La Tierra no es el centro del Universo

15 11 2009

Este otoño estrenaba película el director español más ambicioso del cine patrio: Alejandro Amenábar. Cada nuevo proyecto en el que se involucra conforma más novedades que necesidades de continuar con una carrera vigilada, analizada y disfrutada por muchos.

Su nuevo film, Agora, lo ha llevado esta vez a la Alejandría del siglo IV, donde las escuelas de ciencia y filosofía, heredadas de los griegos, se las verán con los cambios políticos y, sobre todo, religiosos, acontecidos en esa época, ya tardía, del Imperio Romano.

agora

Podríamos decir que la película tiene dos centros argumentales: uno humano, representado en la figura de Hipatia, filósofa y maestra, natural de Egipto, que destacó en las matemáticas y la astronomía; otro racional y cultural, basado en cómo la política y el poder religioso puede anular el avance científico y filosófico, a pesar de la importancia de las ideas del momento.

Las críticas publicadas a razón de esta película tienen un denominador común, más o menos general: técnicamente, la película es un espectáculo cinematográfico; pero el argumento, por momentos, cansa y flojea.

He de confesar que, de unos años para acá, la expectación que siento ante estrenos como éste provoca en mí un ansia de información actualizada que, seguramente, empeora o distorsiona en parte mi visión final del film en cuestión. Casualmente, en el caso de Agora, a pesar de la fuerza que ha tenido la línea crítica acontecida, mi disfrute personal y cinéfilo se han visto recompensados.

Agora es una película redonda, tanto técnica como argumentalmente. No debe ser fácil llevar a cabo un proyecto tan ambicioso, ya que hay que tener un par de narices para crear un espectáculo ambicioso y caro en base a un discurso profundo y necesario. Y eso es Agora; una película sobre el pensamiento científico, sobre la vida dedicada al saber y al conocimiento… y sobre cómo todo eso se llega a destruir gracias al fanatismo del poder en nombre de iconos y doctrinas religiosas imperantes.

Es probable que, al dedicarme a la ciencia, haya podido disfrutar y sentir la forma argumental y el ritmo narrativo de una manera más personal. Las escenas en las que Hipatia se preguntaba y ahondaba en las teorías y razonamientos, ajenos y propios, se me tornaron de una belleza mágica y cautivadora. Puede que, en nuestros tiempos, nos cueste entender la importancia crucial que tuvieron los trabajos y estudios de estos pensadores para el desarrollo científico posterior; el hecho de disponer de imágenes, aunque sean ficticias, suponen una mano amiga hacia una imagen más cercana y entendible.

En resumidas cuentas: Agora es una película fantástica, con una temática absolutamente contemporánea, con un guión profundo, vibrante e interesante; con una factura técnica prácticamente perfecta, como nos tiene acostumbrados el señor Amenábar… No hay muchas pegas que poner, la verdad…

Evidentemente, no es una película perfecta: hay actores que se ven sobrepasados por sus roles, pero son compensados por actuaciones brillantes, emotivas y de gran credibilidad. Ejemplos de esto último: Rachel Weisz y Max Minguella. Los planos “a lo google earth” (como muchos los han bautizado) pueden llegar a cansar un poco, aunque yo los considero muy certeros para incentivar la idea de que los avances astronómicos narrados son mucho más cruciales en la historia de la humanidad que los acontecimientos puntuales de los seres humanos que habitaban Alejandría, o el mundo en general, en ese momento.

Leyendo una crítica de un usuario de filmaffinity he podido conocer datos muy interesantes sobre el contexto histórico de la película. Por ejemplo, el lugar asaltado por los parabolistas cristianos no corresponde a la Biblioteca de Alejandría, sino al Serapeum (de hecho, ahora creo recordar que se utiliza esa palabra en los diálogos, aunque me pasó desapercibida al primer momento), que era el templo dedicado a Serapis, el dios ese egipcio que tenía el jarrón en la cabeza. Allí, se guardaban los restos de la anterior biblioteca de Alejandría, desaparecida o destruida con anterioridad a ese momento.

