguella. Los planos “a lo google earth” (como muchos los han bautizado) pueden llegar a cansar un poco, aunque yo los considero muy certeros para incentivar la idea de que los avances astronómicos narrados son mucho más cruciales en la historia de la humanidad que los acontecimientos puntuales de los seres humanos que habitaban Alejandría, o el mundo en general, en ese momento.

Leyendo una crítica de un usuario de filmaffinity he podido conocer datos muy interesantes sobre el contexto histórico de la película. Por ejemplo, el lugar asaltado por los parabolistas cristianos no corresponde a la Biblioteca de Alejandría, sino al Serapeum (de hecho, ahora creo recordar que se utiliza esa palabra en los diálogos, aunque me pasó desapercibida al primer momento), que era el templo dedicado a Serapis, el dios ese egipcio que tenía el jarrón en la cabeza. Allí, se guardaban los restos de la anterior biblioteca de Alejandría, desaparecida o destruida con anterioridad a ese momento.

Leyendo la crítica de otro usuario de filmaffinity, he podido saber que Amenábar leyó varios libros de Carl Sagan, sirviéndoles de gran ayuda. En uno de ellos, Cosmos, el escritor idealizaba a Hipatia como “un atisbo de razón antes de que la sinrazón humana nos trajera siglos y siglos de Edad Media y oscurantismo”. Este mismo usuario comienza su crítica con una cita de otra obra de Sagan que me parece simplemente maravillosa:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que conoces, o del que has oído hablar, cada persona que existió y vivió su vida. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas, cada héroe y cobarde, creador y destructor, rey y campesino, cada pareja enamorada, madre y padre, niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, ’superestrella’, ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

Carl Sagan. Un punto azul pálido.

Como han podido ver muchos espectadores de la película, estamos ante una obra cinematográfica de interés cultural e histórico. Un film moderno sobre cómo han actuado los seres humanos, y donde podemos ver el resultado actual, o la repetición de lo mismo en nuestros días. Según hacia donde llegue nuestra vista, supongo…

Finalmente, me gustaría hacer una mención especial a la banda sonora de Agora, que en este caso la firma el compositor italiano Dario Marianelli, ganador del Oscar por Atonement. Marianelli escribe una partitura honesta, nada melodramática ni tramposa, con un tema principal, de apoyo a la protagonista, que lucha por salir e imponerse a otros temas intensos y contundentes, basados en el empleo de instrumentos étnicos (como el duduk, instrumento de viento muy utilizado en países como Armenia), voces de lamento, coros y música sinfónica. Es la primera vez que el director de Tesis no crea su propio soundtrack, pero la envergadura de la película parecía requerir a un artista musical más redondo y ambicioso. Creo que la decisión ha sido muy certera, ya que el apoyo musical funciona a la perfección con el metraje.

No creo que haya dudas al respecto de que recomiendo fervientemente esta película a todos y cada uno. Simplemente, avisar de que Agora no es Gladiator, ni Ben-Hur (afortunadamente…), ni nada por el estilo. Aunque tenga factura de peplum, es una película divulgativa y personal… de cosecha propia, le coloco el adjetivo de espectacular.





Adicción al otro

2 11 2009

Quiero ser capaz de volar alto, más alto de lo que ya creo ser; tan alto que vislumbre a las personas como hormigas, a los edificios como piedras.

Quiero atisbar el fondo del pozo; llámese pozo a la sensación de miedo a la peligrosa soledad urbana; llámese pozo a las personas que, no conociéndolas, no entendiéndolas; te importan, te duelen.

Las hormigas no son insignificantes, pero son apreciables desde los tranquilos trozos de algodón que vagan por encima de nuestras neuronas. Envidio esa vista; envidio poder ver más lejano que sobre la piedra; envidio la falta de contacto, la incapacidad de oler al que pasaría por tu izquierda…

Aquel reflejo de sueño es imposible y, en realidad, también indeseable. No puedo más que admitir mi naturaleza hormiguera; en el lenguaje bípedo, mi condición social.

Nada tiene sentido sin el otro. Las ganas de labrarse un camino, más o menos pedregoso, más fácil o complicado de recorrer; de vivir experiencias jugando a desnivelar los picos de la sensibilidad; de explorar lo que uno es, o quiere ser, o espera convertirse; de llenar vacíos pasados, y otros nuevos más reconocibles.

Reconocer la adicción hacia el que te mira, hacia el que te juzga, te escucha, te incordia y te asimila; es el mayor y más bello acto de humanidad que este conjunto de neuronas es capaz de imaginar, de pensar; en definitiva, de afirmar y sentir como suyo.