Leyendo la crítica de otro usuario de filmaffinity, he podido saber que Amenábar leyó varios libros de Carl Sagan, sirviéndoles de gran ayuda. En uno de ellos, Cosmos, el escritor idealizaba a Hipatia como “un atisbo de razón antes de que la sinrazón humana nos trajera siglos y siglos de Edad Media y oscurantismo”. Este mismo usuario comienza su crítica con una cita de otra obra de Sagan que me parece simplemente maravillosa:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que conoces, o del que has oído hablar, cada persona que existió y vivió su vida. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas, cada héroe y cobarde, creador y destructor, rey y campesino, cada pareja enamorada, madre y padre, niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, ’superestrella’, ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

Carl Sagan. Un punto azul pálido.

Como han podido ver muchos espectadores de la película, estamos ante una obra cinematográfica de interés cultural e histórico. Un film moderno sobre cómo han actuado los seres humanos, y donde podemos ver el resultado actual, o la repetición de lo mismo en nuestros días. Según hacia donde llegue nuestra vista, supongo…

Finalmente, me gustaría hacer una mención especial a la banda sonora de Agora, que en este caso la firma el compositor italiano Dario Marianelli, ganador del Oscar por Atonement. Marianelli escribe una partitura honesta, nada melodramática ni tramposa, con un tema principal, de apoyo a la protagonista, que lucha por salir e imponerse a otros temas intensos y contundentes, basados en el empleo de instrumentos étnicos (como el duduk, instrumento de viento muy utilizado en países como Armenia), voces de lamento, coros y música sinfónica. Es la primera vez que el director de Tesis no crea su propio soundtrack, pero la envergadura de la película parecía requerir a un artista musical más redondo y ambicioso. Creo que la decisión ha sido muy certera, ya que el apoyo musical funciona a la perfección con el metraje.

No creo que haya dudas al respecto de que recomiendo fervientemente esta película a todos y cada uno. Simplemente, avisar de que Agora no es Gladiator, ni Ben-Hur (afortunadamente…), ni nada por el estilo. Aunque tenga factura de peplum, es una película divulgativa y personal… de cosecha propia, le coloco el adjetivo de espectacular.





Adicción al otro

2 11 2009

Quiero ser capaz de volar alto, más alto de lo que ya creo ser; tan alto que vislumbre a las personas como hormigas, a los edificios como piedras.

Quiero atisbar el fondo del pozo; llámese pozo a la sensación de miedo a la peligrosa soledad urbana; llámese pozo a las personas que, no conociéndolas, no entendiéndolas; te importan, te duelen.

Las hormigas no son insignificantes, pero son apreciables desde los tranquilos trozos de algodón que vagan por encima de nuestras neuronas. Envidio esa vista; envidio poder ver más lejano que sobre la piedra; envidio la falta de contacto, la incapacidad de oler al que pasaría por tu izquierda…

Aquel reflejo de sueño es imposible y, en realidad, también indeseable. No puedo más que admitir mi naturaleza hormiguera; en el lenguaje bípedo, mi condición social.

Nada tiene sentido sin el otro. Las ganas de labrarse un camino, más o menos pedregoso, más fácil o complicado de recorrer; de vivir experiencias jugando a desnivelar los picos de la sensibilidad; de explorar lo que uno es, o quiere ser, o espera convertirse; de llenar vacíos pasados, y otros nuevos más reconocibles.

Reconocer la adicción hacia el que te mira, hacia el que te juzga, te escucha, te incordia y te asimila; es el mayor y más bello acto de humanidad que este conjunto de neuronas es capaz de imaginar, de pensar; en definitiva, de afirmar y sentir como suyo.

¿No es hermoso sentir al animal social que uno es? No sé desde el algodón; sí desde la pezuña, aunque a veces se extrañe la cueva…





Recordando en el vagón

13 10 2009

El pasado viernes me monté en un tren con destino “mini vacaciones en casa durante el puente del Pilar”. Durante el viaje, me puse a mirar cosillas en el móvil, y encontré una nota del mes pasado que decía:

escuchar a ej mientras ponen el videoclip sqp de vm

En seguida, recordé la causa de la misma, así que saqué la carpetilla que nos dieron en los seminarios de Roche, y escribí lo que sigue:

Llevo muchos años preguntándome por qué hay situaciones que se tornan importantes cuando podrían ser totalmente banales y olvidables.

Hace un mes aproximadamente, estaba con mi padre en uno de esos restaurantes-franquicia cercanos a los cines Renoir, por Princesa. No me encontraba muy bien de las tripas, pero como iba a ser la última noche con mi padre, hice la vista gorda.

Estábamos comiendo allí y, de repente, me dio por mirar una pantalla de televisión que había en la pared, en la cual estaban emitiendo videoclips. Al mismo tiempo, el restaurante tenía un hilo musical que no correspondía con los videoclips que aparecían en pantalla (lo cual pasa en muchísimos sitios).

Pues bien, en el momento en el que miré, comenzaba el videoclip del tema “Sálvese quien pueda” de Vetusta Morla. Tras casi un minuto viéndolo, empecé a escuchar, por el hilo musical, “This train don’t stop there anymore”, uno de mis temas favoritos de Elton John. Acto seguido, miré hacia mi padre mientras cenaba y me hablaba sobre algo.

Sonreí. Me quedé unos segundos sonriendo. Me sentí feliz, navegando en un mix de pensamientos instantáneos y veraces. Volví a pisar tierra, y seguí con mi cena y mi conversación con mi padre…

En esos segundos, mi vida reciente había sido resumida.

Por un lado, la canción de Elton John; canción que conozco desde hace muchos años y que canté (o algo parecido) delante de mi portátil con el micrófono que me regalaron mis compañeros de piso de Sevilla. Otra de sus canciones la canté con Nessim al piano; y muchas otras…

Cinco años de vida universitaria en Sevilla, tres de los cuales viví en ese piso; gente, amigos que no olvido, con los que he vivido muchas cosas. Una etapa fundamental para entender quien soy hoy.

Por otro lado, el videoclip de Vetusta Morla, grupo que he conocido en los últimos meses (bueno, ya va cerca de un año); meses que forman parte de mi, por llamarla de alguna manera, etapa post-universitaria; mi etapa en Madrid. Etapa que aún está comenzando.

Ese videoclip representa mi trabajo, personas que veo a diario, en casa y en la fundación. Algunas ya son importantes, otras lo serán. La inquietud del “qué va a pasar” me intriga, pero a la vez me satisface por disponer de una vía por la que ir descubriendo cada día de los próximos e inminentes años de mi vida.

El centro de ambos lados es mi padre; es decir, mi hermana; es decir, mis amigos de siempre. Siempre han estado, siempre estarán; vengan o vaya yo a ellos, por ejemplo en el tren en el que voy sentado ahora mismo, donde he empezado a escribir; en una letra tan ininteligible como la que componía mis apuntes de la facultad; pero, esta vez, debido a la poca estabilidad de la carpetilla de Roche, no a la velocidad de captación de ideas en clase.

Mi sonrisa sólo yo podría entenderla. Se sustentaba en la visión del reflejo que, la circunstancia puntual de esos segundos, aquí narrados, me brindó.

Normalmente, suelo sentirme una persona complicada. Momentos como éste, que ahora recuerdo mientras escribo, me hacen albergar esperanzas de la verdadera sencillez de mi propia existencia.

Lo que puede dar de sí una nota escrita hace un mes y leída durante un periodo largo de “no tengo nada que hacer”. Seguiré apuntando otras más en el móvil, cuando tenga ocasión…

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Robos, globos y sombras

16 09 2009

Seguramente, haya pocos tríos tan dispares como los que forman las tres películas que me voy a atrever a comentar.

La primera de ellas es, simplemente, una joya de la animación, y del cine seguramente. Me refiero a lo último de la factoría Pixar, Up (Pete Docter y Bob Peterson). Esta historia, entrañable y divertida, vital y humana, te hipnotiza desde el magistral principio, hasta todas las aventuras que viven un peculiar anciano y el boy scout más crack de la década.

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El guión es un portento y el dominio técnico resulta en una fuerza visual pocas veces vista; y mucho menos en la animación. La música, aunque simple, es bellísima y te acompaña en este viaje de manera muy efectiva. Es absolutamente recomendable, seas quien seas, te guste lo que te guste. Hay que ser muy poco humano para no disfrutar de Up.

El siguiente film del que os hablaré es lo último del director Michael Mann: Public Enemies. Un montaje de una calidad técnica y un absoluto sello personal convierten lo que podría haber sido un clásico biopic sobre un ladrón de bancos; en una película vibrante, inteligente y deslumbrante.