¿No es hermoso sentir al animal social que uno es? No sé desde el algodón; sí desde la pezuña, aunque a veces se extrañe la cueva…





Recordando en el vagón

13 10 2009

El pasado viernes me monté en un tren con destino “mini vacaciones en casa durante el puente del Pilar”. Durante el viaje, me puse a mirar cosillas en el móvil, y encontré una nota del mes pasado que decía:

escuchar a ej mientras ponen el videoclip sqp de vm

En seguida, recordé la causa de la misma, así que saqué la carpetilla que nos dieron en los seminarios de Roche, y escribí lo que sigue:

Llevo muchos años preguntándome por qué hay situaciones que se tornan importantes cuando podrían ser totalmente banales y olvidables.

Hace un mes aproximadamente, estaba con mi padre en uno de esos restaurantes-franquicia cercanos a los cines Renoir, por Princesa. No me encontraba muy bien de las tripas, pero como iba a ser la última noche con mi padre, hice la vista gorda.

Estábamos comiendo allí y, de repente, me dio por mirar una pantalla de televisión que había en la pared, en la cual estaban emitiendo videoclips. Al mismo tiempo, el restaurante tenía un hilo musical que no correspondía con los videoclips que aparecían en pantalla (lo cual pasa en muchísimos sitios).

Pues bien, en el momento en el que miré, comenzaba el videoclip del tema “Sálvese quien pueda” de Vetusta Morla. Tras casi un minuto viéndolo, empecé a escuchar, por el hilo musical, “This train don’t stop there anymore”, uno de mis temas favoritos de Elton John. Acto seguido, miré hacia mi padre mientras cenaba y me hablaba sobre algo.

Sonreí. Me quedé unos segundos sonriendo. Me sentí feliz, navegando en un mix de pensamientos instantáneos y veraces. Volví a pisar tierra, y seguí con mi cena y mi conversación con mi padre…

En esos segundos, mi vida reciente había sido resumida.

Por un lado, la canción de Elton John; canción que conozco desde hace muchos años y que canté (o algo parecido) delante de mi portátil con el micrófono que me regalaron mis compañeros de piso de Sevilla. Otra de sus canciones la canté con Nessim al piano; y muchas otras…

Cinco años de vida universitaria en Sevilla, tres de los cuales viví en ese piso; gente, amigos que no olvido, con los que he vivido muchas cosas. Una etapa fundamental para entender quien soy hoy.

Por otro lado, el videoclip de Vetusta Morla, grupo que he conocido en los últimos meses (bueno, ya va cerca de un año); meses que forman parte de mi, por llamarla de alguna manera, etapa post-universitaria; mi etapa en Madrid. Etapa que aún está comenzando.

Ese videoclip representa mi trabajo, personas que veo a diario, en casa y en la fundación. Algunas ya son importantes, otras lo serán. La inquietud del “qué va a pasar” me intriga, pero a la vez me satisface por disponer de una vía por la que ir descubriendo cada día de los próximos e inminentes años de mi vida.

El centro de ambos lados es mi padre; es decir, mi hermana; es decir, mis amigos de siempre. Siempre han estado, siempre estarán; vengan o vaya yo a ellos, por ejemplo en el tren en el que voy sentado ahora mismo, donde he empezado a escribir; en una letra tan ininteligible como la que componía mis apuntes de la facultad; pero, esta vez, debido a la poca estabilidad de la carpetilla de Roche, no a la velocidad de captación de ideas en clase.

Mi sonrisa sólo yo podría entenderla. Se sustentaba en la visión del reflejo que, la circunstancia puntual de esos segundos, aquí narrados, me brindó.

Normalmente, suelo sentirme una persona complicada. Momentos como éste, que ahora recuerdo mientras escribo, me hacen albergar esperanzas de la verdadera sencillez de mi propia existencia.

Lo que puede dar de sí una nota escrita hace un mes y leída durante un periodo largo de “no tengo nada que hacer”. Seguiré apuntando otras más en el móvil, cuando tenga ocasión…

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Robos, globos y sombras

16 09 2009

Seguramente, haya pocos tríos tan dispares como los que forman las tres películas que me voy a atrever a comentar.

La primera de ellas es, simplemente, una joya de la animación, y del cine seguramente. Me refiero a lo último de la factoría Pixar, Up (Pete Docter y Bob Peterson). Esta historia, entrañable y divertida, vital y humana, te hipnotiza desde el magistral principio, hasta todas las aventuras que viven un peculiar anciano y el boy scout más crack de la década.

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El guión es un portento y el dominio técnico resulta en una fuerza visual pocas veces vista; y mucho menos en la animación. La música, aunque simple, es bellísima y te acompaña en este viaje de manera muy efectiva. Es absolutamente recomendable, seas quien seas, te guste lo que te guste. Hay que ser muy poco humano para no disfrutar de Up.

El siguiente film del que os hablaré es lo último del director Michael Mann: Public Enemies. Un montaje de una calidad técnica y un absoluto sello personal convierten lo que podría haber sido un clásico biopic sobre un ladrón de bancos; en una película vibrante, inteligente y deslumbrante.