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El guión dibuja de manera muy acertada a cada uno de los protagonistas, entre los que destacan un agraciado (como siempre) Johnny Depp, un efectivo Christian Bale y una más que correcta Marion Cotillard. Las escenas de los robos y las persecuciones son electrizantes, y la cámara nunca se olvida del ser humano que hay detrás de casa rostro, de cada situación. Todo un logro del cine comercial estadounidense.

Por último, quería hablar de una película que he adquirido últimamente; considerada, según muchas fuentes cinematográficas consultadas, la primera obra del cine independiente estadounidense. Se trata de Shadows, del director John Cassavetes.

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La improvisación es el intrumento de trabajo para la realización de esta rareza, llena de libertad, de estilo underground, de gamberrismo y frescura; todo ello, en los años 50-60, de cara al establishment “made in Hollywood” tan poderoso entonces.

El trabajo de los actores es genial, porque notas que son principiantes no por su mala calidad, sino por la naturalidad y sinceridad a la hora de contruir sus personajes. El sello Cassavetes se reconoce, aunque falten algunos años para sus grandes películas. Sin duda, una delicia de séptimo arte.

Pues ya veis, las pelis tan dispares que os comento. Y es que el cine es así; tan dispar, pero tan placentero…





Un añito de neuronas

31 08 2009

Hoy hace un año desde que publiqué mi primer post. No sé si he mantenido las ideas iniciales para este cerebro, pero la cuestión es que sigo con tantas ganas de escribir como el primer día.

Espero cumplir algún que otro añito más con la ilusión por narrar mis ideas, pensamientos, sentimientos y opiniones a todos los poquitos o muchos que me lean, me comenten, me comprendan, me detesten.

Gracias a todos los que habeis leido alguna vez algún que otro post; también a los que habeis dejado comentarios, o los vais a dejar, o queríais dejarlo pero no os atrevisteis; o no os apeteció, o no encontrasteis palabras adecuadas.

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Me autodeseo muchas horas de vivencias, de personas, de películas, de ilusiones, para poder expresar con la ayuda de mis neuronas.

¡Un abrazo!





Prefiero los defectos a la máscara

24 08 2009

Una de las facetas que más he detestado durante, supongo, toda mi vida consciente, es la hipocresía. Darse cuenta de lo que es, y lo más importante, de quién la practica, no es tarea fácil. De hecho, podría decirse que el 50% o más de lo que se aprende en la adolescencia es descubrir quién es de verdad quien dice ser, y quién te engaña; además de engañarse a sí mismo, claro.

Una vez que “calas” a determinados personajillos, ya uno cree que puede identificar a cualquiera que juegue un papel. Pero nada más lejos de la realidad; con la edad uno va descubriendo la enorme variedad de disfraces, de recursos expresivos y emotivos, que convierten a una persona determinada en, por ejemplo, “el amigo ideal”, hasta que un día, seguramente por algún hecho más o menos catastrófico, descubres el absoluto vacío hecho persona.

De acuerdo que la vida puede verse como un juego de roles, que todos nos apoyamos en alguno, e incluso los modificamos y adaptamos según con quien estemos, o dónde. Pero hay unos límites que nunca podemos traspasar, ya que los roles pueden convertirse en personajes; es decir, en personas completas, con personalidad, expresividad y comportamiento propio, de cartón piedra. Hay que reconocer el sitio que ocupamos respecto al otro, pero también es necesaria una distancia prudencial con nuestros roles.

Hay otro aspecto de la personalidad humana que rompe, de una manera más o menos extrema, cualquier rol que podamos desempeñar: la confianza. Cuando das a alguien un grado de confianza considerable, ya no hay juego de máscaras: somos tú, yo y la relación entre ambos (de amistad, de pareja…). El problema viene cuando la persona a la que entregas esa confianza resulta ser un personaje superficial, inventado, inexistente. Entonces, se produce un desequilibrio tan injusto que conlleva el fin de la relación.

Sí, he dicho “injusto”, porque no hay mayor prueba de la existencia de la justicia humana que esa. Una relación interpersonal sólo es posible entre dos personas de carne y hueso, con sus virtudes y, sobre todo, con sus defectos.

Es muy probable que la hipocresía sea, al menos en parte, un método para ocultar nuestros defectos, o lo que creemos que son nuestros defectos. Y yo me pregunto, ¿habrá algo más propio del ser humano que su imperfección? La normalidad, de existir, supondría el absoluto aburrimiento. No habría interés por la vida personal; sólo comeríamos, trabajaríamos un poco, y ya.

Yo abogo por mis defectos, porque combinados con mis virtudes, aquí y ahora, me hacen ser quien soy. ¿Y quien soy? Es más divertido que respondan los demás…





En los mapas me pierdo

3 08 2009

Es evidente que el animal de costumbres que todos llevamos dentro, no sale a la luz a la hora de escribir en mi pequeña ventana cerebral. Si así fuese, habría plasmado un “hasta pronto” precediendo a mi ausencia vacacional. En cambio, dejé de escribir de repente; así, como quien no quiere la cosa. Pero no está mal liberarse de las propias rutinas que uno se crea; sobre todo, para sentirse más libre, menos atado… incluso a mi propio cerebro, que ya es mucho decir…

Pues, efectivamente, he estado fuera unas semanas; de las cuales, dos de ellas han estado destinadas a mis vacaciones, consistentes en la vuelta a casa. Afortunadamente, mi casa no se localiza en Puertollano, o en La Granja de San Ildefonso, sino en una zona costera de Andalucía. Así que la vuelta a casa en verano supone, además de la familia y los amigos, el disfrute de la playa, de la humedad nocturna estival y de las fiestas populares.

Es la primera vez que no paso los dos meses de verano propiamente dichos (Julio y Agosto) en casa; lo cual está lógicamente relacionado con el hecho de que es la primera vez que me encuentro trabajando. Aquellos añorados dos meses se han convertido, este año, en dos semanas.

No hay que ser un lince ibérico en vías de extinción para entender que la cosa cambia enormemente. Pero, para mi asombro, el menor tiempo ha significado mayor disfrute de la gente que me ha rodeado, de los baños salados, de los bailes en las casetas y de las risas y alegrías.

Y hablando de alegrías, no puedo más que resaltar la, seguramente, mayor alegría que podría haber tenido durante mis vacaciones. Mi hermana, que opositaba para maestra de inglés, aprobó sus pruebas y sacó su preciada plaza como funcionaria. Su trabajo, su dedicación y su vocación han dado su fruto, de una vez por todas. Y en estos tiempos de crisis, vaya lo que vale una plaza de funcionario. Que se lo pregunten a ella dentro de un año, o dos… Qué orgullosos estamos de ella, porque no ha dejado de seguirla, hasta conseguirla. ¡Qué campeona!

Con una noticia así, casi al comenzar mis vacaciones, nada podría estropearlo. De hecho, y aún no sé muy bien por qué, las salidas nocturnas con mis amigos han sido de las mejores que puedo recordar en años. Hacía tiempo que no me dolía tanto la barriga de no poder parar de reir. Así, da gusto bajar a casa…

Recordando estos días estivales, me doy cuenta de cómo funciona nuestra mente. De repente, visualizo a mi abuelita. No hubo un sólo día que no me acordara de ella. Un día en concreto, cuando estaba tomándome un pastel de chocolate en una cafetería de La Línea, me transporté a una de aquellas miles y miles de tardes en las que nos llevaba a merendar. Siempre he sido muy goloso, y ella gozaba observándome mientras engullía mi trozo de tarta de moka, o de chocolate, o cualquiera que fuese.

Me acuerdo de ella, aquí y ahora, y me siento feliz. Aunque no esté, ni siquiera al otro lado del teléfono. La memoria, de vez en cuando, hace regalos maravillosos. Sin más, acabo de recibir uno.

Y bueno, pues esas dos semanas acabaron, y un servidor volvió a la capital de esta España nuestra para seguir trabajando. He de seguir mi senda, aunque a veces no sepa en qué mapas mirar, ni como orientarme. No puedo acudir a Google Maps; la naturaleza de esos mapas no la han desarrollado aún.

Puede que me pierda en el camino, pero los mapas se van renovando con la experiencia, siempre y cuando se tenga claro el objetivo. Menos mal que tengo unos compañeros de trabajo que desmerezco totalmente, pero que me ayudan a orientarme en mi trabajo, en mi día a día. ¡Gracias a todos y a todas por hacer más fácil la senda laboral!

Y hasta aquí puedo leer, o puedo expresar, o puedo pensar…





Ningún título en especial

5 07 2009

Una vez más, empiezo a retrasar los posts. Parece que voy a ser incapaz de adquirir una rutina a la hora de expresar lo que codifican mis neuronas, pero casi que mejor, ya que escriba cuando escriba, siempre será en un estado de “realmente me apetece escribir hoy en el blog”, y no de “voy a escribir algo en el blog, que hace ya tiempo que no lo hago y la estadística va a bajar”.