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El guión dibuja de manera muy acertada a cada uno de los protagonistas, entre los que destacan un agraciado (como siempre) Johnny Depp, un efectivo Christian Bale y una más que correcta Marion Cotillard. Las escenas de los robos y las persecuciones son electrizantes, y la cámara nunca se olvida del ser humano que hay detrás de casa rostro, de cada situación. Todo un logro del cine comercial estadounidense.

Por último, quería hablar de una película que he adquirido últimamente; considerada, según muchas fuentes cinematográficas consultadas, la primera obra del cine independiente estadounidense. Se trata de Shadows, del director John Cassavetes.

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La improvisación es el intrumento de trabajo para la realización de esta rareza, llena de libertad, de estilo underground, de gamberrismo y frescura; todo ello, en los años 50-60, de cara al establishment “made in Hollywood” tan poderoso entonces.

El trabajo de los actores es genial, porque notas que son principiantes no por su mala calidad, sino por la naturalidad y sinceridad a la hora de contruir sus personajes. El sello Cassavetes se reconoce, aunque falten algunos años para sus grandes películas. Sin duda, una delicia de séptimo arte.

Pues ya veis, las pelis tan dispares que os comento. Y es que el cine es así; tan dispar, pero tan placentero…





Un añito de neuronas

31 08 2009

Hoy hace un año desde que publiqué mi primer post. No sé si he mantenido las ideas iniciales para este cerebro, pero la cuestión es que sigo con tantas ganas de escribir como el primer día.

Espero cumplir algún que otro añito más con la ilusión por narrar mis ideas, pensamientos, sentimientos y opiniones a todos los poquitos o muchos que me lean, me comenten, me comprendan, me detesten.

Gracias a todos los que habeis leido alguna vez algún que otro post; también a los que habeis dejado comentarios, o los vais a dejar, o queríais dejarlo pero no os atrevisteis; o no os apeteció, o no encontrasteis palabras adecuadas.

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Me autodeseo muchas horas de vivencias, de personas, de películas, de ilusiones, para poder expresar con la ayuda de mis neuronas.

¡Un abrazo!





Prefiero los defectos a la máscara

24 08 2009

Una de las facetas que más he detestado durante, supongo, toda mi vida consciente, es la hipocresía. Darse cuenta de lo que es, y lo más importante, de quién la practica, no es tarea fácil. De hecho, podría decirse que el 50% o más de lo que se aprende en la adolescencia es descubrir quién es de verdad quien dice ser, y quién te engaña; además de engañarse a sí mismo, claro.

Una vez que “calas” a determinados personajillos, ya uno cree que puede identificar a cualquiera que juegue un papel. Pero nada más lejos de la realidad; con la edad uno va descubriendo la enorme variedad de disfraces, de recursos expresivos y emotivos, que convierten a una persona determinada en, por ejemplo, “el amigo ideal”, hasta que un día, seguramente por algún hecho más o menos catastrófico, descubres el absoluto vacío hecho persona.

De acuerdo que la vida puede verse como un juego de roles, que todos nos apoyamos en alguno, e incluso los modificamos y adaptamos según con quien estemos, o dónde. Pero hay unos límites que nunca podemos traspasar, ya que los roles pueden convertirse en personajes; es decir, en personas completas, con personalidad, expresividad y comportamiento propio, de cartón piedra. Hay que reconocer el sitio que ocupamos respecto al otro, pero también es necesaria una distancia prudencial con nuestros roles.

Hay otro aspecto de la personalidad humana que rompe, de una manera más o menos extrema, cualquier rol que podamos desempeñar: la confianza. Cuando das a alguien un grado de confianza considerable, ya no hay juego de máscaras: somos tú, yo y la relación entre ambos (de amistad, de pareja…). El problema viene cuando la persona a la que entregas esa confianza resulta ser un personaje superficial, inventado, inexistente. Entonces, se produce un desequilibrio tan injusto que conlleva el fin de la relación.

Sí, he dicho “injusto”, porque no hay mayor prueba de la existencia de la justicia humana que esa. Una relación interpersonal sólo es posible entre dos personas de carne y hueso, con sus virtudes y, sobre todo, con sus defectos.

Es muy probable que la hipocresía sea, al menos en parte, un método para ocultar nuestros defectos, o lo que creemos que son nuestros defectos. Y yo me pregunto, ¿habrá algo más propio del ser humano que su imperfección? La normalidad, de existir, supondría el absoluto aburrimiento. No habría interés por la vida personal; sólo comeríamos, trabajaríamos un poco, y ya.

Yo abogo por mis defectos, porque combinados con mis virtudes, aquí y ahora, me hacen ser quien soy. ¿Y quien soy? Es más divertido que respondan los demás…