Ya por fin terminé de ver la serie A Dos Metros Bajo Tierra y me ha fascinado desde principio a fin. El final me ha parecido un acierto de guión absoluto; sentí mucha magia y esperanza, a pesar de la crudeza de la muerte, plasmada durante las cinco temporadas. Seguramente, es la serie que más he disfrutado de todas las que he visto.

Ya hace un par de semanas, o algo más, empecé a ver una serie de reciente estreno en Estados Unidos. Se titula United States of Tara, y cuenta la vida de una madre de familia que padece transtorno de personalidad. Lo curioso es que los miembros de su familia tienen adquirida una cierta rutina a la hora de convivir con las diferentes personalidades de Tara, aunque de vez en cuando ocurran situaciones muy embarazosas. Habrá que seguir viéndola, a ver que tal…

Bueno, cambiando radicalmente de tema “porque yo lo valgo”, mi hermana ya hizo sus exámenes de oposiciones, y salió muy contenta de ellos. No hay que adelantar acontecimientos, pero yo tengo la certeza, completamente subjetiva, de que esta vez va a obtener su plaza. Espero que así sea, porque el trabajo de requieren unas oposiciones es muy largo y constante, y mi hermana lo ha realizado con creces. En breve saldremos de dudas, a ver qué decide el tribunal.

En el curro, la verdad es que estoy cada día más a gusto, salvo alguna que otra excepción causada por cierto colaborador de grupo de cuyo nombre no quiero acordarme… La gente de la que me rodeo es genial, y tienen unas historias para morirse de risa. Además, algunos me han hecho descubrir grupos y cantantes desconocidos para mí, y otros comparten gustos literarios. Pero, aún así, casi todos están bastante tocados mentalmente, en uno u otro sentido. Cada día me doy más cuenta de lo desquiciado que llegaré a estar, poco a poco, a medida que el trabajo se dibuje más como tesis.

Además de esto, voy sintiendo cierto feeling con algunos de ellos, lo cual me hace vaticinar que voy a tener buenos amigos muy pronto. La verdad es que sería de muy gran ayuda, ya que cuando te ocurre algo con tu jefe, o con tu trabajo, pues siempre es reconfortante saber que tienes, en tu propio trabajo, a gente que te conoce y está dispuesta a escuchar tus desahogos. Preveo que esta situación se tornará real muy pronto, lo cual me hace feliz.

En muy pocos días me voy de vacaciones a mi hogar familiar, mi querido estrecho. Es la primera vez que viajaré en avión hasta allí; concretamente, hasta Gibraltar, que la tengo muy cerquita y que ha incorporado vuelos desde Madrid recientemente. Espero llegar de una pieza… esto lo digo por la poca costumbre de viajar en avión, no porque realmente crea que me va a ocurrir algo… ¡no creais que soy un cenizo!

En esas dos semanas que estaré fuera, espero descansar, ir mucho, pero que mucho, a la playa, y disfrutar con los amigos de la Feria de La Línea, que coincide con los días que estaré allí.

Si mi cerebro vuelve a sufrir una parálisis en las próximas semanas, ya teneis una razón para justificarla. ¡Hasta pronto!





Dispares temáticas, dispares impresiones

23 06 2009

Hoy voy a hablar de tres películas vistas por mí en los últimos días, completamente distintas una de otra, tanto en forma, como en narración; y por supuesto, en satisfacción de resultado.

Comenzaré por la adaptación de la primera novela de la famosísima saga literaria Millenium, del sueco Stieg Larsson. La película, titulada como el primer libro (Los hombres que no amaban a las mujeres), es eminentemente un thriller sobre la investigación del Mickael Blomskit y la misteriosa y tremenda Lisbeth Salander sobre la sobrina del patriarca del imperio Vagner, desaparecida años atrás.

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Si no hubiese leído la novela, simplemente habría tenido la sensación de ver un thriller entretenido, bastante bien rodado, y con personajes peculiares e interesantes. Pero, como no es el caso, la película me causó una terrible decepción, ya que la adaptación no solamente ha obviado muchísimos detalles y circunstancias de los personajes y la trama, sino que ha introducido, de una manera fácil y malintencionada, unas pocas escenas en las que introduce datos y acontecimientos narrados en la segunda novela.

Además, aunque el personaje de Salander está bastante bien descrito y planteado (en gran parte, por un excelente trabajo expresivo y psicológico de la actriz que la encarna), el personaje de Blomskit se reescribe de una manera completamente superficial, cargándose sin piedad a uno de los pilares de la novela, en lo que a los protagonistas se refiere.

Aunque la película no está mal, referida a la novela me parece completamente fallida y superficial, ya que, aunque los libros de Larsson se hayan convertido en absolutos best sellers, la complicada trama investigadora, la profundidad y originalidad de los personajes; y la tensión que te contagia como lector, los hacen, bajo mi punto de vista, dignos de algo mejor que lo que ha realizado el director sueco Niels Arden Oplev.

El mismo día que vi esta película, me puse un DVD que me compró mi padre hace ya unas semanas, cuando vino de visita. La película en cuestión es Perros de Paja, del famoso director británico Sam Peckinpah. El film narra la vida de un astrofísico estadounidense que comienza a vivir en una pequeña población inglesa con su mujer. Huyendo de la violenta Norteamérica, el tranquilo y pacífico matemático se verá obligado a enfrentarse, cada vez más violentamente, a varios de sus vecinos para defender a  su esposa y su casa.

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Esta película, de bastante difícil visión para sensibilidades dentro de la media, es una notable visión artística de la violencia humana. La cámara de Peckinpah capta, minuto a minuto, como la tensión va en aumento, y la sobriedad del formato, unida a la espantosa y pesada niebla típica de las islas británicas, añaden aún más una tensión que no dejas de sentir hasta que comienzan los títulos de crédito.

Gracias a una magnífica dirección, sin tapujos ni decoraciones, y a un reparto brillante, capitaneado por el camaleónico y siempre maravilloso Dustin Hoffman, la película se torna como una creación artística necesaria para entender mejor el lado oscuro y más primitivo de la naturaleza humana.

Por último, ayer mismo pude ver una película difícil de catalogar, a la vez que difícil de olvidar. Se trata de Tres Monos, del director turco Nuri Bilge Ceylan. El film narra la historia de una familia que lucha por su propia estabilidad escondiendo y obviando verdades sabidas e intuidas por los tres miembros. El propio director explica la elección del título de la siguiente manera:

El título Tres Monos viene de la filosofía de Confucio, donde los tres monos tienen un significado positivo que representa la sabiduría: no oyen el mal, no lo ven ni hablan de él… Hoy en día, la metáfora de los tres monos se usa de forma peyorativa, para denunciar la hipocresía de las apariencias.

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El resultado es una película muy pausada, muy pendiente de los pensamientos y reacciones de los miembros de esta familia que pende de un hilo, pero que lucha en el silencio por resistir y permanecer unida. La cámara de Ceylan se concentra en ellos, difuminando los fondos de filmación con desaturaciones y cromas alterados. Las escenas parecen cuadros, con luces y sombras que te cautivan y te unen a los personajes con mayor intensidad y sensibilidad. La fotografía está cuidadísima y, en ocasiones, resulta mágica.

Nunca olvidaré la escena final, con el cielo turco nublándose poco a poco, y oscureciendo la azotea de ese edificio donde todo ocurre, o se evita. Salí de la sala con la sensación de haber visto algo único, de una calidad artística de alto nivel y compromiso.

Es increible como una película tan fantástica, y “galardonada con un premio al mejor director en el festival de Cannes del 2008″, pueda haber tardado tanto en llegar a nuestros cines; bueno, en el caso de Madrid, “al cine”; porque sólo la estrenó una sala en toda la ciudad.

Sinceramente, me siento afortunado de haber podido disfrutar de un cine tan interesante, tan estético y tan profundo a la vez.

Y a seguir buscando buenas películas… aunque sea consciente de que erraré de vez en cuando…





Narración sobre un lunes

15 06 2009

Después de un fin de semana de cierto descontrol, una nueva semana dio comienzo. Definir de qué manera fue este lunes es algo complicado, así que me limitaré a narrarlo según mi percepción actual.

Para empezar, me levanté algo más temprano con la idea de llegar a las 8:30 y, así, finalizar lo antes posible lo que dejé a medias el viernes. Pero a veces olvido que vivo en Madrid, donde muy de vez en cuando te plantan una obra en cualquier punto de la calle por donde pasa el autobús que ha de llevarte al metro. De esta manera, me levanté antes para nada, ya que llegué a las 9:00 como siempre.

Pues nada, llego y retomo lo que dejé el viernes, para terminarlo lo antes posible. ¡Qué inocente! También olvidé que, cuando uno cree que tiene todo el tiempo y la atención del mundo para hacer una cosa, van y te mandan otras tareas paralelas, por lo que el tiempo se divide en las mismas. Así, lo que iba a hacer en hora y media pasa a ocuparme la práctica totalidad de la mañana.

Pero vamos, yo no soy de los que se estresan con facilidad, así que cuando hice mi primera tarea paralela, dejé la principal en marcha y me fui con mis vecinos, hasta hoy, de laboratorio, a tomar un cafelito. Con “vecinos” me refiero a un grupo de Inmunología que ha tenido que trabajar en un laboratorio provisional hasta que, después de todo un parto (9 meses), han finalizado la reforma del suyo propio.

Como siempre, eché unas risas con ellos, aunque me digan rayadas mentales como que mi forma de hablar les recuerda a la de Garfield. Cuando escuché esto, me quedé pasmado, ya que no sólo me han comparado con un dibujo animado, sino que no es la primera vez que alguien me asocia a este gato tan famoso. ¿Tendría que empezar a replantearme la absurda idea de que hablo como un personaje de comic, dibujos animados o lo que sea?

Total, que el break para tomar café llegó a su fin. Me dispuse, entonces, a continuar con mi tarea principal, cuando me llaman de Anatomía para otra tarea apasionante, en nada relacionada con el trabajo experimental. Se trató de ayudar a vaciar un antiguo laboratorio del departamento, para que en los próximos días se lleven los muebles antiguos, lo pinten y remodelen; para, finalmente, convertirse el laboratorio del grupo de cáncer (es decir, el mio).

Total, otra media hora perdida en mover trastos viejos, que no sirven para nada, pero que no se quieren tirar; así que, ascensor con carritos llenos de reliquias inútiles hacia el almacén, y de vuelta para recoger más cosas. Aprendí mucho de esta experiencia, creerme…

Tras esto, volví a retomar mi actividad inicial, hasta que pude terminarla, aunque eso conllevara el atraso de una reunión improvisada de uno de mis jefes con mi compañera y conmigo. Tras la reunión, nos fuimos a comer hambrientos, ya que soprepasamos una hora el momento en el cual solemos ir a almorzar.

En la comida, compañeros de otros grupos y yo hablamos del fin de semana, de ligues pasados, presentes y futuros; y demás temas contrarios al análisis y experimentación científica, ya que el almuerzo supone una total desconexión, por lo que la discusión sobre trabajo quedó relegada a otro momento.

Acabó el almuerzo y, tras repetir una parte de mi tarea principal para reafirmar unos datos, me dirijí al cuarto donde llevo dos o tres semanas cultivando y conservando células en cultivo. Y cual es mi terrible sorpresa que las células están contaminadas. ¡No me lo podía creer! Llamé a mi compañera para que confirmara mi sospecha, y efectivamente; no tuvo ni que mirarlas por el microspcopio.

Ahora, cuando mañana mis jefes se enteren, empezaremos a cavilar, a ver qué cosas han podido pasar. Teniendo en cuenta que tanto la cabina de cultivos como la estufa no son nuestras, y sólo llevamos su control desde hace menos de un mes, las posibilidades se multiplican exponencialmente.

Sea cual sea la causa, resulta un poco angustioso realizar el mismo protocolo de mantenimiento, con las mismas recetas de medios de cultivo, en las mismas condiciones; para que, al final, se vaya todo al garete.

Pero bueno, ya mañana decidiremos qué hacer, y no vale la pena que gaste mas neuronas por hoy en estas cosas. Ahora sólo tengo que leerme un paper que mi compañera expondrá en la próxima reunión del grupo, así que me tumbaré en mi sofá, pondré el aire acondicionado un ratito y me le leeré el artículo con toda la tranquilidad y atención posible.

¿Cómo ha sido, entonces, mi lunes? ¿Este punto de partida de los próximos siete días? Pues no sé qué decirte. Ha habido de todo. Y mañana, mucho más…